Archivo de la categoría: Me pongo filosófica

Ya no somos niños

¿Es aceptable que un niño orine en la calle? Muchos dirán y se excusarán que es un niño, que es normal que no se pueda aguantar. Es responsabilidad de los padres que no tengan que poner a sus hijos a mear en la calle. ¿Y un adulto? Por esa regla de tres “tampoco se puede aguantar”.

La calle de debajo de mi casa huele a meados que te dan hasta arcadas cuando pasas caminando. Y además sabes perfectamente que no son orines de perro. Es un sitio con poca luz de noche, al resguardo de los coches aparcados y hay gente que prefiere mear ahí antes que en su casa.

Hay ciertos comportamientos que sigo sin entender su porqué, como éste, o escupir por la calle, o hurgarse los restos de comida con cualquier cosa que se tenga a mano, eructar en público… Hay actitudes que permitimos en niños y hay gente que cree que sigue siendo niño.

Padre al 100%

El otro día escuché en la radio la historia de un hombre homosexual el cual pagó a un vientre de alquiler en EE. UU. para tener un hijo (En España es una práctica ilegal). Cuando la entrevistadora le preguntó porqué se decidió a hacerlo su contestación me dejó fría: “No quería ser un padre al 50%, quería serlo al 100%”. Me pareció lo más egoísta que había escuchado en mucho tiempo. (A PARTIR DE AQUÍ ME REFERIRÉ A “PAREJA” COMO CUALQUIER UNIÓN FAMILIAR, HETEROSEXUAL U HOMOSEXUAL).

Me pareció una frase carente de sentimiento paternal y extremadamente frívola y materialista. Algo así como el sentimiento del niño al que le acaban de regalar una bicicleta y se alegra de no poder compartirla con su hermano o con amigos, porque sólo puede usarla uno al tiempo.

Soy una persona abierta y respetuosa, que antepone la condición de ser humano frente a las creencias religiosas, a la orientación sexual, al país de nacimiento o al aspecto físico. Pero quizá en este tema me considere más tradicional que otra cosa. Independientemente de la condición sexual de la pareja un padre/progenitor no puede decir esa frase.

El tener/adoptar hijos en una pareja de cualquier condición sexual es la muestra de amor y unión de esas dos personas. Si no, podríamos suplirlo con cualquier otra cosa, como una casa, un perro, unas vacaciones… ¿Es esta palabra un poco tonta o “pasada de moda”, la palabra amor? Pagar 100.000 euros por un vientre de alquiler me parece cualquier cosa pero no de una muestra de amor, ni de solidaridad ni de sentimiento paternal. Me parece comprar una vida. Su afirmación tenía un trasfondo de “si estoy con otra persona perderé mi condición de progenitor al 100%”.

No sé si esto se contradice con mi total apoyo a las adopciones por parte de parejas homosexuales o qué pero no me parece ni siquiera ético. La frase de ese hombre me hizo sentir mal. Su frase hizo parecer a las parejas con dos miembros que sólo se esfuerzan a la mitad porque el otro pone la otra mitad. Y eso no es cierto. Todos los padres se sienten al 100% padres, biológicos o no, y ambos se involucran también al 100%. Yo no soy madre pero soy hija. Y si alguno de mis padres fallece no me sentiré querida al 50%.

Y aunque no fuera un hombre homosexual esa frase no me gustó.

