Generaciones

Yo sé que los de mi generación hemos experimentado tres cosas que van a evitar que prosperemos en la vida. Y a qué generación pertenezco, os preguntaréis. Pues he nacido entre lo que llaman Generación X y Generación Y. En la Generación X, aunque no existe un rango universal con fechas exactas, se suele incluir a las personas nacidas en los años 60 y hasta principios de los 80. No hay precisión tampoco respecto a las fechas de inicio y fin de la Generación Y. Los demógrafos suelen utilizar los primeros años de la década de 1980 como años de inicio y de mediados de la década de 1990 a principios de la de 2000 como años de finalización. Aunque el rango más considerado por muchos es desde 1986 hasta 1999. El término millennial se acuñó en 1987, en un momento en que los niños nacidos en 1982 iniciaban la educación preescolar y los medios de comunicación identificaron por primera vez su posible vínculo con el inminente nuevo milenio como la clase que finalizaría la educación secundaria en el año 2000. He nacido en 1982, por lo tanto digamos, que debido a la inexactitud de comienzo y fin de estas generaciones, estoy entre el final de una generación y el comienzo de otra, así que considero que tengo características de ambas.

Por ejemplo, viví la llegada del CD, el PC de escritorio, el pinball, el walkman, el fin de los casetes y videocasetes y el nacimiento de Internet. El boom del messenger, las salas de chat, la creación del CV digital, el pirateo y descargas ilegales a través de programas de dudosa procedencia. Y también viví la llegada del teléfono móvil de manera masiva a manos del ciudadano de a pie. Se acabó ir a la biblioteca a fotocopiar libros para documentarte. ¿Quieres aprender idiomas? Chatea con uno en la otra punta del mundo, eso sí, no mucho tiempo que hay que usar la línea fija de casa. He ido viviendo revolución tras revolución sin apenas darme cuenta. He cambiado mi forma de comunicarme, relacionarme con otros, de comprar, de buscar trabajo…

Pero aún no he llegado a mencionar esas tres revoluciones que van a evitar que los de mi generación, y en particular yo misma, prosperemos en la vida.

1.- Las ETTs, o lo que es lo mismo, el cáncer del sistema laboral. Entre 1993 y 1996, entre la finalización del gobierno de Felipe González y la entrada del gobierno de José María Aznar se gestó esta abominación que vienen siendo las empresas de trabajo temporal, o lo que es lo mismo, las agencias retribuidas de colocación que definían a toda persona, sociedad, institución, oficina u otra organización que sirviera de intermediario. Imaginaos la siguiente situación. Una empresa cuya empleada va a iniciar una baja maternal necesita cubrir esa plaza y que alguien siga manteniendo las tareas que ha venido haciendo. Obviamente esa persona tiene intenciones de reincorporarse a su puesto una vez finalizada su baja. ¿Qué se hace? Se llama a una empresa de trabajo temporal que se encarga de buscar al candidato, entrevistarlo, firmar el contrato con él y pagarle el salario. Se puede decir que para la empresa que necesita cubrir el puesto son todo facilidades, ¡no tiene que hacer absolutamente nada! Bien distinta es la situación en la que se encuentra el trabajador, pues como se suele decir, tiene que bailarle el agua a dos empresas. Con una tiene que dar la cara y representarla como si de un empleado de plantilla se tratara, solo cuando todo vaya bien. Porque cuando haya algún problema a quien debe recurrir es a la otra, a quien le paga. ¿Cómo que estás haciendo una hora de más todos los días? Pues dile a la empresa cliente que te lo ponga en tu parte de horas. Porque no te das cuenta de las horas que trabajas hasta que ves que por cada hora te van a pagar 5’75 euros… brutos. Cuando llega el final de la baja maternal, lo lógico sería que la trabajadora recuperara su puesto y funciones y aquí paz y después gloria. Pero no, resulta que la trabajadora, debido a la nueva adquisición en su familia, se incorpora con una reducción de jornada. Y a la persona que la sustituye se le ofrece también el puesto a media jornada, complementario de la trabajadora titular. ¿Por cuánto tiempo? Imposible de saber. ¿Hasta el fin de los tiempos? ¿Qué hace esa trabajadora sustituta? Buscarse otro empleo (no es que haya dejado de hacerlo en ningún momento) que por lo menos cubra la jornada completa.

