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Ya no somos niños

¿Es aceptable que un niño orine en la calle? Muchos dirán y se excusarán que es un niño, que es normal que no se pueda aguantar. Es responsabilidad de los padres que no tengan que poner a sus hijos a mear en la calle. ¿Y un adulto? Por esa regla de tres “tampoco se puede aguantar”.

La calle de debajo de mi casa huele a meados que te dan hasta arcadas cuando pasas caminando. Y además sabes perfectamente que no son orines de perro. Es un sitio con poca luz de noche, al resguardo de los coches aparcados y hay gente que prefiere mear ahí antes que en su casa.

Hay ciertos comportamientos que sigo sin entender su porqué, como éste, o escupir por la calle, o hurgarse los restos de comida con cualquier cosa que se tenga a mano, eructar en público… Hay actitudes que permitimos en niños y hay gente que cree que sigue siendo niño.

Las leyes

Hay personas a las que les molestan las leyes. Hay personas que piensan que las leyes están para fastidiar. Nada más lejos: las leyes están para protegernos. Pero aún así algunos piensan que, por ejemplo, el hecho de que haya una señal de prohibido ir a más de 90, significa que “a mí me la sopla, voy a ir a 120, nadie me tiene que decir a cuánto debo ir con mi vehículo”. Si la carretera está estipulada a 90 es porque no reúne las condiciones para ir a más velocidad. Esto es un simple ejemplo.

 Hay gente que protesta por todo aquello que es beneficioso para el buen funcionamiento de la sociedad. Hay gente que no es capaz de mantener un buen comportamiento. Y que luego protesta incluso más cuando al no respetar esas normas de conducta, se ve sancionado; despotricando contra el estado, el gobierno y la madre que parió a todos ellos.

 El sentido común prima en muchas situaciones pero aún así parece ser que necesitamos carteles que nos recuerden que no se puede orinar en las piscinas, que no se debe robar el papel higiénico, que se debe dejar salir antes de entrar, que el último que llega es el último que entrará y que aunque tú quieras ir a 200 por hora hay gente que siente respeto ya no por su propia vida, sino por la de los demás.

Hay personas que estarían mejor viviendo entre animales, pero es que entre animales también hay leyes, todas en beneficio común de la supervivencia del grupo o manada.

Las leyes están para facilitarnos la convivencia. Hay gente a la que no le interesa estar a gusto con los demás.

Los modales

Hay cosas que echo de menos…

1º Conversaciones en voz baja en un restaurante o cualquier sitio público.
2º El no ceder el asiento a personas mayores, embarazadas o impedidas.
3º El sujetar la puerta al que viene detrás.
4º El esperar el ascensor para que entren otros.
5º El pedir disculpas cuando se estornuda.
6º El tratar de usted.
7º El saludar cuando se entra por primera vez en un sitio con un hola o buenos días.
8º El chocarse con alguien por error y recibir un grito en vez de un “disculpe”.
9º El dar las gracias cuando nos hacen un favor o nos sirven y empezar las frases con un “por favor, disculpe, ¿le importaría…?”.
10º El pedir permiso para fumar cuando se sabe que hay personas no fumadoras o salirse a fumar fuera cuando hay niños delante.
11º El pedir disculpas cuando estando en una conversación tu interlocutor tiene que responder el teléfono y te deja tirado.
12º El responder un simple email con un “gracias”.

Los gilipollas

He hablado de múltiples personajes presentes en nuestra vida: los fantasmas, los bocas, los rancios, los tocapelotas… Pero no creáis que me he olvidado de los que digamos, se podrían incluir en este grupo: los gilipollas.

El gilipollas abarca un 25% de fantasma, otro 25% de bocas, 25% de rancio y 25% de tocapelotas. Algunas personas tienen los porcentajes irregulares, pero viene a ser lo mismo. Gilipollas integral.

Hay gente que puede tener un 75% de fantasma (por ser un trolero), apenas un 10 de bocas, de rancio otro 10 y de tocapelotas un 5%. Porque generalmente los fantasmas no tienen mucha maldad. Únicamente hay que ignorarlos.

En segundo lugar está el que tiene mayoría de porcentaje de ser un bocas. Los problemas de los bocas es que sus “boquerías” como normalmente son favores que gritan a los cuatro vientos que, según ellos los van a cumplir (pero que sólo lo hacen para quedar bien para que sepamos que son tíos/as guays) pues joden. Ahí está la diferencia entre ser un fantasma y un bocas. Al primero lo ignoras, el segundo te puede fastidiar.

El nivel de ranciez (esta palabra me la acabo de inventar) se mide por las veces que se copula y/o folla. Normalmente los rancios no practican sexo entonces su frustración les lleva a estar cabreados con el mundo. Hay gente que SIEMPRE está en nivel de ranciez al máximo. Que es cuando te preguntas si serán vírgenes, claro, porque tanta amargura no es posible.

Hay una cosa peor que no te follen. Y es que te follen mal. Estos son los “malfollaos”, pero ya hablaré de ellos en otro momento.

Nos podemos encontrar un rancio fantasma. Que entonces te contaría que se ha tirao a fulanita (con lo rancio que es, que no folla ni pagando, y lo fantasma ya sabes que es mentira). O está el rancio bocas. De repente el rancio de la ofi se ofrece a traer unas bebidas para la despedida de una empleada que se jubila. Cosa que mosquea bastante en un alarde de querer camelarse a la peña del curro. Resultado final: no hay bebidas, sigue siendo un puto rancio y un bocas. Digamos que los rancios también están en la delgada línea de “esto de ser así tan amargao, ¿lo hará porque quiere o ni siquiera se da cuenta?”. Vale, el mundo te trata mal. ¿Por qué tengo que pagarlo yo?

Normalmente la combinación tocapelotas-fantasma no se suele dar, y es porque el término tocapelotas es bastante amplio en cuanto a comportamiento. Como digo el fantasma es bastante inofensivo y se le puede incluir en el grupo de los “cansinos” (ya hablaré más adelante de estos). Pero si nos encontramos con la combinación tocapelotas-rancio… estamos ante un duro enfrentamiento que nos tocará lidiar.

Ejemplo: vecino tocapelotas que ya nombré anteriormente, y que encima es el presidente de la comunidad de vecinos. Hay que tener en cuenta que en el comportamiento tocapelotas hay un grado de maldad e hijoputez bastante grande, por lo que hay que andarse con cuidado. El tío es un rancio, es decir, no saluda, no colabora, es un pasota… pero además va a ir a joder. Hay que poner un salva-escaleras para la vecina del 4º que va en silla de ruedas. No sólo se negará a costearla para instalarla, sino que encima pondrá neumáticos, un lago artificial con cocodrilos y una liana para llegar al ascensor. Habiendo llegado a este nivel hemos de decir que nos encontramos ante un GILIPOLLAS.

Ejemplos de gilipollas:

– No tengo nada en la nevera pero tengo un coche tuneao que es la hostia.

– Tengo un trabajo mal pagado pero pido un crédito para irme de vacaciones.

– Tengo un perro molón “de marca” pero no sé ni cuándo hay que vacunarlo o cuándo está enfermo.

– Tengo un bebé que va en cochecito y le compro zapatos “D&G”.

– No tengo ni la ESO pero tengo muchos “tatus” y “piercings”.

– No piso la iglesia desde que hice la comunión pero me voy a casar allí porque mola.

Id añadiendo a la lista.


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