Archivo mensual: octubre 2009

Los “tocapelotas”

La vida en los pueblos es diferente. Es como un Gran Hermano gigante: lo único que te interesa es lo que hace el vecino y si le puedes joder de paso, pues mejor que mejor. Todo se magnifica. No puedes (ni debes) llevarte mal con tu vecino porque eso significa llevarte mal con el 0,5% de la población. Aparte también porque podría ser tu primo. Hay mucha endogamia en los pueblos. Con esto vengo a hablar de unos individuos llamados “tocapelotas”. En todas partes hay un tocapelotas, pero en las pequeñas poblaciones es donde más se nota cuando uno de esos sujetos hace presencia.

Se caracterizan por:

– Caen mal a todo el mundo. La gente los evita.

– Más del 50% de los habitantes han tenido un percance con él.

– Siempre protestan por la actuación de algún vecino (p. ej.- los perros ladran mucho, tiene la música alta, le molesta el humo de la barbacoa…) pero luego sus perros son los que más molestan y su televisión es la que más alta está.

– Siempre se oponen a todo lo que los demás proponen, incluso si es en beneficio de todos (p. ej.- asfaltar una calle, poner un ascensor para una persona impedida…)

– Son unos “bocas” (ver más abajo definición de “bocas”.

– En el fondo son unos cobardes y necesitan del apoyo de los demás para sentirse fuertes, así que les gusta meter cizaña entre los demás
vecinos.

– Su prole va por el mismo camino.

– Y sobre todo, tienen mucho tiempo libre para andar maquinando cosas y joder al personal.

Qué triste y patética debe ser la vida de una persona cuando no encuentra más aliciente en ella que el levantarse por la mañana pensando en cómo fastidiar a los demás. Qué triste, de verdad. La de gente que pierde la vida y que estos individuos la estén malgastando así. Qué triste es mirar a tu alrededor y ver que no tienes ni un apoyo porque has creado tanta mala hostia a tu alrededor que no quieren ni encontrarse contigo por no darte ni los buenos días.

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Los rancios

Un rancio, ¿nace o se hace? Rancio, según el RAE, se dice de las cosas antiguas y de las personas apegadas a ellas. Aquí vamos a darle
un sentido más amplio.

Un/a rancio/a es ese tipo de personas que se queja por todo, que pone pegas a todo, nunca está de acuerdo con nada… y lo que es peor… a veces te pone la cara esa de la imagen. Sí, puede llegar a causar pesadillas. Son esas personas que nunca tienen una palabra amable, apenas saludan, ni levantan la mirada, y pobre de ti si te ves obligado a pedirles un favor.

Ejemplos:

– Vecina rancia: Cuando bajas la basura y te la cruzas en el portal, te da con la puerta en las narices.

– Compañero de trabajo rancio: Lleváis trabajando juntos 5 años y todavía no sabes cómo suena su voz.

– La prima rancia: Esa que únicamente ha recurrido a ti cuando se casó (sí, increíble pero cierto).

– El amigo rancio: El que nunca está de acuerdo con los planes, o al bar al que ir, cualquier cosa que digas, le pondrá pegas, y lo que es peor, nunca ofrecerá él algo que hacer, pero eso sí, criticará todo lo que los demás proponen.

– La compañera de piso rancia: Esa que te gasta el pan de molde y se bebe las cervezas, y luego encima te pone caras cuando le pides que baje el volumen de la tele (Mientras ve “El Diario de Patricia”).

Estos son ejemplos de rancy people around the world. Si conocéis más, id agregando a la lista!

Mis manías del dormir

1. Necesito dos almohadas o una bastante alta.

2. Me gusta girar la almohada durante la noche para buscar el lado fresquito. Por eso prefiero no compartirla, prefiero una pequeña individual a la grande.

3. Nunca duermo con camisa o camiseta de manga larga. Me agobia. Por eso de mis pijamas de invierno solo gasto los pantalones y los combino con camisetas viejas.

4. Nunca duermo con calcetines, me da asco.

5. Necesito algo para taparme, una sábana ligera, aunque haga mucho calor.

6. Prefiero dejar las persianas un poco abiertas para que entre luz según amanece y también la ventana un poco abierta.

7. No me puedo ir a la cama sin haberme lavado los dientes. Imposible.

8. No me gustan los relojes digitales en la habitación ni tampoco motivos religiosos.

9. Nada de música de ambiente ni televisión.

10. Silencio absoluto.

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Los bocas

En la anterior nota hablé sobre los fantasmas. Ahora vamos a hablar de “los bocas”.

