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Los niños y los modales

Cuando era pequeña, y creo que a como todos los niños nos ha pasado, era aburrido salir con nuestros padres cuando iban a ver a otros adultos, ya fueran familiares o amigos. Hablaban de sus cosas, de sus chistes y bromas que no entendíamos, se fumaban sus cigarrillos o jugaban a las cartas. Y afortunado/a eras si tenías hermanos o allí había primos o niños de tu edad. Te acercabas sigilosamente al oído de tu madre y susurrabas: Mamá, ¿cuándo nos vamos? Y ella, sabiendo que no era cierto, te soltaba un: En cinco minutos, cariño. Ya terminamos.

Allí pasabas la tarde entera con instrucciones muy claras: NO MOLESTES. Eran normas de tus padres y había que cumplirlas.

Ahora vas a cualquier sitio y encuentras niños dando por culo por todas partes. No se libra ni un solo sitio: ni el cine, ni el restaurante, ni el avión, ni cualquier tienda… en todas partes tiene que haber un mocoso berreando. Y lo que es peor… padres totalmente carentes de autoridad pasando absolutamente de todo. No estoy hablando de bebés, que, evidentemente no se les pueden dar órdenes e inculcar una educación de reglas muy básicas. Hablo de niños de colegio totalmente asalvajados. Pero como digo, aquí la culpa no es de los niños.

Ejemplo muy sencillo. Vas a un restaurante un sábado por la noche, de cierta categoría a celebrar lo que quieras con tu pareja o amigos. No hablamos de un burguer donde es evidente que pueda haber niños. En la mesa de al lado se sientan dos matrimonios con dos o tres niños, sean del sexo que sean, de unos 4 ó 5 años. Los padres están a su bola y los niños… a la suya, o lo que es lo mismo, dando por culo a todos los comensales. Gritando, jugando con los cubiertos, levantándose de la mesa, metiéndose debajo… Comer no comen, pero joden que da gusto. Como anécdota os diré que a alguien se le ocurrió acercarse a la mesa y pedir, por favor, que dijeran algo a los niños. Uno de los padres, ni corto ni perezoso, dijo que estaba incluido en el precio. A lo que el molestado le reprendió: Ese precio lo habrá pagado usted, pero no los demás. Y visto que no le hicieron ni puto caso, pagó la cuenta y se marchó. Si el camarero o maître hubiera llamado la atención a los padres lo mismo se hubieran sentido ofendidos pero hubiera sido una buena nota de atención. Si yo hubiera sido ese maître les hubiera dicho un par de palabrejas.

Hay que soportar las pataditas en el asiento del avión, los “¡mamá, mira!” constantes (la madre ni puto caso, claro), los lloros porque la comida del restaurante no les gusta, los correteos incesantes entre probadores y parabanes.

Muchas veces cuando salgo por ahí y me preguntan dónde me quiero sentar me dan ganas de decir: Donde no haya niños.

Hace unos meses estuve de vacaciones en Tenerife y fui a dar a un guiri-hotel. El 90% del los ocupantes era extranjero, personal incluido. Vi a los niños extranjeros comportándose correctamente, como adultos, caminando en orden por el restaurante-buffet, sin alzar la voz… Había un niño de un año más o menos sentado en esas tronas que les ponen a los niños para que alcancen a la mesa, usando su propia cuchara y comiendo su papilla, y los padres tranquilamente charlando mientras desayunaban. En cuanto oías gritos sabías perfectamente que al mirar ibas a encontrarte a una pareja española con dos criajos metiendo berridos. Entre padres e hijos oías “please”, “thank you”… ¿Cuándo habéis oído a un niño pedir a su padre que le pase un tenedor “por favor”?

¿Se les inculca a los niños de hoy que hay que tratar de usted a los adultos? ¿Decir buenos días o saludar cuando se entra en un sitio y hay más gente? ¿Que hay que pedir permiso para entrar en una habitación? ¿Que hay que pedir por favor cualquier cosa que genere una molestia a los demás? A veces dudo de que los padres lo sepan. Sugeriría ciertas pruebas psicológicas antes de ponerse a procrear y dar un carnet de “habilitado para la procreación”. Porque visto lo visto hasta el momento he perdido toda fe en que un día un niño, mientras hable con su amiguito, le diga a su padre mientras éste los interrumpe: Disculpa, estamos hablando los menores.