Esas celebraciones, reuniones familiares o de amigos que no tenemos porqué ir

  1. Bautizos/Comuniones. De verdad, no me invitéis a bautizos/comuniones de primos, ni de hijos de primos ni de conocidos. El niño/a no va a notar mi ausencia. Ya no es por el desembolso que supone comprarse un vestido medianamente bonito/barato ni el regalo del/a susodicho/a, si no que la celebración me toca los huevos. Y además, ¿por qué tomas decisiones por él? ¿Por qué no esperar a que él/ella sepa si se quiere bautizar? ¿Hasta qué punto la religión es un punto importante en tu vida para que se lo quieras inculcar a tu hijo/a? Y no me digas que vas a misa todos los domingos…
  2. Babyshower. Sí, la mariconada esta de reunirse las mismas borrachuzas de tu despedida de soltera, pero ahora, en vez de regalarte diademas con pollas con velo de novia, te regalan pañales y sonajeros.
  3. En la misma categoría entran las despedidas de soltera. Si ya me cabrean las bodas, las despedidas ni te cuento. Ahí está la novia con ese pollón en la cabeza, con un Martini en la mano y el rímel churretoso gritando: Chicasssss… sois las mejores…. De verrrgdad… soisss… guayssss.
  4. Bodas de parientes con los que no comparto ni un apellido. En esta categoría también entran las famosas bodas de “tengo que ir/tengo que invitarlos porque los padres de la novia invitaron a mis padres a su propia boda”. Es más, sin consultar ni nada, un día te llega la invitación a casa (porque tu madre le ha dado tu dirección). Y es fantástico ver cómo las cosas han cambiado. Ahora, al pie de página de la invitación ya no pone “se ruega confirmación”. Ahora ponen el número de cuenta corriente. Como diciendo: Nos da igual si vienes o no, pero ingresa aquí la pastuza.
  5. “Ir por quedar bien” o “para que te vean”. Anda, pásate por el hospital/tanatorio/funeral para que te vean, para que vean que has ido. La gente es hipócrita. Uno va a los funerales o tanatorios u hospitales por la persona en cuestión, no por los demás. Uno va a funerales por mostrar respeto al que se marchó. Es cierto que no lo va a ver, pero está en el corazón de cada uno los motivos por los que quieres estar en el último momento con alguien que significó algo en tu vida. Cuando alguien importante ya no está y sientes tristeza, el quedar bien no significa nada.

Cosas que me molestan vol. II

Este es el volumen II. No os perdáis el volumen I.

1. La gente que va con gafas de sol en el metro. Sólo aceptable en esos tramos de recorrido no underground.

2. Las marujas viejunas malpintadas, malvestidas, malpeinadas y que encima van de señoronas súper dignas mirando con amago de pulcritud a todo lo que se le acerca (también abundan en el metro).

3. Esos tíos que se creen que están buenos sólo por llevar una camiseta ajustada, luciendo un bíceps grasiento, un pecho grasiento y una generosa lorza.

4. Las chonis de barrio que se chillan entre ellas aún estando rodeadas de gente (qué infernal lugar puede llegar a ser el metro a veces…)

5. Las llamadas perdidas cómo petición para que llames tú. Sobre todo a partir de la tercera…

6. Las abreviaturas del archidivulgado idioma SMS. Al menos algunos textos me recuerdan a Kevin Spacey en K-Pax y me río un rato yo sola… Sobre todo cuando se ven en un medio que no es un móvil. Entiendo que en el teclado del móvil sea difícil, pero no en el del ordenador.

7. La gente que lleva tan sumamente caídos los pantalones que le caben hasta billetes sin doblar y a lo largo en la hucha:

a)    Familiarízate con el concepto cinturón.

b)    Cuando la cinturilla del pantalón se desliza desde la cintura hasta la mitad del glúteo arrastrando consigo la ropa interior y no lo sientes, es un síntoma bastante jodido de un problema en el sistema nervioso. Háztelo mirar.

c)    Si lo sientes y te da igual eres un guarro.

8. Las que nunca saben qué ponerse teniendo el armario lleno e invariablemente pasan por eso varias horas en cada ocasión para luego ir siempre igual. A mí que me lo expliquen…

9. Que te metan un bloque de publicidad más largo que un día sin pan a 5 minutos de que acabe el programa.

10. Los e-mails que empiezan por FW:, RE: FWWWWW:, REEEE. Que sepáis que los borro todos sin ni siquiera abrirlos, por mucho que me pongáis que es buenísimo con 27 íes.

11. Los precios acabados en ’99. Hace años que dejó de funcionar ese truco para bobos.

12. Los anuncios de detergente y demás sucedáneos de publicidad para chimpancés.

13. La mayoría de las películas recientes que parecen la hostia en el tráiler y luego son una puta basura. Dentro de poco tendrán que incluir una nueva categoría: ÓSCAR AL MEJOR TRAILER. Cómo hacer que un bodrio de campeonato parezca la película del año.

