Hortera y cutre

Ambos términos se utilizan para denotar el mal gusto, pero no significan lo mismo y no se aplican indistintamente.

A ver si me explico… hortera es el resultado de un exceso, cutre en cambio es consecuencia de una carencia. Veamos unos ejemplos:

- Un cuarentón con camisa de raso brillante, desabrochada casi hasta el ombligo, mostrando el pecholobo sobre el que se balancea una cadena de oro gruesa con un Cristo redentor, con gafas de sol RayBan y pelo engominado patrás. Eso es HORTERA.
– En cambio otro cuarentón, que se está quedando calvo y se hace “la cortinilla” para tapar la calva superior, lleva un pantalón que le queda pesquero y camisa a cuadros estilo leñador, es un tipo CUTRE.

- Una señora de edad indeterminada, con pendientes de plástico rojo, blusón de seda de color fucsia, con zapatos de tacón de aguja y cinturón dorado, es HORTERA.
– Otra señora de edad indeterminada, con unas raíces que indican que hace tres meses que debería haber ido a la peluquería que se va a cenar a un restaurante con sudadera y pantalón de chándal, es CUTRE.

- Un bar, con luces fluorescentes de los 80, sombrillas hawaianas, mobiliario de plástico chillón, cubierto con almohadones imitando al leopardo y espejos ahumados ocupando la mitad de las paredes, es HORTERA
– Un bar con mesas y sillas de aluminio, suelo de hormigón, cuya única decoración son las fotografías de los calendarios de los negocios del vecindario sobre una pared descascarillada, es CUTRE.

Las leyes

Hay personas a las que les molestan las leyes. Hay personas que piensan que las leyes están para fastidiar. Nada más lejos: las leyes están para protegernos. Pero aún así algunos piensan que, por ejemplo, el hecho de que haya una señal de prohibido ir a más de 90, significa que “a mí me la sopla, voy a ir a 120, nadie me tiene que decir a cuánto debo ir con mi vehículo”. Si la carretera está estipulada a 90 es porque no reúne las condiciones para ir a más velocidad. Esto es un simple ejemplo.

 Hay gente que protesta por todo aquello que es beneficioso para el buen funcionamiento de la sociedad. Hay gente que no es capaz de mantener un buen comportamiento. Y que luego protesta incluso más cuando al no respetar esas normas de conducta, se ve sancionado; despotricando contra el estado, el gobierno y la madre que parió a todos ellos.

 El sentido común prima en muchas situaciones pero aún así parece ser que necesitamos carteles que nos recuerden que no se puede orinar en las piscinas, que no se debe robar el papel higiénico, que se debe dejar salir antes de entrar, que el último que llega es el último que entrará y que aunque tú quieras ir a 200 por hora hay gente que siente respeto ya no por su propia vida, sino por la de los demás.

Hay personas que estarían mejor viviendo entre animales, pero es que entre animales también hay leyes, todas en beneficio común de la supervivencia del grupo o manada.

Las leyes están para facilitarnos la convivencia. Hay gente a la que no le interesa estar a gusto con los demás.

Los animales y el lenguaje

Nuestro vocabulario está repleto de expresiones relacionadas con nuestros queridos animales, algunas más que otras, y otras también más acertadas en cuanto a aspecto, olor y comportamiento.