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Lo que me molesta de los conductores

La mala conducción no es debida únicamente a la falta de civismo, de respeto y de responsabilidad hacia el resto de conductores de una vía, aunque sí podríamos decir que forma parte de la base principal.

Además, los malos conductores no tienen asumido lo que debe ser un “vehículo a motor”, y no es otra cosa que una maquinaria práctica y confortable para desplazarse ante una necesidad. Los muy gilipollas consideran a sus vehículos como una prolongación de sus cuerpos, porque se desplazarán en el mismo aun tratándose de ir a la vuelta de la esquina, porque para ellos es una moda, su forma de “vestir” con sus cuatro chapas y el color, su música con ventanillas bajadas para dejarse notar, incluso quemar gasolina a base de derrapes que no les llevan a ningún sitio concreto, pero lo aparentan mientras circulan orgullosos y a la “moda”, como si del más chuli se tratara.

A todo lo anterior unimos que circular en su propio vehículo les origina cierta euforia y engrandecimiento, cuando en realidad, los muy mierdas no son absolutamente nada cuando caminan a pie.

En definitiva, para muchos nefastos e irresponsables conductores, la adicción al coche por los motivos anteriormente citados, son más importantes que el cumplimiento de las normas de circulación, porque dicho sea de paso, guardar una formalidad en su cumplimiento no les mola, es como ir de bueno conformista, y por ello prefieren ir de rebeldes a los mandos del vehículo con el que tan seguros se sienten, porque los muy gilipollas creen que así se convierten en unos crack. Generalmente suelen ser los típicos niñatos, aunque se conocen casos de personas adultas. Desde luego tienen más pecado estas últimas.

El conductor español y en particular, el madrileño, es egoísta. Siempre es “yo, yo,  yo y yo”. Yo tengo que tomar este desvío y lo voy a hacer ahora venga quien venga. Yo tengo que aparcar enfrente de este bar pero como no hay sitio voy a aparcar en doble fila o en el carril bus. Yo tengo que aparcar en este sitio y meteré mi coche aunque tenga que golpear al vehículo de detrás o de delante.

El conductor español también sufre de amnesia. No recuerda que en cuanto se baje del coche será peatón. Y si le jode que un peatón se cruce por la calzada y le haga reducir velocidad lo mismo joderá a otro conductor cuando él mismo actúe igual.

Cuando me preguntan qué es lo que más me molesta de los conductores cuando voy en mi moto, lo numero en 5 situaciones:

1.    Que se crean que me voy a picar porque se me peguen al culo o al lado o me pongan miraditas en un semáforo.

2.    Que se crucen por mi camino a toda hostia para meterse en un desvío… que tiene un semáforo en rojo.

3.    Que se crean que me compré una moto para fardar. La compré por los mismos motivos que tú te compraste un coche: comodidad e independencia.

4.    Que no usen los intermitentes para indicar maniobras.

5.    Y sobre todo que no asuman que por pequeño que sea el golpe que me den, yo voy al suelo y mi cuerpo lo sufre.

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¿Es nuestra vida una mentira?

Nuestra vida no representa la vida real.

Vivimos en una burbuja, heredada en gran parte por nuestra familia, las tradiciones, conocimientos, creencias, religiones, temores, prejuicios, supersticiones, opiniones, puntos de vista; y complementada por las vivencias de nuestra propia vida.

Si lo analizamos nos daremos cuenta de que somos un subproducto de lo que pensaron, dijeron e hicieron otros por nosotros sin preguntaros. Que nuestros conceptos, nuestra religión o nuestras creencias varían no según la verdad, sino por nuestro contexto sociocultural.

¿Te has preguntado alguna vez cuáles serían tus creencias si hubieras nacido en Jordania, Israel, India o en El Tíbet? Seguramente serían muy diferentes a las que tienes ahora.

Entonces, ¿qué nos hace diferentes?

Lo que nos diferencia es el paquete de creencias que depositaron en nuestra mente. Pensamos con lo que sabemos y decimos lo que pensamos, pero la información que hay en nuestra  mente fue estratégicamente puesta ahí, en el transcurso de nuestra vida desde que éramos niños. Interiorizamos conceptos que forman parte de nuestras creencias más profundas y que nunca cuestionamos, asumiendo el 100% de su veracidad… sólo porque todos lo creen.

Por eso nuestro mundo se convierte en lo que estudias y enseñas lo que te enseñaron. En un sistema educativo sin fin que a toda costa busca uniformarnos para sus propósitos.