14. Que me agregue gente al FACEBOOK que no conozco.

15. Las monedas de 1, 2 y 5 céntimos de euro. Además, qué tendrán que dejan un pestuzo en las manos repugnante.

16. Que me quieran subir el alquiler del piso todos los años. Menuda forma de querer mantener al inquilino. Al final voy a ser la única gilipollas del barrio que paga más de 700€ por un piso de 55m² y 2 habitaciones, y todo por la subida anual. Me sale más a cuenta cambiar de piso cada año.

17. Las toallas que no secan.

18. Las esponjas que absorben el jabón en lugar de ayudar a aplicarlo haciendo espuma.

19. Que quieras incrementar mi interés por una película contándome “un poco” de qué va y al final me la destroces.

20. Los taxistas leeeeeentos, los que se hacen los sordos y/o los tontos y se “equivocan” de recorrido, los que llevan la SER o la retransmisión de algún partido que poco me importa a toda castaña en la radio y no se preocupan en bajarlo por si te molesta.

21. Los vigilantes de metro que se quedan mirando luciendo su placa de guarda jurado frustrado cómo una pobre señora no se apaña para entrar con el carrito del bebé por esas jodidas puertas que para más cojones ponen “apertura fácil” en las que más cuesta abrir.

22. Que se me venga encima la cortina de la ducha y se me pegue en el cuerpo.

23. Los piercings de bola de plástico blanca/negra en el lateral del labio. ¿No te das cuenta de que parece otro rebosante grano de pus en tu apubertada y desgraciada cara?

24. Que sigan llamando “humor inteligente” a todo paleto que se pone a hablar durante más de 6 minutos intentando parodiar la vida cotidiana rayando hasta lo excesivo la exageración como único recurso para sacar alguna sonrisa de vez en cuando.

25. No poder cambiar el PIN2 porque siga sin venir en la información de las tarjetas SIM y que siga existiendo cuando nunca ha servido para nada.

26. Los idiotas que se creen eso de: “3. Seleccionar todos tus amigos (importante: tienen que ser todos para que funcione)”. ¿Qué complejísimo programa crees que hay detrás de esas aplicaciones capaz de detectar si has invitado a toda tu gente o no para funcionar? Seguro que tú eras de los que te ibas detrás de los señores con gabardina y gafas de sol que te ofrecían caramelos en la puerta del colegio, eh tontorrón… (y de los que re-envían los e-mails a 15 personas en menos de 50 minutos para no morirse en los próximos 30 días)

27. El desfase de audio sobre la imagen en los capítulos y películas que me descargo de internet

Las leyes

Hay personas a las que les molestan las leyes. Hay personas que piensan que las leyes están para fastidiar. Nada más lejos: las leyes están para protegernos. Pero aún así algunos piensan que, por ejemplo, el hecho de que haya una señal de prohibido ir a más de 90, significa que “a mí me la sopla, voy a ir a 120, nadie me tiene que decir a cuánto debo ir con mi vehículo”. Si la carretera está estipulada a 90 es porque no reúne las condiciones para ir a más velocidad. Esto es un simple ejemplo.

 Hay gente que protesta por todo aquello que es beneficioso para el buen funcionamiento de la sociedad. Hay gente que no es capaz de mantener un buen comportamiento. Y que luego protesta incluso más cuando al no respetar esas normas de conducta, se ve sancionado; despotricando contra el estado, el gobierno y la madre que parió a todos ellos.

 El sentido común prima en muchas situaciones pero aún así parece ser que necesitamos carteles que nos recuerden que no se puede orinar en las piscinas, que no se debe robar el papel higiénico, que se debe dejar salir antes de entrar, que el último que llega es el último que entrará y que aunque tú quieras ir a 200 por hora hay gente que siente respeto ya no por su propia vida, sino por la de los demás.

Hay personas que estarían mejor viviendo entre animales, pero es que entre animales también hay leyes, todas en beneficio común de la supervivencia del grupo o manada.

Las leyes están para facilitarnos la convivencia. Hay gente a la que no le interesa estar a gusto con los demás.

