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Cuando estás en pareja, las cosas cotidianas cambian

Cuando eres soltero y te vas de vacaciones ya no vas corriendo a ver si el hotel tiene jacuzzi o piscina. Ahora miras cómo es la cama de cómoda y si hay pelos en el desagüe de la bañera.

Cuando estás soltero y vas de compras, ya no miras esa chupa de cuero guapa, guapa. Ahora miras calcetines y calzoncillos… de esos de los holgados.

Cuando estás soltero te ocupas de que en tu buga haya siempre buena música. En pareja te preocupas si no huele a fresco.

Cuando estás soltero tiendes la ropa de cualquier manera. Ahora te preocupa que queden las marcas de las pinzas en la camisa y que los cuellos no queden “esborcicaos” (daos de sí).

Cuando ibas al súper comprabas cualquier cosa. Ahora comparas precios.

Cuando salías de marchuqui con los colegas rápido ponías el radar para controlar a las pibis. Ahora también, pero buscando una mesa libre cerca del baño.

La camiseta esa que pone “Tocador de señoras”… ya no te la pones.

Cuando estabas soltero te ponías el chándal ese pelotillero. Ahora no te lo pones ni para andar por casa.

(Calzoncillos holgaditos estilo “padre”, que parecen una bolsa del Alcampo. Tarde o temprano los llevarás).

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El pueblo

Este fin de semana son las fiestas de mi pueblo. Bueno, no es “mi” pueblo, no es donde he nacido pero es donde he veraneado hasta que te das cuenta de que el pueblo es una mierda. Sí, es duro reconocer que el lugar donde has pasado los mejores veranos de tu vida, donde conociste tu primer amor, donde ganaste tu primer (y último) trofeo de carrera de sacos, donde te pillaste la primera cogorza… se convierte en un muermazo.

Porque antes nos entreteníamos con cualquier cosa: cazar caracoles, carreras de bicis, el escondite, irnos a bañar a un charco… pero ahora… prff… anda, propón ahora ir a cazar caracoles, ¡a ver qué te dicen! ¡Si ahora cogen el coche hasta para ir al bar de la plaza!

Y es que es así, es ley de vida. Lo que con 13 años era la leche, ahora no lo es. Por ejemplo, aunque fuera verano y pudieras dormir hasta las tantas, a las 10 de la mañana estábamos todos medio listos para salir. Hasta las dos y media, hora oficial para comer. Aquí ni siesta ni nada (a menos que hubiera vuelta ciclista, entonces era obligatorio verla para comentarla después) a las tres y media, con la calorina, ya estábamos todos fuera. Nos buscábamos unas sombras, y nos echábamos unas cartas. El poli y el ladrón, a cuadrado, a mentiroso, a culo… A las cinco y media, tocaba el bocata. Después de reponer fuerzas había un partidillo de fútbol (las chicas animábamos), o una comba, o al paredón, o seguíamos con las cartas. Nueve y media, hora de la cena. Y diez y media, hora de salir por la noche. Si había “algo especial”, y me refiero a una orquesta en la plaza o verbena, descubrías una nueva faceta del guarro de la banda. Como que se lavaba y tal. Sino, pues lo de siempre, al escondite.

En todas las bandas de amiguetes del pueblo siempre hay personajillos fácilmente reconocibles.

El guarro: En todo grupo de amigos hay uno que era…“oscuro” de piel, y no, no es negro ni nada por el estilo. El mito desapareció cuando un día, sin saber porqué, se duchó.

El torpe: Este siempre intenta hacerse un hueco en los partidos de fútbol y no hay manera, porque es un torpe. Él no lo sabe, él cree que juega bien. Sólo se dio cuenta el día que pisó el balón y se cayó de bruces al suelo rompiéndose el brazo por 3 partes.

La guapa y/o putilla: Todos los chicos están por ella (esta expresión ya no se usa: estar por alguien). Ellas la tienen envidia. De este personaje puede haber dos versiones. La tímida, que aunque sea guapa no se come un rosco; o la loba; que, en ese caso, se habrá enrollaó con todos los chavales.

La que juega bien al fútbol: Siempre hay una chica que resalta en los deportes. Los chicos casi la tienen envidia, pero ellas la tienen más porque todos los chicos cuentan con ella para todos los juegos. Ésta sabe recoger un balón con el pecho, y sabe rematar con la cabeza. Y ya se sabe, a un hombre se le seduce por el estómago… o por el fútbol.

El tonto: Uff… de estos puede haber varios. Es el típico que un día dice:

Pues Víctor Manuel y Ana Belén son 4.

Y se queda tó pancho.

Que sí, que sí, que son Víctor, Manuel, Ana y Belén.

Y venga todos a decirle que no, que son sólo dos. Y el pobrecillo todo convencido. O el día que le da por decir que uno que bebió Coca Cola en ayunas se le hizo un agujero en el estómago. Vale, dejadle solito, a él y a su neurona.

La última: Sí, la última. La última que llega. Es la última chica que se incorpora a la banda. No sabemos qué tiene, pero no termina de caer bien. Nosotras ya tenemos nuestras relaciones y clasificaciones… y a ésta no hay dónde meterla. De repente un día empieza a criticar el pelo de tu mejor amiga. Una chica podrá decir lo que quiera de otra, pero con su pelo que no se meta.

Y es a partir de aquí cuando “la banda del pueblo” se empieza a disgregar.