Para quien no lo sepa en los salarios que se reciben de las ETTs está incluido todo. Es decir, el día que finaliza tu contrato te pagarán lo trabajado hasta el momento. Están incluidas las vacaciones y las pagas extras. Por lo que, si se te ocurriera caer enferma, tendrían que descontarte del salario los días no trabajados. Es lo que viene siendo un jornalero. Y es más, si tu baja se alargara más de lo que la empresa cliente pudiera aguantar sin ti, la ETT está obligada a proporcionarle otro candidato para sustituirte. Un sustituto para el sustituto, ¡lo nunca visto! He trabajado para bastantes ETTs y el principal problema para la trabajadora, a parte obviamente de precario salario y las condiciones, es la relación que se genera con la empresa a la que le prestas servicios. No estás incluida en la toma de decisiones, no se cuenta contigo para nada, simplemente te dejas llevar por la corriente. Como anécdota os contaré lo siguiente. Un verano me contrató una ETT para sustituir a una persona que se iba de vacaciones un mes. Y en febrero del año siguiente contactaron nuevamente con la ETT para ver si yo estaba disponible para esta vez una posición que no era de sustitución, sino de soporte a otro departamento, algo más estable. ¿Por qué la empresa no contactó conmigo personalmente? ¿Por qué recurrieron a la ETT? ¿Por qué pagar por un empleado 3 veces más a través de una ETT que contratándolo directamente, sin intermediarios? La vuelta a esta empresa fue como si no me hubiera ido. Todo el mundo me dio la bienvenida, se alegraron de mi vuelta, abrazos… Ojo, todo un sentimiento falso de pertenencia a un grupo que solo te ve como “servicios” cuando llega la factura de la ETT con las horas de tu trabajo. Así es, mi trabajo viene cotizado en una factura. Se acercan las navidades y el negocio ha ido muy bien. Se celebra una fiesta para celebrar el no sé cuántos aniversario de la marca en España, a la que sorpresivamente me invitan, y en ella se comunica que en navidades nos vamos a París, a la sede central de la empresa. Nos van a pagar un fin de semana en París con el billete de avión, la estancia en el hotel y la cena, y tendremos la oportunidad de conocer a los compañeros de otras sedes con las que trabajamos en la distancia todos los días. En unos días nos llegará un email para confirmar nuestra asistencia. Ingenua de mi, a una semana de la fiesta, le dije a mi supervisora que no me había llegado el mensaje. A lo que me contestó que lógicamente yo no estaba invitada, que no pertenecía a la empresa. ¿Cómo que no pertenezco a la empresa? Llevo aquí 10 meses, me habéis invitado a la fiesta donde me habéis dicho que estamos invitados, tengo que llevar un uniforme con vuestro logo y colores, tengo que responder al teléfono con el saludo corporativo, tengo que dar la cara por vosotros y responder a clientes insatisfechos. ¿No soy de la empresa? Pues por 5’75 euros (brutos) la hora, no.

Las empresas se aprovechan de la existencia de estas contrataciones por ETT para no hacer jamás indefinido a un empleado. ¿Les da miedo el vínculo que se pueda crear? ¿No te apetecería más tener a un empleado competente que realice sus tareas con eficacia y bien remunerado e integrado en un equipo de trabajo que estar constantemente enseñando a una persona distinta cada X tiempo?
2.- La burbuja inmobiliaria, otro cáncer, o lo que es lo mismo, cuando a alguien se le ocurrió pensar que si ponía a la venta su piso a 2 euros, ¿por qué no lo iba a poner a 6, a ver si venía algún imbécil y lo compraba? Y lo que es peor. Cuando a este tándem se unieron los bancos y repartieron hipotecas a mindundis mileruristas a diestro y siniestro a 40 años por pisos de 270.000 euros cuando no llegaban ni a 90.000. Ahí va la pareja ilusionada, ganando mil eurillos cada uno de ellos. Van a pagar unos 800 euros al mes de hipoteca. El salario prácticamente de uno de ellos se va en la hipoteca, pero aún así, el banco también les dice: Anda, cambiaros de coche. Y ella se queda embarazada. Después de tener al bebé y de incorporarse a su puesto de trabajo, a ella la despiden. En unos meses no podrán hacerse cargo del pago mensual. ¡Qué malos los tíos del banco! ¿Cómo pueden dormir sabiendo lo que está pasando esta familia? ¿De qué van a comer? ¿De qué van a vivir? ¿Cómo van a pagar las facturas? Los bancos viven de comisiones y de desgraciados como tú y como yo. Ese es su trabajo. ¿Qué os parecería una asignatura de “economía básica” en el colegio? Mi pareja y yo, hace unos meses decidimos comprarnos una casa, o por lo menos intentarlo, porque ambos habíamos alcanzado cierta estabilidad laboral. Fuimos a la inmobiliaria, fuimos al banco y hablamos con todas las partes interesadas. Resulta que hay que pagar en efectivo más o menos el 30% del valor de la vivienda. Llevo trabajando 18 años en las condiciones descritas en el punto nº1. ¿Cuánto es el 30% de nada?
3.- Y por si fuera poco, después de haber estado sufriendo en esta vida con trabajos de mierda y en casas de alquiler de mierda, dudo mucho que vaya a cobrar una pensión. Así que solo rezo para que mis padres me dejen algo en herencia, unas migajas, para tener un techo donde caerme muerta. Sé que si me quedo sin empleo, tendré un techo. Os cuento que a finales de los 70 mi padre ganaba, pasado a euros, 72 euros y mi madre 48. Se compraron un piso que costaba, en euros, 7.212 euros. Lo pagaron en 10 años. En ese lapso de tiempo tuvieron 2 hijos, en colegio privado hasta empezar la secundaria. Mi padre, camarero, mi madre, asistenta del hogar (más tarde ama de casa sin ingresos). Mi padre echaba 14 horas sirviendo mesas, libraba un solo día a la semana, el restaurante donde trabajaba iba tan bien que cerraban un mes y medio al año de vacaciones pagadas para todos los empleados. Hemos tenido siempre coche (modestos, nada extravagante), nada pagado a plazos (excepto la casa), vacaciones en la playa, sin lujos, lo que se dicen vacaciones familiares, pero eso sí, a todo tren: comidas fuera, papacompramé… Sin marcas ni gilipolleces, pero se vivía de puta madre. Con el salario de una sola persona salió adelante una familia de cuatro miembros.

Y ahora no te puedes independizar si no es compartiendo piso con otros cuatro borregos como tú, peleándoos por las baldas de la nevera y el cajón del congelador. Discutiendo por a quién le toca limpiar el baño. Ahora toca la mediocridad, aguantar hasta los 40 en casa de mamá y papá, con tu título de no sé qué cogiendo polvo entre las estanterías con los libros de Barco de Vapor de cuando eras niño.