Desahuciados

¿De quién es la culpa de que haya gente desahuciada, sin casa y encima teniendo que pagar la deuda de una casa que no tienen? Elija la correcta

a)      Del banco, vaya panda esos del banco, no tener ni un poco de misericordia.

b)      De la sociedad, es que estamos muy mal y ella es la culpable de todas las desgracias.

c)       De Zapatero, qué tío más feo y desgraciao.

Respuesta: Ninguna de las tres. La culpa es de ellos mismos.

Diréis, noooo, la culpa es del banco que les dio la hipoteca como si fuera regalada. Sí, pero… ¿alguien les puso a los futuros propietarios una pistola en la sien y los obligó?
Esto es como tantas muchas cosas de la vida: están ahí para usarlas y sacarles beneficio, pero nadie nos obliga. ¡La culpa es de las drogas! Ya, pero ¿quién se las toma? Ojo, no estoy defendiendo a los bancos ni trabajo para uno de ellos. Los bancos son todos unos mamones que se aprovechan del cliente, esa es su principal función, y los beneficios obtenidos son 80% comisiones e intereses (o más).

Los bancos viven de comisiones y de desgraciados como tú y como yo. Ese es su trabajo. Ellos te ofrecen diferentes productos, uno de ellos es una hipoteca a 40 años. Ahí va la pareja ilusionada, ganando mil eurillos cada uno de ellos. Van a pagar unos 800 euros al mes de hipoteca. El salario prácticamente de uno de ellos se va en la hipoteca, pero aún así, el banco también les dice: Anda, cambiaros de coche, que también os lo ponemos fácil. Y ella se queda embarazada. Después de tener al bebé y de incorporarse a su puesto de trabajo, a ella la despiden.

¡Qué malos los tíos del banco! ¿Cómo pueden dormir sabiendo lo que está pasando esta familia? ¿De qué van a comer? ¿De qué van a vivir? ¿Cómo van a pagar las facturas?

Mirad, yo siempre digo que los errores, cada uno que pague los suyos. El banco, por muchas cosas que te ofreciera, no te obligó, la culpa no es del banco, asumámoslo. Estaba en tus manos el estudiar las posibilidades, pero claro, te ponen la miel en los labios, ¡todo facilidades! Realmente no pensaron los pros y los contras de todo esto. No, dirán algunos, lo bueno de la compra de una vivienda es que cada mes que pasa es un poquito más tuya. Los que viven de alquiler, cuando llegan a casa de trabajar y ponen un pie dentro, también están en SU casa. El que deja de pagar la hipoteca durante un mes, lo echan. Anda, al de alquiler también. O sea, que las similitudes aparecen cuando las cosas van mal. ¿Nadie pensó cuando las cosas se pusieran feas? El alquiler, al igual que la hipoteca, son negociables y en ningún momento nadie nos obliga. ¿Qué culpa tengo yo de que vendan drogas en la calle, o CDs piratas, o perfumes robados? Ninguna, pero tengo la elección de comprar o no comprar. Sé que está mal, que han robado en un comercio para luego hacer su negocio, que le han robado las ideas a ese artistas con ese CD, que las drogas que venden vienen de una plantación en el culo del mundo que la recogen niños. El mundo está lleno decisiones y está en nuestras manos. Sé que me veré ahogada por una hipoteca, la cual, si todo va bien y de esto no estoy muy segura, terminaré de pagar con 70 años. En esta vida pocas veces nos obligan a hacer las cosas, excepto cuando eres niño y te toca recoger la mesa. Cuando eres adulto decides qué carrera escoger, con quien salir, qué coche comprarte, si casarte o no, si endeudarte de por vida o no.

Las corridas de toros

Se ha debatido mucho sobre las corridas de toros. ¿Es una “fiesta nacional”? ¿Esa fiesta representa a todos los españoles? ¿Hasta qué punto donde muere un animal (u hombre) debe considerarse representativo de un país? ¿Quién sale ganando con todo esto? ¿Por qué se abolió el arrojar una cabra por un campanario y no esto?