  • Estar hecho unos zorros: tener mal aspecto.
  • Oler a tigre: Oler mal.
  • Ser una leonera: Generalmente aplicado a las habitaciones de adolescentes, en la que está todo desordenado.
  • Ponerse como una foca: Engordar.
  • Llevarse el gato al agua: Salirse con la suya en una situación o discusión.
  • Montar un pollo: Armar un lío.
  • Estar en la edad del pavo: estar en la adolescencia.
  • Ser una foca: Estar gorda.
  • Ser una cola de lagartija: Ser una persona muy inquieta, aplicado a que aun después de perder la lagartija su cola, ésta se sigue moviendo.
  • Ser un buitre: Ser un aprovechado y también aplicado a personas que aún ya no habiendo nada que sacar, siguen al quite.
  • Ser un lince: Ser rápido y astuto.
  • Estar canino: Se puede aplicar a tanto a tener hambre como estar falto de relaciones sexuales.
  • Por si las moscas: Esta expresión se aplica a cuando se toman precauciones con antelación.
  • Mosquearse o estar con la mosca detrás de la oreja: Volverse desconfiado.
  • Lagarto, lagarto: Una expresión que se utiliza a modo de superstición para evitar males.
  • Cambiar el agua al canario: Ir a mear.
  • Ir al tigre: Ir a cagar. Que puede que de ahí venga también lo de “oler a tigre”.
  • Memoria de elefante: Tener muy buena memoria.
  • Memoria de pez: Al contrario que el elefante, este animal posee justo lo contrario.
  • Ser un rata: Ser un roñoso y agarrao.
  • Sentirse como pez en el agua: Sentirse a gusto y cómodo en una situación.
  • Hablar como un loro: Hablar como ese mismo.
  • Ser una cacatúa: Aplicado a mujeres de manera despectiva, mujer parlanchina y también aplicado a mujeres de avanzada edad que quieren aparentar menor edad arreglándose y maquillándose en demasía.
  • Ser un zorro: Hombre astuto.
  • Estar como un toro: Gozar de buena salud.
  • Estar como una vaca: Estar gorda.
  • Ser un borrico: Ser un zopenco.
  • Ser una zorra: Al contrario que en masculino, aplicado a mujeres de manera despectiva para designar a aquellas que venden favores sexuales.
  • Ser o estar perro: Estar o ser un vago.
  • Ser un avispado: Ser un enterado.
  • Ser un búho: Persona de costumbres nocturnas.
  • Ser un gallo o gallito: Generalmente aplicado a jóvenes de actitudes chulescas.
  • Ser más terco que un mulo: Pues ser más terco que ese animal.
  • Ser un ovejo modorro: Persona ignorante.
  • Ser un cabestro: Ser una persona ignorante pero tirando a tozudo.
  • Ser un pavo: Ser un soso.
  • Moco de pavo: Valor que se le da a ciertas cosas. “Eso no es moco de pavo”, quiere decir que es importante.
  • Estar como una cabra: Estar loco.
  • Ser un gallina: Ser cobarde.
  • Hacer el ganso o ser un ganso: Persona torpe y chistosa.
  • Estar como gato panza arriba: Disfrutar de una situación.
  • Ser más raro que un perro verde: Ser extremadamente extraño.
  • Ser mono: Ser guapo.
  • Estar con el mono: Tener síndrome de abstinencia.
  • Dormir la mona: Dormir después de una borrachera.
  • Hacer monerías: Hacer gestos graciosos.
  • Hacer la cobra: Esquivar intercambio de saliva con seres no deseados.

(El famoso moco de pavo)

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San Valentín...prff...

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El Día de San Valentín, desde que tengo memoria, siempre ha causado en mi una especie de total perplejidad que va desde el nerviosismo irracional, hasta la pasteurización parcial de mi entendimiento (jojojo). Toda la parafernalia que envuelve al día del amor y la amistad, me parece a parte de kitsh, bastante incómoda. Digo, ya de por sí es bastante surrealista estar enamorado (en el mejor de los casos) o tener un amigo que nos soporte (casi siempre, muy a su pesar).

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Desahuciados

¿De quién es la culpa de que haya gente desahuciada, sin casa y encima teniendo que pagar la deuda de una casa que no tienen? Elija la correcta

a)      Del banco, vaya panda esos del banco, no tener ni un poco de misericordia.

b)      De la sociedad, es que estamos muy mal y ella es la culpable de todas las desgracias.

c)       De Zapatero, qué tío más feo y desgraciao.

Respuesta: Ninguna de las tres. La culpa es de ellos mismos.