Ahora, aun trabajando, somos pobres.

 

4.- Ahora en el nº 4, recientemente, he colocado al coronavirus, pero podría haber sido cualquier crisis, llamadlo como queráis. Porque en tiempos de crisis los empleados vemos con una claridad absolutamente prístina cómo nos tratan las empresas que nos tienen en nómina y cuál es realmente el compromiso de éstas con su plantilla. Ahora más que nunca quedará en evidencia las deslealtades de la empresas hacia sus trabajadores. Jamás España había experimentado una situación como esta. El empresariado español es muy cortoplacista, quieren ver beneficios muy rápido. Quieren montar una empresa y rápido ponerse los primeros de la lista y montarse en el dólar. Y para que eso pase con cierta rapidez hay que explotar de cierta manera a los trabajadores: echar más horas, apretar las tuercas… Es decir, dar más allá del 100%. Ahora más que nunca se descubrirán los trapos sucios que usan las empresas para estar donde están.

 

Hay mucha diferencia social, cultural y sobre todo generacional en cómo se ve la educación de los jóvenes actual comparada con la que tuvieron mis padres.

 

Mis padres vienen de entornos rurales donde la asistencia al colegio estaba mezclada con trabajos en el campo. Donde a veces había que faltar a clase para poder sacar algo de dinero de comer. Donde a las 3 de la tarde entraba tu padre en clase y te sacaba de la oreja, que se acabó, que había que ir a segar. Donde apenas había tiempo para jugar porque tenías que ocuparte, con apenas 7 años, de limpiar, cocinar, cuidar a tus hermanos y lavar ropa. Y no lavar ropa en una lavadora, sino en el río, donde había que romper con piedras el hielo para poder usar el agua. Parece que estoy hablando de la posguerra o algo así, pero mis padres nacieron a mediados de los años 50. Donde mi abuela materna se casó estando embarazada de 7 meses de mi madre y el sacerdote tuvo que mencionar, en una ceremonia prácticamente clandestina, que ese era un hijo del pecado, concebido fuera del matrimonio, cosa que la persiguió durante su vida en el pueblo y el sacerdote no dudaba en recodárselo a cada momento que la viera. No había Reyes, ni Papá Noel, todo se compartía, la ropa se heredaba, se remendaba y se volvía a usar hasta que no quedaba tela. Ese era el mejor regalo que podías recibir: unos pantalones “nuevos”. Mi madre me cuenta que uno de los regalos de Reyes que recuerda fueron unas naranjas y un bote de Nocilla, que obviamente compartió con sus 5 hermanos. ¿No es triste? Esta es una pequeña introducción para que os hagáis una idea de que con solo una generación de por medio, las diferencias son abismales entre la vida que han llevado mis padres y la que estoy llevando yo. Los castigos físicos eran habituales. Si hacías algo mal el maestro te pegaba, y luego llegabas a casa y en vez de encontrar consuelo en tus padres, ellos te volvían a pegar, porque “algo habrías hecho”.

 

¿A cuántos de nosotros nos han puesto como ejemplo un limpiador, una cajera de supermercado, una asistenta del hogar para no acabar como ellos? Si no estudias acabarás como ella. ¿Quieres acabar como ella? ¿Quieres limpiar y quitar mierda a los demás? No, no quiero acabar como ellos. Pero luego lo piensas y dices ¿acabar cómo? ¿No están trabajando y ganando dinero como yo?

 

He hecho todo aquello que se me exigió que hiciera para conseguir una buena posición en la vida. Estudié, y además estudié lo que quise. Puedo decir que mis padres no me obligaron a estudiar nada que no quisiera. No quise ir a la universidad, no pasa nada. Tomé otros caminos igual de provechosos. Invertí en mi educación pero aquí estoy, sobreviviendo. No se me dado a cambio aquello que esperé por mi esfuerzo y dedicación.