La Comunidad de Madrid ha insistido especialmente en mantener esta costumbre. ¿Estoy de acuerdo con que se mantenga la fiesta nacional? Por supuesto que no estoy de acuerdo en torturar un animal. El espíritu del toreo se puede seguir manteniendo sin matar a ningún animal, ni hacer sufrir a ningún otro (el caballo del picador, por ejemplo), y por supuesto, si herir ni matar a ningún hombre.

Tanto asco me da ver a un toro vomitar sangre como ver a un torero empitonado en su ojo. La misma sensación, pero más misericordia siento por el animal que, al fin y al cabo, no eligió entrar ahí. Pena ninguna por el torero herido o muerto, al fin y al cabo son gajes del oficio, accidente laboral, como obrero que cae del andamio.

No podría llegar a comprender a una persona que tuviera aprecio por su mascota, perro, gato, lo que sea, y luego disfrutara viendo como matan a un toro. ¿Por qué es arte ver a un toro morir y no ver a un perro desangrado hasta la muerte? Me pregunto si los que asisten a corridas de toros tienen mascotas. ¿Acaso hay categorías de animales? ¿De primera, de segunda…?

Mucha gente defiende la raza del toro de lidia como la raza criada especialmente para el toreo, y que sin esta crianza controlada se extinguiría. Con esta crianza lo que se hace es seleccionar ejemplares con puros fines comerciales, destinados la mayoría de ellos, a espectáculos taurinos. Hay de hecho todo un vocabulario muy extenso para designar las características de un buen toro de lidia. ¿Y todo para qué? Para acabar viendo al animal tambaleándose en la arena, cubierto de heridas y sangre, vomitando sangre. ¡Eso sí que es arte! En general no soy melindrosa, no me repugna la mierda, ni las cucarachas, ni los mocos, ni las ratas, ni siquiera el fútbol. Pero me da asco la sangre, y cuando cae en tierra más. Que sea de toro, o de abogado matrimonialista da igual, a mí me da asco. Es un asco bastante metafísico, como si me negara a admitir que lo que está vivo deba “vaciarse” así, tan alegremente y cobrando entrada. Quizás sea una delicadeza excesiva por mi parte… o una brutalidad exagerada la de los demás, vete a saber. En fin, yo comprendo que mis repugnancias hematológicas le importen poco a cierta gente. Imagino que la visión de un cuerpo desmembrado no tiene belleza para un caníbal.

Su muerte es indigna, violenta y humillante. Como un hombre que van a ejecutar frente a un pelotón de fusilamiento: el que está de espaldas al paredón no tiene ninguna posibilidad de salir vivo. Ninguna. Va a morir y punto. De alguna forma, incluso, el fusilamiento es mucho más razonable en términos de sufrimiento que la lidia de toros. Hay cierta piedad en el hecho de vendar los ojos a un reo. De permitirle, incluso, un último pitillo, unas últimas palabras… Pero al toro no: al toro se lo mata brutalmente sin que ni siquiera él tenga conciencia de lo que le sucede. Un reo condenado a muerte tiene más dignidad.

Cuando yo vea a un torero (o incluso dos, para equilibrar peso, mira) irse a matar al toro con un puñal, sin picas, sin banderillas, sin aligerar de peso, sin burladeros, sin monosabios y sin cuadrillas que lo alejen cuando sea corneado (porque, lo cornee o no, al toro lo van a matar igual), me creeré cualquier argumento que me den los taurinos en favor de la (ja) “fiesta”.

El hecho de que el toro sea un animal no convierte su sufrimiento en tolerable para nosotros. Hace unos días salió este vídeo de un juez americano azotando a su hija adolescente, por cierto, una niña con cierta discapacidad, porque estaba viendo vídeos en internet (vete a saber qué le habría hecho de ser “peor”). No he sido capaz de ver más a allá del minuto y medio. Los alaridos de la niña ponen los pelos de punta. Os animo a verlo, o por lo menos a intentarlo. Os preguntaréis que tiene que ver una cosa con la otra. Bueno, para mi es exactamente igual. La única diferencia es la entrada.

https://i0.wp.com/www.deportespain.com/wp-content/uploads/2010/04/toros_favelis1.gif