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Un pensamiento

Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo.

El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.

Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso… mi querido amigo… es el fin de cualquier Nación.

“No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.

Adrian Rogers, 1931

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Es una lataaaa, el trabajaaaar…

Hola coleguitas. Os escribe vuestra amiga ex – parada. Qué bien. Hace 3 días averigüé que hay gente que se levanta más temprano que yo. Es decir, básicamente ellos podrían poner en marcha el metro de Madrid. Es increíble la fauna que hay a esas horas.  Pero en fin… centrándonos en mi nuevo trabajo… puntualicemos.

  • Me lleva casi hora y media llegar.
  • No me pagan la comida.
  • Mi ordenador es del periodo jurásico.

Por lo tanto, me levanto a las cinco y media de la mañana, tengo que comer de taperwas, y vamos, no me puedo ni bajar el messenger, jajaja. ¡Qué menos!, ¿no? Ah bueno, y llego a casa a eso de las siete de la tarde. O sea, que no tengo vida propia porque cuando llego a casa sólo hay ganas de pillar el sofá (o la cama, según se precie) y olvidarme del mundo.

Qué guay es trabajar.

Bueno, hay carcamales que se desviven para una empresa que ni siquiera es suya; a mi me suda la polla. Si fuera mi negocio, vaya… pero para una multinacional que sólo le importan los beneficios. No se interesa por el empleado que tiene a su padre en el hospital, o la mujer que ha tenido que
dejar a su hijo pequeño con la vecina…

Resumiendo. El trabajo de recepcionista es duro. ¡Qué digo! Trabajar en sí es duro.

Gracias a todos por vuestros comentarios de apoyo.

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Qué bien se está en sofá

Que si me gusta el deporte. Chata, creo que no hago deporte desde que murió Cooper. Sí, el del famoso test de Cooper. Ayyy… qué recuerdos en el instituto. A comienzo de cada año el profesor de educación física siempre nos hacía el test de Cooper. El objetivo de la prueba es recorrer la máxima distancia posible en 12 minutos y sirve para medir la resistencia aeróbica. Correr 3000 metros es un muy buen resultado. El patio de mi tuto tenía unos 1000 m2. Sólo os digo que a (duras) penas llegaba a dar una vuelta completa sin echar la bilis por la boca. Y todo esto viene porque hoy, precisamente, me han hecho una encuesta sobre deporte. Pero no por teléfono, claro, porque por teléfono es más impersonal, le dices que se te queman las lentejas y apañao, pero no, ha sido de esas en la calle, más concretamente en el portal del edificio donde (digamos que) curro. ¿Y sabéis por qué acepté?
Porque yo también trabajé de encuestadora, por teléfono, que es también jodido. “Si sólo van a ser 2 minutos”. Erm… yo ya me conozco esos dos minutos, guapa. ¡10 minutos! Preguntándome sobre mis hábitos deportísticos. Mi respuesta: Puedes responder a todo que no. No, sí es más extenso… Que te lo puedes ahorrar, chatina. ¿Alguna vez has practicado…? No. ¿Piensa que en un futuro…? No. ¿Qué opina de…? No. Amos, parecía un árbitro de tenis. ¡NooOOoOO! Que son ahí las 3 de la tarde y ves a peña correr. Con lo bien que se está en el sofá, por dios, eso es un crimen. ¡Qué yo he visto a peña correr los domingos por la mañana! ¿Qué pasa, que esa gente no se pilla cogorzas los sábados noche?

Lo siento, yo me quedo con mi sofá.

¡A levantar España! (sí, pero desde casita)

¿Qué puede ser más aburrido que un lunes por la mañana sola en la oficina? Pues sí, amiguitos… Aquí la peña se pasa la puntualidad por eso que llaman el forro de los cojones. Y es que la gente es así. Os voy a contar el modus operandi de esta gente. Resulta que son los típicos compañeros de trabajo que llegan a las 10.30 de la mañana, con el periódico debajo del brazo y con cara de venir agobiadísimos. Llegan al sitio, encienden el ordenador y ¡hala! a la cafetería a tomarse el café. A eso de las 12 se les ocurre pasar por su sitio de trabajo y ¡madre mía! El correo a tope, el contestador lleno, y montón de posites con mensajes. Porque luego así pasa, que se creen que están muy solicitados y se lo terminan creyendo.

Pero lo más fuerte de este subgénero de vaguería española es que luego, se quedan “trabajando” hasta las tantas. Y ay, pobre Ramírez, que se queda hasta las 9 de la noche… Y claro, echando cuentas, trabajáis lo mismo, sólo que estos especímenes fingen mejor. Y eso jode. Por no hablar de que cuando por un casual los pillas en su sitio nunca tienen tiempo para atenderte o bien están hablando por teléfono. Pero shh! tranquilo, que no será por asuntos de trabajo. Os contaré una historia que me pasó en una empresa en la que estuve. Cierto mes llegó un recibo de teléfono bastante considerable. Y estoy hablando de una empresa de más de 120 personas. Y no se le ocurre otra cosa más entretenida al jefe que darme la factura y decirme que ordene los teléfonos de los destinatarios que más llamadas han recibido, para averiguar así si tienen algo que ver con la empresa.
Y, lo que es peor, que les llame y les pregunte si tienen algo que ver con la compañía. Patéticas mis conversaciones. Para muestra, lo siguiente:

– Hola, buenos días. Le llamo de la empresa Pepe Pérez ¿me podría decir si tiene usted alguna relación con esta compañía?
– ¿Ein?

– Que si me podría decir si tiene usted alguna relación con la empresa Pepe Pérez.

–  Es que estoy en el Carrefour ahora, sabes, y ando ocupaílla.

Con eso creo que he dicho todo.