Diréis, noooo, la culpa es del banco que les dio la hipoteca como si fuera regalada. Sí, pero… ¿alguien les puso a los futuros propietarios una pistola en la sien y los obligó?
Esto es como tantas muchas cosas de la vida: están ahí para usarlas y sacarles beneficio, pero nadie nos obliga. ¡La culpa es de las drogas! Ya, pero ¿quién se las toma? Ojo, no estoy defendiendo a los bancos ni trabajo para uno de ellos. Los bancos son todos unos mamones que se aprovechan del cliente, esa es su principal función, y los beneficios obtenidos son 80% comisiones e intereses (o más).

Los bancos viven de comisiones y de desgraciados como tú y como yo. Ese es su trabajo. Ellos te ofrecen diferentes productos, uno de ellos es una hipoteca a 40 años. Ahí va la pareja ilusionada, ganando mil eurillos cada uno de ellos. Van a pagar unos 800 euros al mes de hipoteca. El salario prácticamente de uno de ellos se va en la hipoteca, pero aún así, el banco también les dice: Anda, cambiaros de coche, que también os lo ponemos fácil. Y ella se queda embarazada. Después de tener al bebé y de incorporarse a su puesto de trabajo, a ella la despiden.

¡Qué malos los tíos del banco! ¿Cómo pueden dormir sabiendo lo que está pasando esta familia? ¿De qué van a comer? ¿De qué van a vivir? ¿Cómo van a pagar las facturas?

Mirad, yo siempre digo que los errores, cada uno que pague los suyos. El banco, por muchas cosas que te ofreciera, no te obligó, la culpa no es del banco, asumámoslo. Estaba en tus manos el estudiar las posibilidades, pero claro, te ponen la miel en los labios, ¡todo facilidades! Realmente no pensaron los pros y los contras de todo esto. No, dirán algunos, lo bueno de la compra de una vivienda es que cada mes que pasa es un poquito más tuya. Los que viven de alquiler, cuando llegan a casa de trabajar y ponen un pie dentro, también están en SU casa. El que deja de pagar la hipoteca durante un mes, lo echan. Anda, al de alquiler también. O sea, que las similitudes aparecen cuando las cosas van mal. ¿Nadie pensó cuando las cosas se pusieran feas? El alquiler, al igual que la hipoteca, son negociables y en ningún momento nadie nos obliga. ¿Qué culpa tengo yo de que vendan drogas en la calle, o CDs piratas, o perfumes robados? Ninguna, pero tengo la elección de comprar o no comprar. Sé que está mal, que han robado en un comercio para luego hacer su negocio, que le han robado las ideas a ese artistas con ese CD, que las drogas que venden vienen de una plantación en el culo del mundo que la recogen niños. El mundo está lleno decisiones y está en nuestras manos. Sé que me veré ahogada por una hipoteca, la cual, si todo va bien y de esto no estoy muy segura, terminaré de pagar con 70 años. En esta vida pocas veces nos obligan a hacer las cosas, excepto cuando eres niño y te toca recoger la mesa. Cuando eres adulto decides qué carrera escoger, con quien salir, qué coche comprarte, si casarte o no, si endeudarte de por vida o no.

La depilación

¿Depilados o sin depilar?

He ahí la cuestión. Nos venden en la tele y las revistas el típico tío pelao como un huevo duro, más depilado que una Barbie. ¿Pero es eso la realidad? ¿Qué nos gusta a las mujeres?

¿Un tío que se afeite hasta el hígado? ¿Que se gaste más pasta en depilación y peluquería que nosotras mismas? Muchas gustan del típico peludo descuidado, que se le juntan los pelillos de la nariz con los del bigote, que le salen los pelos por las orejas, luce una elegante ceja (una sola), y su espalda está poblada con núcleos vellosos del tamaño de Australia. Otras no quieren ver ni aparecer un solo pelo, les da “asco”. Sí, asco, algo que es común en todos los seres humanos.

El vello tiene su función. Los pelitos de la nariz y del oído están ahí a modo de filtro contra impurezas y bacterias. El vello de las axilas y el vello púbico tienen su función sudorípara y también de defensa contra agentes externos. El vello no es feo y no quiere decir que la persona tenga hábitos higiénicos poco saludables, simplemente está ahí, y es nuestra elección el eliminarlo o no.