Cinco cosas que mejor no le digas a quien no quiere tener hijos

Aun cuando las mujeres continuamos rompiendo barreras en cuanto al género, seguimos enfrentándonos a una pregunta supuestamente fundamental: tener o no tener hijos.
Todavía vivimos en un mundo donde la familia y los niños están profundamente asociados con las mujeres, hasta el punto en que se nos enseña que tener hijos es esencial para tener un fuerte sentido del yo, para sentirnos realizadas y completas de alguna manera.
Afortunadamente, la mayoría de las personas que no viven en el pleistoceno están de acuerdo en que a las mujeres se nos permite tener pasiones, carreras y vidas fuera del hogar, lo que conduce a un pensamiento interesante: ¿qué sucede si estamos perfectamente contentas con no tener hijos?
Los niños, la fertilidad y las decisiones y actitudes de las mujeres acerca de la familia son predeciblemente el tema que genera mucha ansiedad en nuestra sociedad. El hecho de que una mujer podría no querer hijos evoca todo tipo de visiones del tipo “jefa amargada casada con su carrera”, “egoísta y déspota” o “introvertida con 23 gatos”. Pero tener hijos es una decisión personal que debe ser respetada y no debe tener que ser justificada de ninguna manera. Sin embargo, la creencia de que las mujeres de alguna manera no podemos estar completas sin tener hijos persiste y conduce a algunas conversaciones y frases bastante curiosas.
LO LAMENTARÁS CUANDO SEAS VIEJA
Perdona, ¿tienes una bola de cristal con la que ver el futuro? Porque hasta el momento eso no se ha demostrado. En primer lugar, insistir en que la opinión de alguien no es válida porque podría hipotéticamente lamentarlo en el futuro ridiculiza y falta el respeto a su voluntad para tomar decisiones en el presente. No estamos hablando de gustos en música o equipos deportivos – hablamos del cuerpo y vida de alguien. La cosa es que “sólo te darás cuenta que quieres niños cuando se te pase el arroz”. Tal perspectiva reduccionista ignora totalmente todo lo que podría suceder en ese período de tiempo. Tal vez nos podríamos convertir en ejecutivas de una gran empresa, o hacer unos viajes increíbles, o adoptar a un montón de perros. Mi punto es que la gente necesita reconocer que las mujeres podemos vivir una vida rica y productiva sin niños. Cuando seamos mayores podremos mirar a atrás y maravillarnos con todas las cosas que fuimos capaces de lograr precisamente porque no teníamos que preocuparnos por los niños.
AÚN NO HAS ENCONTRADO A LA PERSONA ADECUADA
Esto no tiene ningún sentido. No estoy segura de que alguien cambie impulsivamente su opinión sobre una decisión de su vida tan significativa sólo porque ha conocido a su príncipe/princesa azul. Dicho esto, si conoces a alguien con quien quieres tener hijos, es es tu decisión y seguramente tendrás la libertad de hacer esa elección. Lo que es problemático es la creencia de que el hombre ideal nos convencerá de que queremos tener hijos y la asunción de que las mujeres queremos tener hijos “por defecto”. Es poco realista y no es saludable esperar que cada nueva relación vaya a alterar radicalmente nuestros puntos de vista sobre el tener o no hijos. Actitudes como estas también refuerzan el estereotipo de que las mujeres no saben lo que es mejor para sí mismas si no viene alguien (un hombre) y las ilumina. Podemos creer que somos felices, pero al parecer tenemos que meternos con calzador en la vida que otros han decidido. Alguien una vez decidió qué era lo normal y qué no. Cómo de delgada debes estar, qué debes comer, a qué edad debes ser madre, cuánto tiempo tienes que amamantar… Una lista de reglas e instrucciones convertidas en corsé para tu cuerpo y tu mente. Y desde que esa lista existe, si no cumples, si no obedeces, cualquier cosa que te pase será tu culpa. La base de todo lo malo que te ocurra, radicará en tu diferencia, por no haber hecho lo que se te dijo que hicieras. Queremos ser dueñas de nuestros éxitos y fracasos, y poder mirar atrás y decir que todo aquello que hemos vivido ha sido por nuestra toma de decisiones y que nadie nos obligó ni nos coartó.
ELEGIR UNA VIDA LIBRE DE NIÑOS ES EGOÍSTA
Ah, sí… Pocas cosas atraen más desprecio en nuestra sociedad que las mujeres que parecen egoístas, que a menudo está vinculado a sus opciones en torno a parejas, sexo y los niños. En general, tendemos a estar extremadamente incómodos con la posibilidad de que una mujer pudiera ponerse a sí misma antes que otra persona – incluso por encima de las personas que probablemente nunca existirán. Seguimos asociando la feminidad con la abnegación y el auto-sacrificio. Los niños son una manifestación fundamental de esta mentalidad. Se espera que una mujer priorice a sus hijos primero, pero particularmente a su propio coste. Supuestamente no puedes ser una buena madre sin sacrificio. Puesto que el arquetipo materno sigue estando tan estrechamente asociado al núcleo de la identidad de la mujer, se deduce que el tipo “correcto” de mujer está dispuesta a sacrificar otras cosas en favor de criar a la familia. Pero no todo el mundo quiere hijos, lo que crea un extraño materialismo vacío en las mentes de muchos. ¿Por qué tenemos que suscribirnos a la creencia de que para ser una buena persona o una buena mujer haya que dejar de lado ciertas cosas? No hay nada vergonzoso en complacerse o vivir nuestra vida al máximo por nuestra cuenta. ¿Os habéis dado cuenta de que cuando una pareja decide tener hijos nadie le cuestiona nada pero si decide no tenerlos los acosan a preguntas? ¿Y por qué? ¿Y cómo es eso? ¿Os habéis hecho las pruebas? ¿Habéis probado esto o lo otro?, ay cómo os vais a arrepentir, ya veréis como luego cambiais de opinión…
La gente trata de culpar a las mujeres con el mito de que hay un cierto tipo de felicidad o satisfacción que sólo las madres pueden conocer. Esto es cierto, pero también es cierto que tener hijos puede impedir que tengamos muchas experiencias que podrían cambiar nuestra vida. Aquel que hace paracaidismo o puenting tiene unas sensaciones al practicarlo que yo no quiero experimentar porque no me llama la atención tirarme desde el aire. La maternidad es igual. Criar a los niños es algo honorable, pero eso no significa que deban presionarnos para conseguir unos ideales que ni siquiera son nuestros.
VAS A TENERLO CRUDO PARA ENCONTRAR A ALGUIEN QUE QUIERA ESTAR CONTIGO
¿No os encanta esta tendencia de encontrar la aprobación de los demás para encontrarnos a nosotras mismas? Si alguien no te quiere, eres escoria. Los niños son quebraderos de cabeza, lo que es evidentemente una realidad a considerar. Sin embargo, afirmar no querer tener hijos de alguna manera nos hace indeseables. La pareja correcta respetará tu decisión. Si trata de cambiar tu deseo o de culparte por negarle los hijos, sal de ahí cuanto antes. La importancia de nuestra autonomía reemplaza a cualquier relación. Sí, puede que tengas que lidiar con un poco más de tonterías, pero es más importante encontrar a alguien que esté en la misma página. Y sorprendentemente, algunas personas prefieren estar con personas que no quieren niños porque significa menos presión en cuanto a poner un calendario en el futuro. Además, no tener hijos da más tiempo para pasar juntos y fortalecer la relación.
¿QUIÉN ME VA A DAR NIETOS?
Esta es, con mucho, una de las reacciones más difíciles de tratar. Una cosa es considerar cómo tus decisiones afectarán tu propia vida, pero pocas personas quieren ser acusadas de impactar negativamente el futuro de sus padres. A pesar de que bien podemos ser adultos totalmente independientes, nuestros padres nunca dejan de tener expectativas para nosotros. Tenemos derecho a sentir gratitud hacia nuestros padres, o tal vez no. De cualquier manera, no les debemos nada y es insensible por su parte jugar la tarjeta de culpabilidad. No somos su fábrica de bebés personal. Nosotros no somos responsables del cumplimiento de la vida de nuestros padres o de la supuesta falta de ella. Ellos ya tuvieron su oportunidad de cumplir su vida y sus expectativas. Puede ser difícil defender nuestras decisiones cuando nos enfrentamos a tanta ignorancia, pero siempre recordad que nuestra vida es nuestra y no necesitamos la validación de nadie para justificar cómo la vivimos. Que no os dé miedo embarcaros en una vida sin hijos y explorar todas las oportunidades que nos esperan.
No os perdáis este vídeo.