Esas personas que hablan demasiado, que se les va la fuerza por la boca, que por no callarse y ser el centro de atención te cuentan hasta el día de su boda, y hace solo 5 minutos que os han presentado. Son capaces de sacrificar su intimidad con tal de dar conversación o ser los reyes de la fiesta. Este tipo de personas, sea cual sea el tema de conversación tiene historias y experiencias para todo. Digamos que estamos hablando sobre la gripe A como una conversación cualquiera en la que la gente charla sobre la actualidad. Este tipo de gente empieza con la frase “pues mi cuñado tiene la gripe A”. ¡Y A MI QUÉ COÑO ME IMPORTA!

También en este grupo están este tipo de personas que les gusta mucho ofrecerse para eventos, situaciones… y cuando llega la hora de la verdad, dan la espalda.

“Cuando quieras, aquí tienes una cama para lo que pueda pasar”.

“El coche te lo presto cuando lo necesites”.

“Ya me encargo yo de las bebidas”.

¿Lo hacen para quedar bien? Para que digan: “Oh, mira qué dispuesto que es, qué majo”. Y el día que te quedas tirado con el coche y necesitas un sitio para pasar la noche… pues eso, te quedas tirado. Claro. Entiendo que queda muy bonito ser un tío enrollao y andar diciendo que mi casa es tu casa. Eso es ser un bocas.

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Los fantasmas

Fijaos si el idioma castellano es rico en expresiones y terminología que la palabra “fantasma” tal y como os la quiero explicar, aparece en el RAE.

“Persona envanecida y presuntuosa”.

Fantasma. Fantasmón. Todos conocemos a alguien de esta condición. Todos sabemos quién es, sus historias, sus fantasmadas. Y nos preguntamos, cuando está en plena acción, quién narices se cree sus historias.

Es la típica persona que le has oído la misma historia 20 veces, y a cada cual más catastrófica. Escuchaste por primera vez su operación de apendicitis y se quedó en el hospital 5 días. Luego fueron 8 y finalmente fue una operación a corazón abierto.

Les encanta ser el centro de atención en un grupo de personas. Es el que más sabe de todo y se crece cuando le piden consejo, aunque sólo sea sobre qué papel higiénico comprar.

Normalmente sus amigos, benditos sea, le ponen nombres cariñosos como “Casper”, cuando llega a algún sitio tararean la canción de los “Ghosbusters”, le preguntan dónde ha dejado la cadena con la bola. Cosas así.

¿Qué hay que hacer en estos casos, para deshacerse de un fantasma; o, en cualquier caso, hacerle ver que sus fantasmadas sólo se las cree él y que su comportamiento es excesivamente cansino y produce vergüenza ajena?

Una. Hacer como que lo escuchamos y obviamente ignorarlo en nuestro subconsciente. Dos. Cantarle las cuarenta y ridiculizarlo cuando esté contando por enésima vez la historia de la mili en la que le tocó pelar 40 sacos de patatas.

Es difícil lidiar con un fantasma. Hay incluso jefes fantasmas que se apropian de ideas y méritos de empleados. Vecinos que presumen de tener el piso más bonito que los otros. Amigos que saben más que nadie y siempre van dando consejos a todos (los necesites, o no). Madres y padres cuyos hijos creen que son los mejores, hasta que lo pillan haciendo botellón y fumándose unos porros. Chavales con su Seat León amarillo tuneaó, con luces en los bajos, llantas cantosas, equipo de música a toda pastilla, que dan ganas de decirle: Oye, ¿no te han pillao los de la feria? ¿Cómo les has robao este coche de choque tan chulo? Sí, sí, que se creen los reyes de la carretera. Lo jodido es que éstos si hacen de sus fantasmadas se llevan vidas ajenas.

Luego está el fantasma meticón. El que se mete en conversaciones ajenas y “aporta su granito de arena” a una conversación que ni le va ni le viene y rebate todas las teorías expuestas hasta el momento, porque ÉL sabe de qué va. Él es el fantasma. Él sabe más que nadie del carnet por puntos, de la ley del aborto, de los trámites para pedir una casa de protección oficial, de cómo pasarte tal pantalla de tal videojuego… Da igual de lo que estés hablando, ÉL sabe la respuesta. Y te la va a decir, quieras o no quieras.

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