Te vistes de lo que te  hace falta y todo lo que dices son conceptos prestados que leíste en algún libro o escuchaste de alguien que te lo contó. Olvidando así que eres un ser inteligente, individual.

¿O acaso eres de los que creen que nació en un planeta para la vida para cumplir única y exclusivamente un ciclo como el de los animales? Nacer, crecer, reproducirse y morir.

Tu realidad de la burbuja no es más que un conjunto de programas mentales impuestos, que en gran parte has adquirido por los medios de comunicación, que te impiden pensar con claridad. Por eso no aceptas lo que no encaja en tu burbuja. Y en la mayoría de los casos no estás de acuerdo con la burbuja de los demás.

Por eso la humanidad está dividida y siempre lo estará mientras no estemos en un estado de conciencia colectiva. La arrogancia no te deja ver más allá de tu limitada y conformista burbuja. Porque todos creen que tienen la razón. Y la tienen, sí. Pero únicamente dentro de su burbuja. Y es más fácil rechazar que comprobar.

Eso que tú llamas vida, es tu cárcel, por más cómoda y lujosa que sea. Lo peor de todo es que no te das cuenta. Y cuando tu interior a través de tu mente trata de liberarse, entonces viene el entretenimiento.

Y si aún así no es suficiente, te llenan de vicios y te hacen creer que eso es vivir la vida. Te ponen a perseguir un mundo de ilusión, el que la sociedad te ha impuesto, para considerarte alguien que valga la pena. Es un sueño que has aceptado y buscas a toda costa la meta más grande a cumplir dentro de los 70 u 80 años que podrías vivir.

Es hora de ver una nueva realidad que sólo se puede ver con los ojos de la inteligencia. Allí está la batalla que verdaderamente tienes que librar. La que vence la ignorancia y derrota el fanatismo.

Las religiones hicieron lo que tenía que hacer para sobrevivir. Ahora ya están agonizantes. Ya no queda espacio para purgatorios y paraísos.

Volver a la realidad es una obligación. Empieza a vivir TU propia vida. Reinvéntate y descúbrete.

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El canon de belleza femenina es una abominación

El eslogan publicitario de L’Oréal es “Porque nosotras lo valemos”. Pero no va en serio, claro. Si lo hiciera, podría incluir a personas que se parezcan a “personas de verdad” en sus campañas de marketing. Así que la ASA “Autoridad de Estándares de Publicidad” ha decidido prohibir dos anuncios de L’Oréal: esto podría ser el comienzo de algo maravilloso.

En los dos anuncios salen, respectivamente, Julia Roberts de 43 años y Christy Turlington de 42 promocionando la base de maquillaje Lancôme Teint Miracle (fijáos qué cara le han dejado) y la base de maquillaje “eraser” de Maybelline (nótese el uso de la palabra “eraser”, que en inglés significa borrar, aniquilar, arrasar, y echad un ojo al anuncio). Estas señoras tienen ya una edad, en el mundo de la moda y belleza son unos vejestorios. Así que la belleza hizo lo que pensó que sería oportuno: tomó las fotografías, observó los defectos y los eliminó. Así aparecieron estas mujeres, improbablemente radiantes, extrañas y casi radioactivas.

Ningún maquillaje puede hacer eso. Las dos damas de los anuncios han sido digitalmente retocadas hasta el extremo. La marca también recibió críticas por la máscara de pestañas “Telescopic” en la que aparecía Penélope Cruz con pestañas postizas y el champú Elvive, protagonizado por Cheryl Cole con extensiones en el pelo.

No estoy en contra del uso del maquillaje, ni mucho menos. Tener la cara como el hijo bastardo de ET o ser Chewbacca no es mi reto. Pero el alcance de la industria de la belleza y de su hermana fea, la moda, llegan lejos para vender sus productos, de manera peligrosa y repugnante.

En busca del beneficio, se ha creado un ideal homogéneo de belleza femenina que no tiene nada que ver con cómo las mujeres son realmente. Ese ideal es una abominación – muerto de hambre, depilado, planchado, encogido y esquelético.

Su meta es VENDER INSATISFACCIÓN porque claro, el que te gustes a ti mismo no vende nada.