Seis comidas que todo el mundo debería adorar

Permitidme que haga un pequeño prefacio a este texto, lo siento por los que son alérgicos o intolerantes a algunos alimentos, es un hecho desafortunado y una excepción a esta regla. Si eres físicamente incapaz de comer alguna de estas delicias, es comprensible, pero al menos deberías tener algo de aprecio por lo que estos alimentos representan. Deberías amarlos desde lejos.

1. Queso.

Una o dos veces en mi vida me he encontrado con una persona que, a pesar de no tener ninguna intolerancia o alergia a los productos lácteos, simplemente ha decidido odiar el queso. Simplemente no les gusta y lo evitarán a toda costa. He escuchado adjetivos como “apestoso”, pues sí, hay quesos más apestosos que otros, pero estoy segura de que hay alimentos mucho más apestoso y cuyo olor no incita a comerlos. Aparte del hecho de que el queso viene en una variedad tan amplia de texturas y  sabores que sería imposible encasillarlo con un solo adjetivo, el queso en todas sus formas, es algo que debe ser respetado. Ya sea un cabrales, un manchego, un camembert derretido, un tranchete en un sándwich, un babybel en la merienda… El queso es algo excepcional. Y hay que pensar en todos los platos que nos perdemos por no tomar queso: macarrones con queso, pizzas, hamburguesas, muchas cremas y purés llevan queso. Las posibilidades con el queso son infinitas.

2. Pan.

Hay gente que come sin pan. ¿Cómo es eso posible? El pan nuestro de cada día, ya lo dicen las escrituras. Hay que comer pan todos los días, lleve o no lleve salsa el almuerzo. Yo he descubierto hace poco el pan de centeno o pan negro, muy famoso en Alemania. En los países asiáticos el pan no es muy común, ellos lo suelen sustituir por arroz, que está presente en todos sus platos. Me encanta el pan en todas sus formas: baguette, pistola, de picos, de molde, integral, colines, tostaditas… No hay como un buen final de plato como tomar un pedazo de pan y dejarlo limpio.

3. Té.

Yo antes pensaba como tú. Solía pensar el té es el café de los débiles, las infusiones son para cuando estás malito de la barriga. Puedes sentirlo depurando tu cuerpo y alma mientras viaja por tu esófago. Y puedes realmente tomar el que quieras sin acabar con una cagalera mítica digna de recordar o con un dolor de cabeza de tres pares.

4. Barbacoa.

Nótese que no especifico ningún tipo de carne, simplemente… barbacoa. Porque da igual lo que se ponga sobre la parrilla, todo es delicioso. Costillas, sardinas, pollo, hamburguesas, chorizos parrilleros, panceta… La barbacoa representa todo lo bueno de este mundo.

5. Patatas.

¿Fritas, asadas, cocidas, de las rizadas, en puré con mantequilla? ¿Quién eres tú si no te gustan las patatas y qué es lo que haces con tu patética vida?

6. Chocolate.

Oigo que a alguien no le gusta el chocolate y de repente se me paraliza el corazón, se me entumecen las extremidades, un zumbido, como un pitido lo oigo en el interior de mi cerebro, que ahoga mi capacidad de escuchar cualquier otra cosa que ese miserable me esté diciendo. La idea de que no guste el chocolate es, cuanto menos, un sacrilegio. Si no te gusta el chocolate es porque no lo mereces. Disfrutad de vuestros infiernos de vainilla.

Ya no somos niños

¿Es aceptable que un niño orine en la calle? Muchos dirán y se excusarán que es un niño, que es normal que no se pueda aguantar. Es responsabilidad de los padres que no tengan que poner a sus hijos a mear en la calle. ¿Y un adulto? Por esa regla de tres “tampoco se puede aguantar”.

