Mi filosofía sobre el viajar

¿Por qué viajamos? ¿Por placer? ¿Para descansar? ¿Para aprender? ¿Qué nos hace viajar a un país distinto al nuestro? ¿Qué tienen otros países que nos llama la atención?

Mi economía nunca ha sido muy boyante. Cuando he querido salir fuera he tenido que ahorrar, hacer grandes sacrificios, ir con el dinero contado. Por eso me cabrea en cierto modo (¿será envidia?) de cierta gente que tiene posibilidades económicas de salir al extranjero y no sabe apreciarlo.

En uno de los viajes que he hecho en mi vida en grupo, llegas a conocer gentes diferentes, conoces sus motivos de porqué viajan y también ves cómo se comportan frente a situaciones extrañas. ¿Por qué viajamos? Aquí está una de las respuestas: Para conocer cosas nuevas que no podemos ver ni experimentar donde normalmente vivimos.

Cuando viajamos tenemos que estar abiertos a muchas cosas y cambios, nuevos sabores, nuevas normas, y por supuesto a imprevistos.
Hay diferentes tipos de viajeros. Empezaré por el que más odio: “el quejica”. Que si hace calor, que si la comida no le gusta, que si esto está sucio, que si cuándo nos vamos… Es para decirle: si quieres comodidades haberte quedado en el sofá de tu casa. Cuando salimos al extranjero hay muchas situaciones que no son como en nuestro país. La vida del turista es dura: madrugones, prisas, comidas “raras”, inclemencias climatológicas… Pero por eso hemos pagado.

Luego está el viajero que yo llamo “el comparador”. Ha estado en multitud de sitios y siempre tiene que hacer comparaciones y comentarios, aunque no tengan nada que ver. Pero quiere dejar claro dónde ha estado (y que se enteren los demás, claro está). Es un cansino y sus frases comienzan por: “Es como cuando fui a …”.

Los siguientes son “los fiesteros”. Normalmente un grupo de chicos/as que “no tenían otro lugar donde ir, pero éste era barato”. Estos me cabrean bastante. Llegan sin ningún conocimiento de hacia donde van. Sólo embarcan y lo que venga. De hecho si probablemente les dijeras de indicar en un mapa adónde van, no serían capaces. Pero claro estos destinos están muy baratos (Túnez, Marrakech, Estambul… por poner ejemplos) y claro, ¡cómo se van a quedar sin ir! Las típicas fotos que traen después de 10 días están hechas con el móvil en la habitación del hotel y en el restaurante con el buffet libre.

Cuando estamos viendo las 958 fotos en el ordenador me gusta cuestionar al viajero: ¿Y esto dónde fue? ¿De qué año es? ¿Cómo se llamaba? Sí,han estado allí pero en primer lugar no sabían ni adónde iba y lo que es peor: vuelven tal como se fueron. Pero mola enseñar fotos de un sitio que ni sabes dónde está.

Me parece ridículo gastarse dinero en salir al extranjero cuando no se va a saber apreciar y sobre todo entender la forma de vida de otras personas, su comida, sus costumbres… Gente que se molesta porque no encuentra las comodidades  que hay en su país, como un váter “normal”, café en el desayuno… Es mejor quedarse donde estamos, conocer un poco del territorio nacional, así vamos sobre seguro.

No hay cosa que más me moleste que oír a una persona que se ha recorrido 10.000 km quejarse sobre todo lo malo que le sucedió en el viaje. ¿Alguien te obligó a ir? ¿No conocías antes un poco sobre dónde ibas?

La gente ya no viaja por interés, ya no hay trasfondo histórico ni curiosidad, viaja porque hay que viajar y está barato, no se puede desaprovechar una oportunidad así. Hay que tener experiencias que contar, más experiencias que el compañero, más cosas malas sobre las que despotricar…

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