Archivo de la categoría: Animales y mascotas

Los animales y el lenguaje

Nuestro vocabulario está repleto de expresiones relacionadas con nuestros queridos animales, algunas más que otras, y otras también más acertadas en cuanto a aspecto, olor y comportamiento.

  • Estar hecho unos zorros: tener mal aspecto.
  • Oler a tigre: Oler mal.
  • Ser una leonera: Generalmente aplicado a las habitaciones de adolescentes, en la que está todo desordenado.
  • Ponerse como una foca: Engordar.
  • Llevarse el gato al agua: Salirse con la suya en una situación o discusión.
  • Montar un pollo: Armar un lío.
  • Estar en la edad del pavo: estar en la adolescencia.
  • Ser una foca: Estar gorda.
  • Ser una cola de lagartija: Ser una persona muy inquieta, aplicado a que aun después de perder la lagartija su cola, ésta se sigue moviendo.
  • Ser un buitre: Ser un aprovechado y también aplicado a personas que aún ya no habiendo nada que sacar, siguen al quite.
  • Ser un lince: Ser rápido y astuto.
  • Estar canino: Se puede aplicar a tanto a tener hambre como estar falto de relaciones sexuales.
  • Por si las moscas: Esta expresión se aplica a cuando se toman precauciones con antelación.
  • Mosquearse o estar con la mosca detrás de la oreja: Volverse desconfiado.
  • Lagarto, lagarto: Una expresión que se utiliza a modo de superstición para evitar males.
  • Cambiar el agua al canario: Ir a mear.
  • Ir al tigre: Ir a cagar. Que puede que de ahí venga también lo de “oler a tigre”.
  • Memoria de elefante: Tener muy buena memoria.
  • Memoria de pez: Al contrario que el elefante, este animal posee justo lo contrario.
  • Ser un rata: Ser un roñoso y agarrao.
  • Sentirse como pez en el agua: Sentirse a gusto y cómodo en una situación.
  • Hablar como un loro: Hablar como ese mismo.
  • Ser una cacatúa: Aplicado a mujeres de manera despectiva, mujer parlanchina y también aplicado a mujeres de avanzada edad que quieren aparentar menor edad arreglándose y maquillándose en demasía.
  • Ser un zorro: Hombre astuto.
  • Estar como un toro: Gozar de buena salud.
  • Estar como una vaca: Estar gorda.
  • Ser un borrico: Ser un zopenco.
  • Ser una zorra: Al contrario que en masculino, aplicado a mujeres de manera despectiva para designar a aquellas que venden favores sexuales.
  • Ser o estar perro: Estar o ser un vago.
  • Ser un avispado: Ser un enterado.
  • Ser un búho: Persona de costumbres nocturnas.
  • Ser un gallo o gallito: Generalmente aplicado a jóvenes de actitudes chulescas.
  • Ser más terco que un mulo: Pues ser más terco que ese animal.
  • Ser un ovejo modorro: Persona ignorante.
  • Ser un cabestro: Ser una persona ignorante pero tirando a tozudo.
  • Ser un pavo: Ser un soso.
  • Moco de pavo: Valor que se le da a ciertas cosas. “Eso no es moco de pavo”, quiere decir que es importante.
  • Estar como una cabra: Estar loco.
  • Ser un gallina: Ser cobarde.
  • Hacer el ganso o ser un ganso: Persona torpe y chistosa.
  • Estar como gato panza arriba: Disfrutar de una situación.
  • Ser más raro que un perro verde: Ser extremadamente extraño.
  • Ser mono: Ser guapo.
  • Estar con el mono: Tener síndrome de abstinencia.
  • Dormir la mona: Dormir después de una borrachera.
  • Hacer monerías: Hacer gestos graciosos.
  • Hacer la cobra: Esquivar intercambio de saliva con seres no deseados.

(El famoso moco de pavo)

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Las corridas de toros

Se ha debatido mucho sobre las corridas de toros. ¿Es una “fiesta nacional”? ¿Esa fiesta representa a todos los españoles? ¿Hasta qué punto donde muere un animal (u hombre) debe considerarse representativo de un país? ¿Quién sale ganando con todo esto? ¿Por qué se abolió el arrojar una cabra por un campanario y no esto?

La Comunidad de Madrid ha insistido especialmente en mantener esta costumbre. ¿Estoy de acuerdo con que se mantenga la fiesta nacional? Por supuesto que no estoy de acuerdo en torturar un animal. El espíritu del toreo se puede seguir manteniendo sin matar a ningún animal, ni hacer sufrir a ningún otro (el caballo del picador, por ejemplo), y por supuesto, si herir ni matar a ningún hombre.

Tanto asco me da ver a un toro vomitar sangre como ver a un torero empitonado en su ojo. La misma sensación, pero más misericordia siento por el animal que, al fin y al cabo, no eligió entrar ahí. Pena ninguna por el torero herido o muerto, al fin y al cabo son gajes del oficio, accidente laboral, como obrero que cae del andamio.

No podría llegar a comprender a una persona que tuviera aprecio por su mascota, perro, gato, lo que sea, y luego disfrutara viendo como matan a un toro. ¿Por qué es arte ver a un toro morir y no ver a un perro desangrado hasta la muerte? Me pregunto si los que asisten a corridas de toros tienen mascotas. ¿Acaso hay categorías de animales? ¿De primera, de segunda…?