La calle de debajo de mi casa huele a meados que te dan hasta arcadas cuando pasas caminando. Y además sabes perfectamente que no son orines de perro. Es un sitio con poca luz de noche, al resguardo de los coches aparcados y hay gente que prefiere mear ahí antes que en su casa.

Hay ciertos comportamientos que sigo sin entender su porqué, como éste, o escupir por la calle, o hurgarse los restos de comida con cualquier cosa que se tenga a mano, eructar en público… Hay actitudes que permitimos en niños y hay gente que cree que sigue siendo niño.

Cerda y desconsiderada

Hace más de dos años que hay un ciclomotor averiado atado con una cadena en una de las farolas de mi calle. Entorpece el paso con sillas de bebés, de ruedas, carros de la compra y se hace complicado pasar más de dos personas en paralelo, cuando, de no ser por la moto, sería una tarea fácil. Está en un estado deplorable, mugroso, sin retrovisores, con el asiento roto y la cadena se ha oxidado no sólo del agua de lluvia sino también de los orines de los perros y los no perros. No es que la haya estado vigilando pero jamás he visto a nadie usándola.

Hoy ha venido la grúa y la policía a retirarla y los propietarios se han puesto como unos energúmenos. Ahora se sienten agraviados porque el servicio de limpieza del ayuntamiento ha cortado con una radial la cadena y la policía ha venido con la grúa para llevársela. Supongo que habrán hecho sus averiguaciones y probablemente esa moto no tenga ni seguro ni pague impuesto de circulación. Por lo que no tiene derecho a estar más en circulación.

Los dueños han montado todo un circo alrededor de este asunto, incluso llevándose el ciclomotor y escondiéndolo en el portal del edificio, con la consiguiente molestia hacia los vecinos.

En fin, el espectáculo que he presenciado ha sido digno de un circo. Se supone que han contactado con el propietario para darle un toque de atención antes de suceder lo que ha sucedido hoy. Si tienes un vehículo averiado ocupando la calzada o la acera en este caso, es tu responsabilidad retirarlo. Es más, el servicio de desguace en Madrid es gratuito. Llamas y vienen sin ningún coste a retirar el vehículo. Pero no, es mejor que la moto acumule mierda y entorpezca el paso a los peatones y cuando vengan a retirarla, montes en cólera como si en algún momento de todo este tiempo te hubiera importado el estado de la moto.

La gente es cerda y desconsiderada.

Padre al 100%

El otro día escuché en la radio la historia de un hombre homosexual el cual pagó a un vientre de alquiler en EE. UU. para tener un hijo (En España es una práctica ilegal). Cuando la entrevistadora le preguntó porqué se decidió a hacerlo su contestación me dejó fría: “No quería ser un padre al 50%, quería serlo al 100%”. Me pareció lo más egoísta que había escuchado en mucho tiempo. (A PARTIR DE AQUÍ ME REFERIRÉ A “PAREJA” COMO CUALQUIER UNIÓN FAMILIAR, HETEROSEXUAL U HOMOSEXUAL).

Me pareció una frase carente de sentimiento paternal y extremadamente frívola y materialista. Algo así como el sentimiento del niño al que le acaban de regalar una bicicleta y se alegra de no poder compartirla con su hermano o con amigos, porque sólo puede usarla uno al tiempo.

Soy una persona abierta y respetuosa, que antepone la condición de ser humano frente a las creencias religiosas, a la orientación sexual, al país de nacimiento o al aspecto físico. Pero quizá en este tema me considere más tradicional que otra cosa. Independientemente de la condición sexual de la pareja un padre/progenitor no puede decir esa frase.

El tener/adoptar hijos en una pareja de cualquier condición sexual es la muestra de amor y unión de esas dos personas. Si no, podríamos suplirlo con cualquier otra cosa, como una casa, un perro, unas vacaciones… ¿Es esta palabra un poco tonta o “pasada de moda”, la palabra amor? Pagar 100.000 euros por un vientre de alquiler me parece cualquier cosa pero no de una muestra de amor, ni de solidaridad ni de sentimiento paternal. Me parece comprar una vida. Su afirmación tenía un trasfondo de “si estoy con otra persona perderé mi condición de progenitor al 100%”.

No sé si esto se contradice con mi total apoyo a las adopciones por parte de parejas homosexuales o qué pero no me parece ni siquiera ético. La frase de ese hombre me hizo sentir mal. Su frase hizo parecer a las parejas con dos miembros que sólo se esfuerzan a la mitad porque el otro pone la otra mitad. Y eso no es cierto. Todos los padres se sienten al 100% padres, biológicos o no, y ambos se involucran también al 100%. Yo no soy madre pero soy hija. Y si alguno de mis padres fallece no me sentiré querida al 50%.

Y aunque no fuera un hombre homosexual esa frase no me gustó.

Los vecinos

Todos conocemos a nuestros vecinos. No vivimos con ellos pero sabemos de qué pie cojean. Está la cotilla, el rancio, el que huele mal, el del perro ruidoso, la parejita gritona… Todos conocemos a alguno de estos personajes. En mi bloque tengo un poco de todo.