A nivel estético no estaría de más quitar el vello que está digamos “fuera de lugar”, véase, cejas muy pobladas (sobre todo si hablamos del fenómeno “uniceja”), axilas (sobre todo en las chicas, cuando llevamos camisetas sin mangas y se levantan los brazos), labio superior (= bigote, como ese de las abuelas que cuando te besan, pican como cactus), la línea del bikini (esto sinceramente es repugnante, para mi gusto), y patillacas (fenómeno “pantojil”).

Hay multitud de productos y técnicas, tanto para mujeres como para hombres, para deshacernos del vello no deseado. Unos más dolorosos, otros menos, unos económicos, otros no tantos. También existe la decoloración, que no elimina el vello, pero te lo pone blanco. Ah, bien, ahora tengo bigote de albina.

Cuando llegamos a extremos nos encontramos con que el chico que se cuidaba medianamente se ha convertido en metrosexual. Que gasta más en productos de belleza que tú. Que usa un perfume de 80 euros. Y lo que es peor. Va un día y te dice: “Tienes un pelito aquí”.

Y es que la depilación es como una droga. Una vez que empiezas, es difícil salir de esa rutina. Lo dejo, pero no. Dos semanas más tarde ese pelo vuelve a estar ahí. E incluso te da la sensación de que ha salido más fuerte. Como desafiante: Anda… coge las pinzas, quémate con la cera… que conmigo no podrás.

¿Qué podemos hacer frente a esta situación? Pues dos cosas: Una, entrar en ese círculo vicioso, o bien no. Y cuando nos equivoquen con la hermana de Chiwaca, si eso, nos depilamos.

Papá, teta

Queridos copulantes:

Los hombres tienen las glándulas mamarias atrofiadas. Pero, atrofiadas y todo, ahí están. Son legados embrionarios que permanecen en los fetos varones aun después de definirse el sexo, y les acompañan de por vida.

Algunos mamíferos macho no tienen conductos lácteos ni pezón; pero otros, como perros y primates –incluidos los humanos–, no sólo tienen conductos lácteos y pezón: es que, en ellos, antes de la pubertad apenas existen diferencias entre los sexos.

Los hombres contemplan sus tetillas con una actitud ambivalente. Por un lado, no les gusta estar en posesión de un residuo embrionario propio de las mujeres que la evolución, remendona y chapucera, dejó ahí aparcado. Pero, por otro, han sabido hacer de la necesidad virtud y cultivan sus músculos pectorales como el que saca brillo a un tesoro. El sueño de todo varón es poder presumir de tener el pecho duro y muy dibujado. A veces, hasta los más flácidos y caducos meten barriga y ponen pecho de lobo cuando pasean por la playa.

Hay sociobiólogos que ven en el culturismo y en la depilación masculina un intento de emular, a la manera varonil, las redondas suavidades del tejido adiposo femenino. Lo cierto es que los músculos constituyen una estructura de cortejo honesta que muestra la capacidad de un varón para trabajar, o realizar esfuerzos puntuales. Claro que también pueden mostrar su capacidad para hacer el bestia y meterse en líos.

El pecho masculino, al contrario que el femenino, no está reconocido como parte pudenda; por eso, antiguamente, los héroes masculinos lucían tetilla tanto en las revistas infantiles como en el cine, y hasta la monjita más pura contemplaba con naturalidad las películas de romanos. Así que, aunque  censuraban los besos de Sissi, la filmografía de peplos caídos era típica de Semana Santa. Los niños de entonces fueron testigos de cómo Charlton Heston tenía talento suficiente para hacer dos cosas a la vez: lucir tetillas y matar al malo. Y de cómo Kirk Douglas, hoyuelo en ristre y vestido con bragas de harapos, podía eclipsar sus piernecitas enclenques a base de lucir, para regodeo de los gais, un escudo pectoral más ancho que alto.

