Archivo de la categoría: Viejos tiempos

Nostalgia…

Estambul es lo que buscaba. Llevo aquí una semana y ya me quita el aliento y el sueño. ¡Cuánto tiempo he perdido antes de llegar aquí! Tengo la sensación de que me estaba esperando, silencioso, mientras corría detrás de una vida pesada e inútil. Aquí las cosas transcurren más despacio, con suavidad. Esta brisa libera los pensamientos y hace vibrar el cuerpo. Ahora, por fin siento que puedo volver a empezar.


Extraído de la película de Ferzan Özpetek “Hamam, el baño
turco”, 1997.


>>Istanbul was what I was looking for. I’ve been here for a week and it has taken my breath and sleep away. How much time I have lost before arriving here! I feel that it was waiting for me, quietly, while I was running behind a heavy and useless life. Things pass here slower, softly. This breeze frees your thoughts and makes your body shakes. Now, at last, I feel that I can start again<<

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İstanbul’u dinliyorum gözlerim kapalı…

He pasado la Semana Santa en Estambul. Dije que volvería y lo he cumplido. Así que bueno… ahí queda el testimonio. Sigo buscando gente que le guste Turquía y que comparta la misma pasión que yo. Sólo dejadme un comentario. Ahí van unas galerías de fotos:

Primera

Segunda

Tercera

Cuarta

Quinta

Cómo pasa el tiempo…

Bueno, pasaba por aquí sólo para decir que hace ya un año que empecé este blog. Sé que tengo visitantes habituales, lo que se agradece, otros o tanto, pero se agradece igual.

Me gustaría dar las gracias a todos aquellos que dejan comentarios, o solamente curiosean, ya que es un tiempo que pierden en algo en lo que yo también pierdo tiempo.

En este año, que la verdad se ha pasado volando, me han pasado muchas cosas. He estado en 3 trabajos, he visitado Turquía y Reino Unido, he conocido gente maravillosa (otra no tanto), experiencias estupendas
imposibles de olvidar… Y que espero repetir.

El pueblo

Este fin de semana son las fiestas de mi pueblo. Bueno, no es “mi” pueblo, no es donde he nacido pero es donde he veraneado hasta que te das cuenta de que el pueblo es una mierda. Sí, es duro reconocer que el lugar donde has pasado los mejores veranos de tu vida, donde conociste tu primer amor, donde ganaste tu primer (y último) trofeo de carrera de sacos, donde te pillaste la primera cogorza… se convierte en un muermazo.

Porque antes nos entreteníamos con cualquier cosa: cazar caracoles, carreras de bicis, el escondite, irnos a bañar a un charco… pero ahora… prff… anda, propón ahora ir a cazar caracoles, ¡a ver qué te dicen! ¡Si ahora cogen el coche hasta para ir al bar de la plaza!

Y es que es así, es ley de vida. Lo que con 13 años era la leche, ahora no lo es. Por ejemplo, aunque fuera verano y pudieras dormir hasta las tantas, a las 10 de la mañana estábamos todos medio listos para salir. Hasta las dos y media, hora oficial para comer. Aquí ni siesta ni nada (a menos que hubiera vuelta ciclista, entonces era obligatorio verla para comentarla después) a las tres y media, con la calorina, ya estábamos todos fuera. Nos buscábamos unas sombras, y nos echábamos unas cartas. El poli y el ladrón, a cuadrado, a mentiroso, a culo… A las cinco y media, tocaba el bocata. Después de reponer fuerzas había un partidillo de fútbol (las chicas animábamos), o una comba, o al paredón, o seguíamos con las cartas. Nueve y media, hora de la cena. Y diez y media, hora de salir por la noche. Si había “algo especial”, y me refiero a una orquesta en la plaza o verbena, descubrías una nueva faceta del guarro de la banda. Como que se lavaba y tal. Sino, pues lo de siempre, al escondite.

En todas las bandas de amiguetes del pueblo siempre hay personajillos fácilmente reconocibles.

El guarro: En todo grupo de amigos hay uno que era…“oscuro” de piel, y no, no es negro ni nada por el estilo. El mito desapareció cuando un día, sin saber porqué, se duchó.