  • La cotilla: Ésta hizo su presentación espectacular el mismo día en que me mudé a esta casa. Quiere saber con quién vienes a vivir, qué enseres traes… e incluso tiene la indecencia de mencionarte a los anteriores inquilinos, como si me importaran algo. Es la típica señora mayor aburrida. Suele vivir en el bajo, siempre con la puerta entreabierta para controlar al personal, o asomándose a la mirilla (se la oye desde fuera pegando el ojo).
  • El rancio: El rancio de mi piso es un señor de mediana edad, casado con una señora y ambos con una niña de unos 6 años. Tiene un perro y me lo encuentro a menudo sacándolo a pasear. El perro es muy cariñoso y siempre se me acerca para jugar o para que lo acaricie. Él, en un gesto mohíno, tira de la correa asfixiando al animal con tal de que no se acerque. También este individuo es el que sabe que vas detrás de él para entrar y te cierra la puerta en las narices.
  • El apestoso: El típico señor mayor que huele a meados. Lo mejor es no usar el ascensor ni con él ni después de él.
  • Las perfumosas: En contra están éstas. Particularmente, son dos hermanas adolescentes que cada vez que salen vacían medio frasco de colonia a granel. Aunque más bien huele a insecticida. Al igual que el anterior, mejor no usar el ascensor ni con ellas ni después de ellas. A ellas se une su madre que tiene un aliento que ni una bomba fétida.
  • La parejita gritona: Practican sexo ruidoso a cualquier hora del día. En contra está la parejita discutidora. El problema es que a veces no los distingues.
  • La niña rara: Sube con su madre normalmente y se te queda mirando con cara de espanto. Lo mejor es preguntarle: ¿No te ha dicho TU ABUELA que es de mala educación mirar fijamente?
  • La que se ocupa de todo (como si fuera su casa): Pone flores en los rellanos, coloca los felpudos, recoge algún papelillo… Estoy por llamarla y que me haga la casa.
  • El de Radiolé a las 8 de la mañana del sábado: Quiere que nos despertemos con alegres y folclóricas melodías.
  • El de la canica a las 3 de la mañana: Este lo conocéis.
  • La del cocido un lunes tempranito: Huele de maravilla, pero a esas horas no apetece ni un café.
  • El de la prostatitis: La cisterna tooooda la noche sonando

Dos anuncios

He visto dos anuncios que están actualmente apareciendo en televisión que me han hecho recapacitar. Diré los nombres de los productos comerciales (no me llevo ni comisión ni nada, de hecho los voy a poner a parir).

Uno de ellos es el nuevo Ambipur para vehículos, vamos, ambientadores para coches. Dice algo así como “¿No te gusta ese aroma a limpio en tu coche (se ve al individuo frente al volante aspirando los  aromas de, en teoría, un coche recién lavado y aspirado) antes de que entre tu familia? (y aquí entran los niños con zapatos sucios, con bolsas de patatas y juguetes poniéndolo todo asqueroso). Y luego dice: No te preocupes, con el nuevo Ambipur tu coche siempre olerá como recién limpio… (y aquí viene el final) AUNQUE NO LO ESTÉ”. ¡Toma esa!

Imaginaos el mismo anuncio pero para desodorante. Un vagón de metro hasta la bandera, plena hora punta mañanera en Madrid. Un tío mugroso agarrado a la barra de sujeción, junto con otras 300 personas. Y que el anuncio dijera: Olerás como recién duchado, aunque no lo estés. Pasa de la ducha, nuestro desodorante te la ahorra.

Y el otro es de Jazztel. Su logo es: Te cambiarás por el ahorro, te quedarás por el servicio técnico. Una cosa es que anuncies que tienes tarifas más baratas. Pero proclamar que te quedarás por el servicio técnico es proclamar que tu servicio es una mierda y que tendrás que recurrir al mismo bastante a menudo.

Imaginaos un seguro médico que anunciara tarifas más baratas que otros de la competencia, pero que a la vez te dijera que sus médicos son muy majos y guapos. Pues señores, no me convence.

 

Esas celebraciones, reuniones familiares o de amigos que no tenemos porqué ir

  1. Bautizos/Comuniones. De verdad, no me invitéis a bautizos/comuniones de primos, ni de hijos de primos ni de conocidos. El niño/a no va a notar mi ausencia. Ya no es por el desembolso que supone comprarse un vestido medianamente bonito/barato ni el regalo del/a susodicho/a, si no que la celebración me toca los huevos. Y además, ¿por qué tomas decisiones por él? ¿Por qué no esperar a que él/ella sepa si se quiere bautizar? ¿Hasta qué punto la religión es un punto importante en tu vida para que se lo quieras inculcar a tu hijo/a? Y no me digas que vas a misa todos los domingos…
  2. Babyshower. Sí, la mariconada esta de reunirse las mismas borrachuzas de tu despedida de soltera, pero ahora, en vez de regalarte diademas con pollas con velo de novia, te regalan pañales y sonajeros.
  3. En la misma categoría entran las despedidas de soltera. Si ya me cabrean las bodas, las despedidas ni te cuento. Ahí está la novia con ese pollón en la cabeza, con un Martini en la mano y el rímel churretoso gritando: Chicasssss… sois las mejores…. De verrrgdad… soisss… guayssss.
  4. Bodas de parientes con los que no comparto ni un apellido. En esta categoría también entran las famosas bodas de “tengo que ir/tengo que invitarlos porque los padres de la novia invitaron a mis padres a su propia boda”. Es más, sin consultar ni nada, un día te llega la invitación a casa (porque tu madre le ha dado tu dirección). Y es fantástico ver cómo las cosas han cambiado. Ahora, al pie de página de la invitación ya no pone “se ruega confirmación”. Ahora ponen el número de cuenta corriente. Como diciendo: Nos da igual si vienes o no, pero ingresa aquí la pastuza.
  5. “Ir por quedar bien” o “para que te vean”. Anda, pásate por el hospital/tanatorio/funeral para que te vean, para que vean que has ido. La gente es hipócrita. Uno va a los funerales o tanatorios u hospitales por la persona en cuestión, no por los demás. Uno va a funerales por mostrar respeto al que se marchó. Es cierto que no lo va a ver, pero está en el corazón de cada uno los motivos por los que quieres estar en el último momento con alguien que significó algo en tu vida. Cuando alguien importante ya no está y sientes tristeza, el quedar bien no significa nada.