Mucha gente defiende la raza del toro de lidia como la raza criada especialmente para el toreo, y que sin esta crianza controlada se extinguiría. Con esta crianza lo que se hace es seleccionar ejemplares con puros fines comerciales, destinados la mayoría de ellos, a espectáculos taurinos. Hay de hecho todo un vocabulario muy extenso para designar las características de un buen toro de lidia. ¿Y todo para qué? Para acabar viendo al animal tambaleándose en la arena, cubierto de heridas y sangre, vomitando sangre. ¡Eso sí que es arte! En general no soy melindrosa, no me repugna la mierda, ni las cucarachas, ni los mocos, ni las ratas, ni siquiera el fútbol. Pero me da asco la sangre, y cuando cae en tierra más. Que sea de toro, o de abogado matrimonialista da igual, a mí me da asco. Es un asco bastante metafísico, como si me negara a admitir que lo que está vivo deba “vaciarse” así, tan alegremente y cobrando entrada. Quizás sea una delicadeza excesiva por mi parte… o una brutalidad exagerada la de los demás, vete a saber. En fin, yo comprendo que mis repugnancias hematológicas le importen poco a cierta gente. Imagino que la visión de un cuerpo desmembrado no tiene belleza para un caníbal.

Su muerte es indigna, violenta y humillante. Como un hombre que van a ejecutar frente a un pelotón de fusilamiento: el que está de espaldas al paredón no tiene ninguna posibilidad de salir vivo. Ninguna. Va a morir y punto. De alguna forma, incluso, el fusilamiento es mucho más razonable en términos de sufrimiento que la lidia de toros. Hay cierta piedad en el hecho de vendar los ojos a un reo. De permitirle, incluso, un último pitillo, unas últimas palabras… Pero al toro no: al toro se lo mata brutalmente sin que ni siquiera él tenga conciencia de lo que le sucede. Un reo condenado a muerte tiene más dignidad.

Cuando yo vea a un torero (o incluso dos, para equilibrar peso, mira) irse a matar al toro con un puñal, sin picas, sin banderillas, sin aligerar de peso, sin burladeros, sin monosabios y sin cuadrillas que lo alejen cuando sea corneado (porque, lo cornee o no, al toro lo van a matar igual), me creeré cualquier argumento que me den los taurinos en favor de la (ja) “fiesta”.

El hecho de que el toro sea un animal no convierte su sufrimiento en tolerable para nosotros. Hace unos días salió este vídeo de un juez americano azotando a su hija adolescente, por cierto, una niña con cierta discapacidad, porque estaba viendo vídeos en internet (vete a saber qué le habría hecho de ser “peor”). No he sido capaz de ver más a allá del minuto y medio. Los alaridos de la niña ponen los pelos de punta. Os animo a verlo, o por lo menos a intentarlo. Os preguntaréis que tiene que ver una cosa con la otra. Bueno, para mi es exactamente igual. La única diferencia es la entrada.

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Trufa

Quien no ha tenido un animal de compañía no puede saber lo que es perderlo cuando muere. Se convierte en un miembro más de la familia, se toman decisiones diferentes cuando tienes una mascota de la que ocuparte, y a veces no importa sacrificar unas vacaciones o un fin de semana fuera, con tal de tener a tu mascota contigo. Hay gente que se ríe o se extraña de que llore por mi perro. Cuando una miembro de la familia se muere, todo el mundo que te conoce te da el pésame: tus amigos están contigo dándote ánimos, tus compañeros de trabajo te ofrecen todo su apoyo, tus jefes te dan todo el tiempo y ayuda que necesites, etc. ¿Pero qué ocurre cuando se muere tu mascota?

Trufa entró en mi vida por casualidad. Una perrita marrón, mestiza de chihuahua y pekinés. La más pequeña de su camada. Pronto se acostumbró a vivir con nosotros, se apropió de un sofá e hizo suya una manta. En cuanto te descuidabas se subía a la cama a buscarte para que le dieras calorcillo. Aprendió muchas palabras y algún truquillo sencillo que le enseñé. Le encantaba que le rascáramos su barriguilla rosada y peluda, y con que dijeras “Tru”, ella ya sabía que era a ella a quien llamábamos. Ha venido de vacaciones con nosotros adonde quiera que fuéramos y jamás se ha separado de nosotros ni una sola noche.

Después de esto creo que es fácil de entender lo que Trufa significa para todos nosotros, y lo que su muerte ha supuesto en mi casa y en mi familia. Su historia acaba un 20 de marzo de 2009 con una enfermedad llamada anemia hemolítica autoinmune (una enfermedad también presente en humanos), que aunque nosotros detectamos que algo no iba bien, su veterinario no fue capaz de hacerlo a tiempo. A pesar de transfusiones y otros tratamientos, Trufa falleció en una clínica veterinaria, dejando un gran vacío y tristeza.

Entonces llega lo peor: tener que superarlo, ir a trabajar todos los días llorando (aunque quieras evitarlo no puedes), que la gente te pregunte y que les digas lo que ha pasado, respuestas: ¿y por un perro te pones así? Pero ¿cuánto “duran” los perros? Pues lo que tienes que hacer es “coger” otro (cómo si se tratase de un objeto).

Y entonces te sorprende alguien acercándose a ti, diciendo que se ha enterado de lo ocurrido y que lo siente muchísimo, que te entiende perfectamente y que si necesitas algo sólo tienes que pedirlo.

Y te das cuenta de que hay gente que realmente ama a los animales tanto como tú, y que la experiencia que has tenido o estás teniendo con tu mascota es fantástica, y que no cambiarías por nada del mundo los años que has pasado con ellos: tu sacrificio personal y el amor incondicional que te dan los animales.

Y poquito a poco lo vas superando, aunque sigas llorando al ver esa foto que tanto te gusta, y aunque sepas que nunca será cómo antes, pero lo que has compartido te queda en el corazón para siempre, y sabes que te está esperando en ese lugar para que cuándo llegue tu hora, sepas dónde encontrarle (porque yo pienso ir a buscarla).

Sólo espero que esté bien y que sepa que su familia no va a olvidarla jamás.