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Café con pincho de tortilla

Esta mañana surgió la conversación acerca de esas personas que se toman un pincho de tortilla con un café con leche. Todos estamos en que cada uno come lo que le apetece y hace lo que le da la gana y bueno, por eso yo también comento. Lo que voy a hacer, la próxima vez que vaya a un bar, será pedirme un colacao con unos boquerones en vinagre.

Quiero decir… ¿no sería mejor comerse una tostada o un croissant con el café que con un pincho de tortilla? La primera vez que lo vi casi echo la pota, ¡ya pensé que el individuo iba a remojar la tortilla en el café!

Y todo esto viene también por la nueva cocina de diseño que se estila por estos tiempos. Unas cartas incomprensibles, con ingredientes raros, técnicas con nitrógeno, que te hacen poner cara de “¿pero esto qué coño es? ¿esto se come o se esnifa?”. Estos nuevos cocineros se creen que mezclando una carne con salsa de chocolate o caramelo de naranja fundido son la hostia. O sea, un solomillo de 250 gramos que él sólo cuesta 20 pavos me lo aderezas con mermelada de frambuesa. ¡NO ME JODAS! ¿Y para desayunar? Ah, sí, la tortilla de papas, ¿no?

Es como el mundo al revés. Hay peña que toma cereales para cenar, tortilla para desayunar, carne con salsa de caramelo de pistacho para comer… Y un bocata de boquerones para merendar para los nenes, según salgan de cole, ¿vale?

Mucha cocina de diseño pero sinceramente, te cambio ese solomillo con frambuesa por una ración de patatas fritas con huevo y chistorra.

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La propina

Propina… ¿sí o no? ¿Por qué se da propina a un camarero? ¿Por qué no se le da propina a una dependienta de un comercio textil? ¿Un oficinista por qué no se lleva propinas? ¿Una recepcionista se lleva más propinas si atiende más llamadas? ¿Un carnicero que despacha con más rapidez y eficacia se lleva propinas?

Para mí la filosofía de la propina en la hostelería consiste en: muy bien, este es tu trabajo, pero si además de hacer lo que tienes que hacer te lo curras un poquito más conmigo, te vas a llevar una recompensa. Cosas como estar atento si se me acaba la bebida, preguntar si está todo bien, sugerir algún plato, recordarme de otras veces y saber qué voy a pedir. No estamos hablando del típico camareta cansino, ya sabéis a qué me refiero, detallitos que nosotros como clientes, notamos y agradecemos.

Me compré una cámara de fotos en marzo de 2008, costó unos 700 €. La probé, y desde la fecha estoy encantada, así que he decidido enviarles un 15% de lo que me costó a los ingenieros que lo diseñaron.

Os preguntaréis porqué lo he hecho… el motivo es simple: la empresa que comercializa estas cámaras les paga un sueldo ínfimo a los ingenieros, y ellos viven realmente del dinero que reciben de los clientes, que es compartido entre todos los ingenieros de la compañía que trabajaron para crear esta cámara.

¿Parece esto coherente? A mí no, porque quien les dijo a ellos el tipo de producto que tenían que desarrollar es el director de marketing de la compañía, y el responsable de cómo son finalmente fabricados es el director de calidad, que hace lo que el de operaciones le dice. Entonces ¿por qué son los ingenieros los que tienen que “pagar el pato” si el producto es una mierda?

Evidentemente esto que os acabo de contar no es verdad, es un símil que me he inventado para mostrar lo absurdo que es el tema de la propina.

Si vamos a un restaurante, cafetería o bar se supone que si quedamos satisfechos con la experiencia (que no con el servicio, porque si nos sirven una ensalada sin lavar y con gusanos muy elegantemente, lo único que vamos a dejar es una reclamación) tenemos que complementar el bajo sueldo que le paga el dueño al camarero dándole una propina.

La propina de hoy en día es la fidelización, que es lo que permite pagar sueldos decentes independientes de la voluntad del cliente, y poner un precio realmente cerrado a las cosas, de tal forma que si se desembolsa esa cantidad todos nos quedemos contentos.

La propina se utiliza para variabilizar el ingreso de los camareros: en los días que trabajan más, se llevan más dinero. Se podría proponer profesionalizar más el sector (quedan pocos camareros de oficio) y tener propinas estilo Estados Unidos, de un % de la comida. De esta manera, los camareros que más trabajan (porque el restaurante está lleno) o que trabajan en los restaurantes más caros (que deben de tener mejor servicio) cobran más. Por lo tanto tendremos los mejores camareros en los sitios caros y con mucho público.

En general también dejamos propina en los sitios donde necesitamos la confianza de quien te atiende para recibir un buen servicio: en el taller de reparaciones, al cambiar los neumáticos, aceite, filtros…. pueden que te engañen una vez, pero les acabarás cayendo simpático y tendrán un cargo de conciencia si no te hacen bien las cosas.

¿Vosotros dejáis propina? ¿Cuándo dejáis propina y de cuánto?

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