Cosas que me molestan vol. II

Este es el volumen II. No os perdáis el volumen I.

1. La gente que va con gafas de sol en el metro. Sólo aceptable en esos tramos de recorrido no underground.

2. Las marujas viejunas malpintadas, malvestidas, malpeinadas y que encima van de señoronas súper dignas mirando con amago de pulcritud a todo lo que se le acerca (también abundan en el metro).

3. Esos tíos que se creen que están buenos sólo por llevar una camiseta ajustada, luciendo un bíceps grasiento, un pecho grasiento y una generosa lorza.

4. Las chonis de barrio que se chillan entre ellas aún estando rodeadas de gente (qué infernal lugar puede llegar a ser el metro a veces…)

5. Las llamadas perdidas cómo petición para que llames tú. Sobre todo a partir de la tercera…

6. Las abreviaturas del archidivulgado idioma SMS. Al menos algunos textos me recuerdan a Kevin Spacey en K-Pax y me río un rato yo sola… Sobre todo cuando se ven en un medio que no es un móvil. Entiendo que en el teclado del móvil sea difícil, pero no en el del ordenador.

7. La gente que lleva tan sumamente caídos los pantalones que le caben hasta billetes sin doblar y a lo largo en la hucha:

a)    Familiarízate con el concepto cinturón.

b)    Cuando la cinturilla del pantalón se desliza desde la cintura hasta la mitad del glúteo arrastrando consigo la ropa interior y no lo sientes, es un síntoma bastante jodido de un problema en el sistema nervioso. Háztelo mirar.

c)    Si lo sientes y te da igual eres un guarro.

8. Las que nunca saben qué ponerse teniendo el armario lleno e invariablemente pasan por eso varias horas en cada ocasión para luego ir siempre igual. A mí que me lo expliquen…

9. Que te metan un bloque de publicidad más largo que un día sin pan a 5 minutos de que acabe el programa.

10. Los e-mails que empiezan por FW:, RE: FWWWWW:, REEEE. Que sepáis que los borro todos sin ni siquiera abrirlos, por mucho que me pongáis que es buenísimo con 27 íes.

11. Los precios acabados en ’99. Hace años que dejó de funcionar ese truco para bobos.

12. Los anuncios de detergente y demás sucedáneos de publicidad para chimpancés.

13. La mayoría de las películas recientes que parecen la hostia en el tráiler y luego son una puta basura. Dentro de poco tendrán que incluir una nueva categoría: ÓSCAR AL MEJOR TRAILER. Cómo hacer que un bodrio de campeonato parezca la película del año.

14. Que me agregue gente al FACEBOOK que no conozco.

15. Las monedas de 1, 2 y 5 céntimos de euro. Además, qué tendrán que dejan un pestuzo en las manos repugnante.

16. Que me quieran subir el alquiler del piso todos los años. Menuda forma de querer mantener al inquilino. Al final voy a ser la única gilipollas del barrio que paga más de 700€ por un piso de 55m² y 2 habitaciones, y todo por la subida anual. Me sale más a cuenta cambiar de piso cada año.

17. Las toallas que no secan.

18. Las esponjas que absorben el jabón en lugar de ayudar a aplicarlo haciendo espuma.

19. Que quieras incrementar mi interés por una película contándome “un poco” de qué va y al final me la destroces.

20. Los taxistas leeeeeentos, los que se hacen los sordos y/o los tontos y se “equivocan” de recorrido, los que llevan la SER o la retransmisión de algún partido que poco me importa a toda castaña en la radio y no se preocupan en bajarlo por si te molesta.

21. Los vigilantes de metro que se quedan mirando luciendo su placa de guarda jurado frustrado cómo una pobre señora no se apaña para entrar con el carrito del bebé por esas jodidas puertas que para más cojones ponen “apertura fácil” en las que más cuesta abrir.

22. Que se me venga encima la cortina de la ducha y se me pegue en el cuerpo.

23. Los piercings de bola de plástico blanca/negra en el lateral del labio. ¿No te das cuenta de que parece otro rebosante grano de pus en tu apubertada y desgraciada cara?

24. Que sigan llamando “humor inteligente” a todo paleto que se pone a hablar durante más de 6 minutos intentando parodiar la vida cotidiana rayando hasta lo excesivo la exageración como único recurso para sacar alguna sonrisa de vez en cuando.

25. No poder cambiar el PIN2 porque siga sin venir en la información de las tarjetas SIM y que siga existiendo cuando nunca ha servido para nada.

26. Los idiotas que se creen eso de: “3. Seleccionar todos tus amigos (importante: tienen que ser todos para que funcione)”. ¿Qué complejísimo programa crees que hay detrás de esas aplicaciones capaz de detectar si has invitado a toda tu gente o no para funcionar? Seguro que tú eras de los que te ibas detrás de los señores con gabardina y gafas de sol que te ofrecían caramelos en la puerta del colegio, eh tontorrón… (y de los que re-envían los e-mails a 15 personas en menos de 50 minutos para no morirse en los próximos 30 días)

27. El desfase de audio sobre la imagen en los capítulos y películas que me descargo de internet