El torpe: Este siempre intenta hacerse un hueco en los partidos de fútbol y no hay manera, porque es un torpe. Él no lo sabe, él cree que juega bien. Sólo se dio cuenta el día que pisó el balón y se cayó de bruces al suelo rompiéndose el brazo por 3 partes.

La guapa y/o putilla: Todos los chicos están por ella (esta expresión ya no se usa: estar por alguien). Ellas la tienen envidia. De este personaje puede haber dos versiones. La tímida, que aunque sea guapa no se come un rosco; o la loba; que, en ese caso, se habrá enrollaó con todos los chavales.

La que juega bien al fútbol: Siempre hay una chica que resalta en los deportes. Los chicos casi la tienen envidia, pero ellas la tienen más porque todos los chicos cuentan con ella para todos los juegos. Ésta sabe recoger un balón con el pecho, y sabe rematar con la cabeza. Y ya se sabe, a un hombre se le seduce por el estómago… o por el fútbol.

El tonto: Uff… de estos puede haber varios. Es el típico que un día dice:

Pues Víctor Manuel y Ana Belén son 4.

Y se queda tó pancho.

Que sí, que sí, que son Víctor, Manuel, Ana y Belén.

Y venga todos a decirle que no, que son sólo dos. Y el pobrecillo todo convencido. O el día que le da por decir que uno que bebió Coca Cola en ayunas se le hizo un agujero en el estómago. Vale, dejadle solito, a él y a su neurona.

La última: Sí, la última. La última que llega. Es la última chica que se incorpora a la banda. No sabemos qué tiene, pero no termina de caer bien. Nosotras ya tenemos nuestras relaciones y clasificaciones… y a ésta no hay dónde meterla. De repente un día empieza a criticar el pelo de tu mejor amiga. Una chica podrá decir lo que quiera de otra, pero con su pelo que no se meta.

Y es a partir de aquí cuando “la banda del pueblo” se empieza a disgregar.

La guarrerida sesuaaarl

El verano ya está en completo apogeo, de hecho lleva en apogeo unos cuantos meses, por no decir que el verano es un okupa y ha expulsado del ciclo de la naturaleza a las demás estaciones.

Empiezan los sudores, no sabes qué ropa ponerte, el maquillaje te dura lo que tardas en meterte en el vagón de metro. Esta situación en el metro es de lo más desesperante, que estemos pagando lo que estamos pagando, no por un servicio de transporte, sino por una sauna.

Es genial, que quieres perder unos kilitos y librarte de las toxinas, hazte el recorrido Plaza Castilla – Sol. O por ejemplo, que tienes unos pantalones pero se te ha jodido la plancha, hazte el recorrido Manuel Becerra – Pacífico. Que quieres hacerte un alisado, nada como darte una sudada en el intercambiador de Av. de América. Por no hablar de los sobacos de la gente. Sé que esto es un tópico, pero por eso mismo hay que hablar de ello. Es normal que a un camionero, que a un albañil, incluso que a un ejecutivo le cante el alerón (que no alirón)… pero a las 8 de la tarde, después de estar currando; no a las 7 de la mañana agarrado a la barra del autobús. ¿La gente no se huele? ¿No tienen a nadie en casa que le diga: hueles mal? Además, en fin, no es por ser escatológica, pero es un olor que dices: Este sudor no es de hoy. Y el cacho marrano y la cacho puerca ha sudao la camiseta y se la pone al día siguiente. Como diciendo: A ver cuanto aguanto con ella puesta, lo mismo hasta sale caminando ella sola a la lavadora.

También están los típicos que se remojan un poco el pelo, se echan 2 litros de colonia a granel, y salen tan frescos de casa. Claro, que esa “solución” sólo les dura una hora. Luego el tufo dura todo el día.

Y, por cierto, ¿por qué en todas las bandas de amiguetes, cuando éramos críos, siempre había uno que era el “guarro”? Era ese que llevaba los tobillos más mugrientos que los cerrojos de una cárcel, la camiseta llena de lamparones; y, claro, con eso de que los padres no estaban, y los abuelos pasaban de él, pues así estaba, que el día que se bañaba le desaparecía el moreno. Con deciros que había uno al que llamábamos “el gitanillo”, y el día que se duchó pasó radicalmente a ser payo.