En los 50, 60 y en los 70 una talla 40, con caderas y pechos podría ser un bombazo en el cine. Marilyn Monroe, Jane Russell, Ava Gardner – todas tenían carne y rostros interesantes con imperfecciones. Jane Russell tenía unas cejas puntiagudas y la Gardner tenía un hoyuelo en la barbilla maravilloso. Eran personas, nada más. Las modelos y actrices de ahora son pequeñas y extrañamente idénticas, con toda la grasa absorbida y más pintadas que una puerta, extensiones de pelo hasta el infinito, con el efecto “chupachups” (la cabeza es enorme en comparación con el cuerpo), dietas, entrenadores personales… Eso no sólo es aburrido, ofensivo y una pesadilla para la gente que le gusta ver actrices que de verdad saben actuar, en vez de posar poniendo morritos. La cámara miente, y hoy más que nunca.

No tenéis más que fijaros en la semana de la moda de cualquier lugar – un evento de monstruoso autoengaño y estupidez. Me fijo más que en los modelitos en los pequeños bracitos de las maniquíes, que son del mismo grosor que sus muslos. Parecen enfermas, tambaleándose en esos tacones imposibles. Y la gente aplaude enloquecida cuando aparece el creador de tales telas, y te fijas en él/ella y te preguntas porqué no hace prendas para gente como él/ella, gente pequeña, no muy delgada, feúchos… Son inmunes y han olvidado cómo es la gente normal. También me doy cuenta de que ellos mismos son víctimas de su propio sueño. Galliano es un gilipollas, McQueen está muerto y sospecho que  sintiera algún aprecio por las mujeres. ¿Quién ve cómodo caminar con estos zapatos tan horrendos? Ambos Valentino y Lagerfeld parecen que hubieran abusado en demasía de la cirugía estética, lo que sugiere que no les gusta mucho el espejo. Estos diseñadores no aprecian a las mujeres, quieren vernos embutidas en tallas 34, con piernitas que apenas nos sostengan sobre zapatos horrorosamente enormes, con maquillaje que acentúen los huesos de nuestras caras. Y  las caras de estos individuos reflejan tristeza e insatisfacción, como mujeres viejas. Me gustaría verlos en pantuflas y batita saliendo a por el pan.

Cuando una modelo deja la pasarela y muere de fallo cardíaco o anorexia siempre surge algún debate sobre prohibir la talla cero (que es una 34 en Europa) y que se usen mujeres de “talla grande” o talla 6 (talla 40 en Europa, jaja, talla grande). En 2006 Armani dijo que había que luchar contra la anorexia. Mirad su colección de otoño-invierno 2011/12 y me decís si algo ha cambiado.

A veces un producto, como Dove usa “mujeres de verdad” – lo que significa gordas – en sus anuncios, pero esto es sólo es una artimaña. Una persona normal se siente identificada e incluso llega a decir “deberían hacer más anuncios como estos”. Un claro ejemplo de publicidad hipócrita. Utilizando, manipulando y exprimiendo las debilidades del ser humano han conseguido posicionarse en el mercado y además quedar como buenos, comprensivos y tolerantes. Su campaña publicitaria donde nos muestran a las “mujeres reales” y “la belleza real” me hace alucinar como pocas cosas. ¿Me lo parece a mí, o son todas guapas? Son distintas constituciones físicas, pero lo mejor de cada una de ellas. Esas chicas has sido elegidas bajo un exhaustivo casting, más complejo quizá, que elegir a una modelo “estándar”. ¿Me están tomando el pelo? Si nos van a mostrar su “belleza real”, ¿por qué no han elegido 6 chicas al azar?

Espera que ahora es cuando me da la risa, pues resulta que Dove es una marca de Unilever que entre otras tiene a Axe, caracterizada por una publicidad de claro carácter sexual protagonizada por mujeres  macizorras. Por un lado Dove, un producto orientado a la mujer y con un mensaje de aceptación de múltiples tipos de belleza y fomentando la autoestima y por otro lado Axe, un producto orientado al hombre, que explota el actual prototipo de belleza… sí, sí el de las “irreales“.
Y por favor, no empecéis a contarme que cada marca es independiente que me aburro. Es fantástico que la gente se acepte tal y como es, pero no lo utilicéis para venderme productos y compartas beneficios con los provenientes de los que predican un rol radicalmente opuesto.

Esto es como la tendencia actual de las empresas de hacer productos que respeten el medio ambiente. No es que les preocupe, lo que previamente han jodido sin escrúpulos, simplemente que la sociedad va tomando conciencia y el mercado destinado a este tipo de personas aumenta… y con ellas las ventas.