Como a las mujeres, lo mismo que a todo el mundo, nos gustan las cosas redonditas y calientes, queremos hacer de las tetillas un asunto lascivo; pero, ¡sacrilegio!, muchos hombres son capaces de matar por eso. Ahí tenemos la hilarante novela de Tom Sharpe en la que el protagonista planea matar a su esposa porque, entre otras manías, está empeñada en estimularle los pezones. Es una actitud reprobable, por parte de los hombres, que nos provoquen todo el rato como si ahí no hubiera nada interesante y luego no permitirnos meterles mano o, lo que es peor, aburrirse mientras les metemos mano, esperando el momento de introducir en escena otros miembros más viriles y que las tetillas hagan mutis por el foro.

Pero la parte femenina que hay en todo macho florece algunas veces sin complejos. Una vez oí a un hombre –muy masculino, por cierto– confesar que sentía ganas de darle la teta a su bebé. Pocos se atreverían a expresar un deseo que pusiera en entredicho su virilidad. Y una declaración así no pone en entredicho nada. Las hormonas no son diferentes para machos y hembras; aquí lo que se dirime es una cuestión de cantidad. Y un padre muy cercano a su bebé puede aumentar la concentración de algunas hormonas comprometidas con la lactancia, como la prolactina. Eso no lo hace más femenino, sino mucho más encantador. Igualmente, al estimular los pezones de hombres y mujeres, los niveles de prolactina se elevan. Quizá por eso muchos hombres rechazan ese tipo de juegos.

Veamos, queridos: Prometí comerme mi faja reductora cuando un camionero gallego segregara más leche que una nodriza payesa. De momento, va a ser que no. Sin embargo, los hombres, bajo ciertas circunstancias patológicas, pueden dar un paso más en el desarrollo de su tejido glandular y producir cierta cantidad de leche. La ginecomastia –aumento del volumen de la glándula mamaria en el varón– es una de las pesadillas masculinas recurrentes. Precisamente por eso, este trastorno aparece a menudo reflejado en obras de arte. Demonios cornudos con pechos, dragones con pechos, ánimas (masculinas) del purgatorio, retorciéndose entre las llamas, con pechos y hermafroditas medio en bolas con bolas y pechos aparecen en lienzos, en grupos escultóricos, en petos de las ánimas y en muebles estilo remordimiento que habréis visto en los despachos de notarios carrozones con solera. Son horrorosamente bonitos.

La ginecomastia puede ser pasajera, típica de la pubertad, o ser cosa de familia. En este caso se recurre a la cirugía estética (y al psicólogo). Hay otra ginecomastia endocrina, causada por tumores testiculares o suprarrenales, hipogonadismo o cualquier cosa que revolucione las hormonas. También puede aparecer en el transcurso de enfermedades como la lepra… y otras que no digo porque sois unos aprensivos.

A veces ocurre que los recién nacidos de algunas especies –también la nuestra–, influidos por las hormonas maternas, producen una secreción llamada leche de bruja. La producción de leche masculina no es fisiológicamente imposible. Es relativamente frecuente y espontánea en los machos cabríos, y se puede inducir, mediante inyecciones de hormonas, en algunos machos, por ejemplo en bueyes, perros, cobayas y humanos. Pero esta leche es bastante escasa, y a los machos ni se les ocurre dar de mamar.

La producción de leche espontánea se ha comprobado, a menudo, en individuos que habían sufrido hambrunas –por ejemplo, prisioneros de campos de concentración– y que se encontraban en proceso de recuperación. La explicación es que el hígado, que destruye las hormonas, se recupera más lentamente que las glándulas que las producen, por ello los niveles hormonales se disparan sin control.

¿Por qué la lactancia masculina no fue contemplada durante la evolución? Muy pocos machos ejercen de padres, y, entre éstos, la lactancia no es, probablemente, la mejor ayuda que pueden procurar a sus hijos. Sea como fuere, lo cierto es que en 1994 se descubrió que, entre las 4.300 especies de mamíferos existentes, hay un macho que amamanta junto con la hembra. Se trata del murciélago frugívoro de Dyak. Soy escéptica.

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