Luego, a las tías nos llama la atención que un tío lleve el pelo largo… Y LIMPIO. Es decir, es ver un tío con melena y constatar que lo lleve limpio, sino, lleva todas las de perder. Un tío con melena, merece nuestro respeto, por dos razones: La primera por tener la paciencia de habérselo dejado crecer, y la segunda le honrará si lo lleva limpio. Y bueno, que los tíos con pelo largo son más atractivos (en mi opinión). Pero cuidao, me gustan los tíos con melena, pero tampoco quiero que se gaste más en mascarillas capilares que yo… no sea que luego, con tanto pisar el salón de belleza, se me pase de acera.

Recuerdo una anécdota de una compañera de clase que su camiseta era la carta del comedor. Estoy segura de que era llegar a casa y a su madre no le hacía falta preguntar qué había de menú, porque su camiseta lo decía todo. Se llamaba Lucía. Luego en el instituto hubo otro chaval, fanático por cierto de La Guerra de las Galaxias, que siempre llevaba una camiseta de R2D2, y claro, eso cantaba un montón, entre el olor y el muñeco impreso. Lo vergonzoso fue que con 14 años tuvimos que tragarnos el famoso sermón que yo llamo “El de las hormonas”:

“Bueno, ya sabéis que con esta edad, estáis con las hormonas revolucionadas… blablabla… los olores… blablabla… hay que ducharse más a menudo…”

Señora, el que es un cochino es cochino, da igual que tenga las hormonas revolucionadas o no.

Claro, que el coleguilla se las traía… hasta le ofrecieron ponerse un pinito de esos que
cuelga papá del retrovisor del coche.

Y como punto final, sólo decir que la cuestión de la higiene, no es sólo tema personal, pues también afecta a los que nos rodean. Y sólo queda decir una cosa: “A todo cerdo le llega su San Martín”. Jijijiji…

Contadme anécdotas de amiguetes cochinéaceos que tengáis.

La pela es la pela

Hay un refrán muy común y, como casi todos, muy sabio, que dice así: “A todos los tontos se les aparece la virgen”. Que, para los que no lo sepan, viene a decir algo así como que al más tolili del mundo siempre le pasan cosas geniales que no sabe aprovechar, y tú, que te mueres por conseguirlas, jamás las conseguirás.
Debo decirlo. Vengo de familia de currantes, si tengo algo y si he disfrutado de algo se debe al esfuerzo y al ahorro de mis padres; y, ahora que ya trabajo, a mi esfuerzo y ahorro. Nunca me han regalado nada. Antes, cuando era pequeña, no tenía ésto en cuenta. Total, eran mis padres los que pagaban, y creía que el dinero… no sé… simplemente estaba ahí. No sabía que había que hacer grandes sacrificios para conseguirlo.
Según vas creciendo te vas dando cuenta de las cosas, y cuando finalmente ganas tu propio salario te das cuenta de muchas más cosas. Por ejemplo, sin llegar a dar cifras concretas, cada vez que me gasto un billete de 20 pienso: joder, ahí va un día de trabajo… Procuro no pensar mucho en ello, pues es deprimente. Pero bueno, al fin y al cabo es mi dinero y con él hago lo que quiero.
Toda esta historia viene a que, haciendo memoria de los días de colegio e instituto, cuando nos incorporábamos de nuevo a las clases, siempre estaba la típica redacción o conversación entre compis de “¿Qué has hecho en las vacaciones?”.
La mayoría de nosotros nos quedábamos en nuestra ciudad, o las pasábamos en el pueblo con los primos, o los más afortunados en el apartamento de la playa en Roquetas petao hasta la bandera (daros con un canto en los dientes)… pero atención, siempre había alguno que iba a más:
“He estado de campamento en California. Jó, ya estoy harto, es el cuarto año que mis padres me mandan allí”.
¿No es para repatearle las tripas? Yo lo hubiera hecho. Es indignante. O sea, nosotros deseando que llegara julio para rebozarnos jugando a fútbol, o a cazar ranas, o a colarnos en algún huerto a robar los melones… y aquí el gilipollas de turno ya está harto de ir a California. ¡No te jode!
En serio, os digo, cuando las cosas se consiguen por uno mismo, se disfrutan más y mejor. Y os lo dice una que lleva ahorrando 6 meses para irse a Turquía. Aunque eso de ahorrar… ¡por lo menos lo intento! Que yo con mi dinero hago lo que me da la gana.
Chínchate.

 

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