La revista Vogue hizo un reportaje donde el propio fotógrafo era fotografiado… sin cabeza. Probablemente era demasiado feo para aparecer con cabeza. Esa era la venganza de Vogue: hazle más delgado, quítale la cabeza.Eso es lo que quieren de nosotras, las mujeres, que no pensemos. Tenemos impuestos unos cánones que han pensado 3 misóginos de pacotilla. ¿Qué tiene de hermoso una mujer escuálida, con los pómulos afilados, con la clavícula sobresaliendo, con las costillas marcándose a través de las telas? ¿Por qué nos quieren ver así? ¿Por qué te quieres ver así?

A los jóvenes nadie les debe nada

Decía el gran Mark Twain: “No ande por ahí diciendo que el mundo le debe su sustento. El mundo no le debe nada. Estaba aquí antes”. Los tiempos cambian y actualmente la gente no sólo cree que el mundo le debe su sustento: también tiene que ponerle un piso, darle un trabajo y pagarle una pensión.

Eso al menos es lo que parece que pide el nuevo movimiento de extrema izquierda, colaborador en la preparación del 15-M y la famosa acampada de Sol, que trata de sacar provecho al descontento juvenil (40% de paro) para lo de siempre: más socialismo.

Una lectura del manifiesto “Juventud sin futuro”, firmado por profesores y otros profesionales de vivir de lo público que no creo estén muy afectados por la crisis, deja bastante claro que en realidad lo que quieren estos revolucionarios es que todo siga exactamente igual que ahora. La educación debe quedarse tal como está, porque ellos son la generación mejor preparada de la historia; las condiciones laborales, ni tocarlas: gracias a los sindicatos y a la negociación colectiva, los trabajadores tienen derechos; y, por supuesto, que los pisos no los vendan los malvados especuladores, sino que sea el Estado el que se encargue de repartirlos socialmente.

Dicen señalar a los culpables de la crisis, pero, aparte de la socorrida alusión al capitalismo, no se sabe a quiénes acusan. No hay un chivo expiatorio claro, y, puestos a movilizar a las masas, cuanto menos tengan éstas que pensar, mejor.

En todo este maremágnum revolucionario/conservador hay algo que sí moviliza a la juventud: la idea de que la sociedad le debe bastante y no está cumpliendo con su obligación. Pues bien, es una demanda que merece una respuesta muy clara por parte de la sociedad, y voy a intentar darla en su nombre.

Cuando las personas nacemos, no servimos para mucho: comemos, dormimos… y lloramos cuando no podemos comer o dormir. Nuestros padres u otras personas se encargan de nosotros durante esta etapa, y nos cuidan hasta que nos desarrollamos y aprendemos a valernos por nosotros mismos. En otras especies, de lo que se trata es de saber cazar, recolectar frutos y huir de los depredadores. En cambio, los seres humanos, para poder sobrevivir, necesitamos aprender algo mucho más complicado… y productivo: servir a los demás miembros de la sociedad. 

A nadie le gusta servir a otros. Todo sería mucho mejor si cada uno se pudiera dedicar a lo que quisiera y recibiera por ello lo necesario para vivir. Pero, mira por dónde, vivimos en el mundo real, un mundo donde los recursos son limitados; para conseguirlos tienes dos opciones: robarlos o intercambiar tus servicios por ellos. Y para poder intercambiar tus servicios por algo tan valioso como una casa o un salario no te queda más remedio que adecuarlos a algo que la sociedad valore lo suficiente.

Por lo tanto, antes de afirmar que la sociedad te debe algo, pregúntate qué has dado para merecer ese pago. Si la respuesta es: “Nada”, es que estás intentado quitar a la sociedad algo por lo que no has pagado. En otras palabras: la estás intentado robar. Y la sociedad no son sólo los banqueros o las multinacionales; la sociedad son tus tíos, el vecino de enfrente, el padre de tu mejor amigo y el panadero que se levanta a las 4 de la madrugada para hacer el pan que tanto te gusta.

¿Esto quiere decir que la juventud no tiene derecho a protestar? Todo lo contrario, porque de la misma manera que la sociedad no le debe nada, la juventud tampoco debe cosa alguna a la sociedad. Por lo tanto, no tiene por qué pagar las pensiones de gente que contribuyó a un sistema piramidal, ni tolerar leyes que privilegian a los trabajadores en activo por encima de los que se acaban de incorporar al mercado laboral; ni que se le hipoteque para sostener a cajas y promotoras que no quieren vender sus activos (pisos) a precios de mercado.

