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Los niños y los modales

Cuando era pequeña, y creo que a como todos los niños nos ha pasado, era aburrido salir con nuestros padres cuando iban a ver a otros adultos, ya fueran familiares o amigos. Hablaban de sus cosas, de sus chistes y bromas que no entendíamos, se fumaban sus cigarrillos o jugaban a las cartas. Y afortunado/a eras si tenías hermanos o allí había primos o niños de tu edad. Te acercabas sigilosamente al oído de tu madre y susurrabas: Mamá, ¿cuándo nos vamos? Y ella, sabiendo que no era cierto, te soltaba un: En cinco minutos, cariño. Ya terminamos.

Allí pasabas la tarde entera con instrucciones muy claras: NO MOLESTES. Eran normas de tus padres y había que cumplirlas.

Ahora vas a cualquier sitio y encuentras niños dando por culo por todas partes. No se libra ni un solo sitio: ni el cine, ni el restaurante, ni el avión, ni cualquier tienda… en todas partes tiene que haber un mocoso berreando. Y lo que es peor… padres totalmente carentes de autoridad pasando absolutamente de todo. No estoy hablando de bebés, que, evidentemente no se les pueden dar órdenes e inculcar una educación de reglas muy básicas. Hablo de niños de colegio totalmente asalvajados. Pero como digo, aquí la culpa no es de los niños.

Ejemplo muy sencillo. Vas a un restaurante un sábado por la noche, de cierta categoría a celebrar lo que quieras con tu pareja o amigos. No hablamos de un burguer donde es evidente que pueda haber niños. En la mesa de al lado se sientan dos matrimonios con dos o tres niños, sean del sexo que sean, de unos 4 ó 5 años. Los padres están a su bola y los niños… a la suya, o lo que es lo mismo, dando por culo a todos los comensales. Gritando, jugando con los cubiertos, levantándose de la mesa, metiéndose debajo… Comer no comen, pero joden que da gusto. Como anécdota os diré que a alguien se le ocurrió acercarse a la mesa y pedir, por favor, que dijeran algo a los niños. Uno de los padres, ni corto ni perezoso, dijo que estaba incluido en el precio. A lo que el molestado le reprendió: Ese precio lo habrá pagado usted, pero no los demás. Y visto que no le hicieron ni puto caso, pagó la cuenta y se marchó. Si el camarero o maître hubiera llamado la atención a los padres lo mismo se hubieran sentido ofendidos pero hubiera sido una buena nota de atención. Si yo hubiera sido ese maître les hubiera dicho un par de palabrejas.

Hay que soportar las pataditas en el asiento del avión, los “¡mamá, mira!” constantes (la madre ni puto caso, claro), los lloros porque la comida del restaurante no les gusta, los correteos incesantes entre probadores y parabanes.

Muchas veces cuando salgo por ahí y me preguntan dónde me quiero sentar me dan ganas de decir: Donde no haya niños.

Hace unos meses estuve de vacaciones en Tenerife y fui a dar a un guiri-hotel. El 90% del los ocupantes era extranjero, personal incluido. Vi a los niños extranjeros comportándose correctamente, como adultos, caminando en orden por el restaurante-buffet, sin alzar la voz… Había un niño de un año más o menos sentado en esas tronas que les ponen a los niños para que alcancen a la mesa, usando su propia cuchara y comiendo su papilla, y los padres tranquilamente charlando mientras desayunaban. En cuanto oías gritos sabías perfectamente que al mirar ibas a encontrarte a una pareja española con dos criajos metiendo berridos. Entre padres e hijos oías “please”, “thank you”… ¿Cuándo habéis oído a un niño pedir a su padre que le pase un tenedor “por favor”?

¿Se les inculca a los niños de hoy que hay que tratar de usted a los adultos? ¿Decir buenos días o saludar cuando se entra en un sitio y hay más gente? ¿Que hay que pedir permiso para entrar en una habitación? ¿Que hay que pedir por favor cualquier cosa que genere una molestia a los demás? A veces dudo de que los padres lo sepan. Sugeriría ciertas pruebas psicológicas antes de ponerse a procrear y dar un carnet de “habilitado para la procreación”. Porque visto lo visto hasta el momento he perdido toda fe en que un día un niño, mientras hable con su amiguito, le diga a su padre mientras éste los interrumpe: Disculpa, estamos hablando los menores.

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Curiosidades sobre el juego del escondite

Como todos sabemos el escondite es un juego donde los participantes deben esconderse en los alrededores detrás de objetos, coches, etc… y deben ser encontrados por un “buscador” o varios “buscadores”. Hay famosos jugadores del escondite como Osama bin Laden, Carmen Sandiego o también Wally.

Estas son las particularidades generales del escondite, pero ahora vamos con las diferencias y variaciones de este juego. Hay una variante llamada “el juego de la sardina”, donde una persona se esconde y el resto de los jugadores se esconde con él. La última persona que quede y que no haya sido capaz de encontrarlos a todos, es el que pierde.

Otra se llama “el asesino sangriento”, con las mismas reglas que los de la sardina, pero en este caso cuando la única persona que se esconde es encontrada, el que buscaba grita “asesino sangriento” (bloody murder en inglés) y todos los demás jugadores corren hacia el campo base. La última persona que llegue es el perdedor y es el siguiente en “ligarla”.

Otra variante se llama “Yaki 123”. Se establece un campo base o una “casa” que el que la liga tiene que guardar pero también buscar a los demás. Los que se esconden tienen que llegar a la casa, tanto si los ven como si no, y llegar corriendo antes que llegue el que la liga y gritar “Yaki 123”. Los que se escondieron y ganaron tienen que estar cerca de la casa hasta el final del juego, pero también pueden ayudar a
los otros distrayendo.

En España uno la liga y debe encontrar a los que se esconden, y basta con verlos y gritar su nombre, entonces el que se esconde debe salir y dejar de jugar y esperar hasta que finalice el juego. Los que se esconden deben alcanzar la “casa” que se establece previamente, y gritar “por mi”, quedando liberado. Si es el último que queda puede gritar “por mi, por mis compañeros y por mi el primero”. Salvando así a los demás jugadores y obligando al que la ligaba en este turno, a hacerlo de nuevo.