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Ya no somos niños

¿Es aceptable que un niño orine en la calle? Muchos dirán y se excusarán que es un niño, que es normal que no se pueda aguantar. Es responsabilidad de los padres que no tengan que poner a sus hijos a mear en la calle. ¿Y un adulto? Por esa regla de tres “tampoco se puede aguantar”.

La calle de debajo de mi casa huele a meados que te dan hasta arcadas cuando pasas caminando. Y además sabes perfectamente que no son orines de perro. Es un sitio con poca luz de noche, al resguardo de los coches aparcados y hay gente que prefiere mear ahí antes que en su casa.

Hay ciertos comportamientos que sigo sin entender su porqué, como éste, o escupir por la calle, o hurgarse los restos de comida con cualquier cosa que se tenga a mano, eructar en público… Hay actitudes que permitimos en niños y hay gente que cree que sigue siendo niño.

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Los niños y los modales

Cuando era pequeña, y creo que a como todos los niños nos ha pasado, era aburrido salir con nuestros padres cuando iban a ver a otros adultos, ya fueran familiares o amigos. Hablaban de sus cosas, de sus chistes y bromas que no entendíamos, se fumaban sus cigarrillos o jugaban a las cartas. Y afortunado/a eras si tenías hermanos o allí había primos o niños de tu edad. Te acercabas sigilosamente al oído de tu madre y susurrabas: Mamá, ¿cuándo nos vamos? Y ella, sabiendo que no era cierto, te soltaba un: En cinco minutos, cariño. Ya terminamos.

Allí pasabas la tarde entera con instrucciones muy claras: NO MOLESTES. Eran normas de tus padres y había que cumplirlas.

Ahora vas a cualquier sitio y encuentras niños dando por culo por todas partes. No se libra ni un solo sitio: ni el cine, ni el restaurante, ni el avión, ni cualquier tienda… en todas partes tiene que haber un mocoso berreando. Y lo que es peor… padres totalmente carentes de autoridad pasando absolutamente de todo. No estoy hablando de bebés, que, evidentemente no se les pueden dar órdenes e inculcar una educación de reglas muy básicas. Hablo de niños de colegio totalmente asalvajados. Pero como digo, aquí la culpa no es de los niños.

Ejemplo muy sencillo. Vas a un restaurante un sábado por la noche, de cierta categoría a celebrar lo que quieras con tu pareja o amigos. No hablamos de un burguer donde es evidente que pueda haber niños. En la mesa de al lado se sientan dos matrimonios con dos o tres niños, sean del sexo que sean, de unos 4 ó 5 años. Los padres están a su bola y los niños… a la suya, o lo que es lo mismo, dando por culo a todos los comensales. Gritando, jugando con los cubiertos, levantándose de la mesa, metiéndose debajo… Comer no comen, pero joden que da gusto. Como anécdota os diré que a alguien se le ocurrió acercarse a la mesa y pedir, por favor, que dijeran algo a los niños. Uno de los padres, ni corto ni perezoso, dijo que estaba incluido en el precio. A lo que el molestado le reprendió: Ese precio lo habrá pagado usted, pero no los demás. Y visto que no le hicieron ni puto caso, pagó la cuenta y se marchó. Si el camarero o maître hubiera llamado la atención a los padres lo mismo se hubieran sentido ofendidos pero hubiera sido una buena nota de atención. Si yo hubiera sido ese maître les hubiera dicho un par de palabrejas.

Hay que soportar las pataditas en el asiento del avión, los “¡mamá, mira!” constantes (la madre ni puto caso, claro), los lloros porque la comida del restaurante no les gusta, los correteos incesantes entre probadores y parabanes.

Muchas veces cuando salgo por ahí y me preguntan dónde me quiero sentar me dan ganas de decir: Donde no haya niños.

Hace unos meses estuve de vacaciones en Tenerife y fui a dar a un guiri-hotel. El 90% del los ocupantes era extranjero, personal incluido. Vi a los niños extranjeros comportándose correctamente, como adultos, caminando en orden por el restaurante-buffet, sin alzar la voz… Había un niño de un año más o menos sentado en esas tronas que les ponen a los niños para que alcancen a la mesa, usando su propia cuchara y comiendo su papilla, y los padres tranquilamente charlando mientras desayunaban. En cuanto oías gritos sabías perfectamente que al mirar ibas a encontrarte a una pareja española con dos criajos metiendo berridos. Entre padres e hijos oías “please”, “thank you”… ¿Cuándo habéis oído a un niño pedir a su padre que le pase un tenedor “por favor”?

¿Se les inculca a los niños de hoy que hay que tratar de usted a los adultos? ¿Decir buenos días o saludar cuando se entra en un sitio y hay más gente? ¿Que hay que pedir permiso para entrar en una habitación? ¿Que hay que pedir por favor cualquier cosa que genere una molestia a los demás? A veces dudo de que los padres lo sepan. Sugeriría ciertas pruebas psicológicas antes de ponerse a procrear y dar un carnet de “habilitado para la procreación”. Porque visto lo visto hasta el momento he perdido toda fe en que un día un niño, mientras hable con su amiguito, le diga a su padre mientras éste los interrumpe: Disculpa, estamos hablando los menores.