En definitiva, en vez de intentar robar a la sociedad, los jóvenes deberían intentar que cierta parte de la sociedad dejase de robarles. Aunque, claro, para eso que no cuenten con los abajofirmantes habituales: es lo que tiene ser un revolucionario financiado por el Estado.

“Verdades” por Chicaurbana


  1. Una de las tareas de un buen amigo sería borrar el historial de internet de tu ordenador si mueres.
  2. No hay cosa que joda más que darse cuenta durante una discusión de que estás equivocado/a.
  3. Me arrepiento totalmente de aquellas veces cuando era pequeña que no quería dormir la siesta.
  4. Es totalmente necesaria una fuente para el Word o el email que identifique el “sarcasmo”.
  5. ¿Cómo cojones se dobla una sábana bajera?
  6. Las decisiones equivocadas son el germen de las buenas historias.
  7. Nunca sabes cuándo caerá un rayo pero llega un momento del día en el trabajo que sabes que no harás nada productivo.
  8. ¿Podemos ignorar lo que venga después del blu-ray de una vez por todas?
  9. Siempre me pongo nerviosa cuando salgo del Word y me pregunta si quiero guardar los cambios de un escrito de 10 páginas que JURO POR DIOS que no he tocado.
  10. No lavar a máquina ni secar en secadora significa “Jamás lo voy a lavar”.
  11. Odio cuando no consigo coger una llamada telefónica e inmediatamente llamo y da señal durante 9 veces hasta que salta el buzón. ¿Qué narices hicieron después de llamarme? ¿Tirar el teléfono y salir corriendo?
  12. Odio salir de casa segura y arreglada y no ver a nadie interesante en todo el día.
  13. Guardo algunos números de teléfonos en mi agenda del móvil para saber cuándo no contestar.
  14. Pienso que el congelador se merece también una luz.
  15. El GPS, al igual que te deja elegir si quieres ir por autopista de peaje o no, debería también ofrecer “pasar por gueto o no”.
  16. Prefiero volver del súper con 10 bolsas de plástico hasta los topes que volver por segunda vez.
  17. He pasado mucho tiempo descifrando la delgada línea entre “aburrimiento” y “hambre”.
  18. ¿Cuántas veces es apropiado decir “¿qué”? antes de simplemente asentir y sonreír porque no has entendido lo que ha dicho el otro?
  19. Las camisetas se ensucian. La ropa interior se ensucia. Los vaqueros nunca se ensucian.
  20. ¿Soy yo o los chavales de instituto son cada vez más gilipollas?
  21. No hay peor sensación que ese milisegundo en el que te balanceas en la silla hacia atrás.
  22. Como conductora odio a los peatones y como peatón odio a los conductores. Pero no importa cuál sea mi condición porque odio a los ciclistas.
  23. A veces miro mi reloj hasta 3 veces seguidas y todavía no sé qué hora es.

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El deporte

No me gusta ni el motociclismo ni el automovilismo. Y eso que tengo una moto, quiero decir, que si no me gustara o lo odiara, no me la habría comprado. Pero que no me guste no quiere decir tampoco que no lo entienda.

Mucha gente discrepará conmigo pero no los considero deportes. No son deportes para mí. ¿Qué es deporte? Si nos ajustamos a las definiciones de la RAE, que son estas:

  1. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.
  2. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.

Actividad física. Hay muchos conceptos de actividad física. Fregar el suelo, barrer la calle, poner ladrillos… todo ello supone una actividad física, pero no por ello están considerados deportes. Pues para mi pasa exactamente lo mismo con estos dos supuestos deportes, el automovilismo y el motociclismo. ¿Es lo mismo correr un maratón o una vuelta ciclista que barrer la calle durante ocho horas o fregar suelos? No. Para mi el deporte es aquel en el que sólo interviene el cuerpo humano o algún elemento que genere movimiento manualmente. Por ejemplo, la bicicleta.

¿Por qué no considero la Fórmula 1 deporte? Porque hay un elemento que se mueve con engranajes y carburante, no se mueve únicamente con el cuerpo humano. Algunos dirán que también es ejercicio físico conducir. Yo no lo niego, pero sólo digo que no es comparable con el resto de actividades físicas también consideradas deportes. Nadie habla de que no tengan pericia para conducir, pero repito, no es comparable al atletismo, ni a la natación ni tampoco al ciclismo.

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