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Cosas que me molestan

Este es el volumen I. No os perdáis el volumen II.

1. La gente que llega tarde a todas partes. Seguro que tenéis a alguien que sea el evento que sea, llega tarde, por importante que sea. Lo mismo llega tarde a su funeral

2. Gente que tiene excusas para todo, y se creen que sirven para disculparse, en vez de aceptar los errores

3. La gente que no se ducha y, en general, que huele mal

4. Los empujones en las aglomeraciones

5. La falta de educación y de respeto hacia el prójimo

6. Los que odian y maltratan a los animales. A mi tampoco me hacen gracia las serpientes ni iguanas, pero no por eso las voy a matar

7. Los que van de sobraos (ya me entendéis)

8. Los que no saludan

9. Los que se creen mejor que nadie por tener más dinero

10. Los que piden favores al todo el mundo y de todas clases: ayúdame, déjame pasta, llévame, tráeme… ya sea en el trabajo, con los amigos, en la familia… y así sobreviven

11. Los que identifican sus creencias políticas con su personalidad o manera de ser y encima te llevan la camiseta del Che Guevara (por poner un ejemplo)

12. Los que van de víctimas por el mundo y no hacen más que quejarse en vez de poner soluciones. Es que no tengo trabajo y todo me va fatal, ya, pero… ¿has buscado trabajo?

13. Los que siguen modas simplemente para sentirse integrados. Me compro un Iphone porque todo el mundo lo lleva, y claro, no voy a ser el último pardillo en tenerlo

14. Los que necesitan sentirse dentro de un grupo social para tener personalidad (pijos, heavies, raperos, góticos…)

15. Los gilipollas integrales. Y de estos conozco a más de uno. Vosotros también.

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Ser humano

“Si el ser humano es bueno por naturaleza y es corrompido por la influencia nefasta de la sociedad, el ideal de toda educación será intentar mantener a los jóvenes lejos de las influencias que puedan deformarlo y hacer madurar, de forma natural, las buenas disposiciones que, por principio, residen en todos los seres humanos”. Jean-JacquesRousseau.

Qué fantástico sería que este pequeño texto de Rousseau se llevara a cabo. Es decir, nacer y crecer sin influencias ni prejuicios de ningún tipo, tabula rasa, y formar por nosotros mismos nuestro pensamiento, nuestras creencias… Porque según Rousseau, el ser humano es bueno por naturaleza, la bondad está en todos nosotros, pero es la sociedad la que nos corrompe.

¿Deberíamos alejarnos, cual ermitaño, y vivir alejados de todo contacto humano? Mmm… tampoco es eso, porque el ser humano es un ser social y necesita del contacto de otra gente. Es, al fin y al cabo, lo que nos diferencia de los animales.

Toda esta parrafada filosófica viene a cuento de la siguiente anécdota que me pasó hace unos días.

Estaba cruzando la calle por el paso de peatones, y en medio de la calzada, el semáforo se puso a parpadear, por lo que aligeré el paso. Aun y con eso un taxista, que por cierto iba sin pasajero, me pasó por detrás y me llamó puta.

!?!?!?!?!?!

Y yo, ni corta ni perezosa, le enseñé el precioso anillo que llevo en el dedo corazón de la mano derecha.

¿Todo esto a qué viene? ¿Acaso el conductor no es más tiempo peatón que conductor? ¿Por qué me insultó? ¿Qué gana con eso? Rousseau tío, yo no sé como sería la peña en el siglo XVIII, pero desde luego la de ahora va de puto culo. Ya no me remito al gamberrismo televisivo que nos acosa día y noche, simplemente con salir a la calle, coger el autobús, ir al supermercado, el metro… ya no se oyen “por favor”, “gracias”, “buenos días”…

Un pequeño inciso. En España se conduce por la derecha. Lo normal sería que en una acera, estrecha supongamos, por donde la gente va caminando hubiera dos sentidos, y lo normal sería que circuláramos por la derecha, para no interrumpir el paso. Pues hay gente que no sólo es que no circule por la derecha, sino que le va más el sentido zig-zag o también llamado “pato mareao”.

Por no hablar de cuando te cruzas con algún vecino en la escalera que viene con acompañante. ¿No sería más educado pasar por la escalera de uno en uno?

Y es por eso, cuando llega un momento que me canso de ser la pardilla de turno, de ser yo siempre la que cedo el paso, la que se retira para que pasen los demás, la que pregunta si se puede abrir la ventana, la de “disculpe”… No encuentro otra solución más que unirme al atajo de ganado que circula por nuestras calles, que viaja en nuestros autobuses o en el metro, con la testuz cabizbaja, para evitar cualquier mirada o reproche.

Nuestros derechos terminan, donde comienzan los derechos de los demás. Si no sabemos donde está ese límite, mal podemos ejercer los derechos que nos asisten. Esto se está pareciendo cada vez más a EE. UU., que no sabemos dónde está Cuenca, pero cuidado que a alguien se le ocurra quitarnos el asiento libre en el metro.

 

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