La fama

El truco de la fama: Nunca jamás hubo tanta gente hambrienta de fama – y jamás causó tanta desgracia.

Era uno de los hombres más ricos y famosos del mundo, pero murió como un mendigo. No tenía alimento en su estómago, no había nadie que lo quisiera a su lado, ni amigos, ni familia que cogieran su mano mientras se marchaba.

En los pasillos vacíos de su mansión de California resonaban los gritos de los empleados. La última imagen que quedó en su cabeza antes de que sus ojos se cerraran fue un médico con una jeringa en la mano.

Ni siquiera la muerte le dio paz. En unas pocas horas sus seguidores se reunían en el hospital universitario de Los Ángeles, con velas, disfrazados con fantasmagóricos disfraces de su vídeo Thriller y llevando el famoso guante blanco con brillantes.

Alrededor del mundo millones de personas se unieron en este penar, llorando por un hombre al que jamás habían conocido. Cantaban sus canciones, se abrazaban llorando en una especie de éxtasis funerario. Michael Jackson había muerto y sus devotos seguidores se reunían, sin inmutarse por los rumores de pedofilia que lo persiguieron durante años y el estado de la
salud mental de la estrella.

El fallecimiento de Michael Jackson descubre muchas preguntas sobre su extraño modo de vida y sus hábitos excéntricos. Y a muchos nos hace recapacitar: ¿es esto lo que la fama puede hacer a una persona? ¿Por qué hay tanta gente obsesionada con convertirse en famosa?

Porque su muerte trae una nueva visión de la realidad. Pregúntate a ti mismo: ¿Quieres ser famoso? ¿Quieres que tus hijos sean famosos? Piénsalo.

Lo que está claro es que la fama a gran escala, como la de Jackson, hace perder a la gente la capacidad de moderarse, de diferenciar lo que es normal y lo que no.

Si, como a Michael, te sacan de la “sociedad normal” y pasas todos tus años escolares como el cabeza monetario y el foco principal de una industria familiar multimillonaria, entonces tus posibilidades de madurar como adulto cuerdo y prudente son bastante remotas. Especialmente con todo el mundo diciéndote constantemente que todo lo que haces es genial.

Las estrellas infantiles están en riesgo bastante a menudo, su desarrollo emocional cesa en el momento en el que se convierten en famosos. Decenas de niños prodigio destrozados, desde Judy Garland hasta Lindsey Lohan, se vinieron abajo por su experiencia con la fama y jamás alcanzaron la madurez. Aun así preguntad a los niños de hoy en día qué quieren ser de mayores, y os dirán con la seriedad de un niño de ocho años, que quieren ser famosos. Futbolistas, cantantes, actores… Ni ellos ni sus prepotentes padres tienen idea de lo que puede conllevar.

Cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad. Mirad a esos niños que van a concursos de talentos, y los dejan llorando llenos de estrés y humillación delante de una audiencia de 20 millones de espectadores. Sin duda tendrán pesadillas con este encontronazo con la fama durante el resto de sus vidas.

Hasta la fecha, Jackson era el tótem más destacado – y espantoso – de los peligros que les aguardan a los niños prodigio. Por otro lado, hay un montón de muestras que ese tipo de fama que muchos codician y destruye todo lo que toca. No hace tu vida mejor… la arruina.

Las pruebas están por todas partes, desde la trágica existencia de Michael, pasando por Britney Spears, Amy Winehouse. ¿Son ellos  las evidencias de lo que es la fama?

Susan Boyle, que quedó la segunda en el concurso de talento “Britain’s got talent” sufrió ataques de pánico, Farrah Fawcett estaba tan enganchada al cebo de su condición de famosa que grabó en vídeo sus últimos días (y parece una cosa normal). Muchos famosos, ya sean cantantes, actores, etc… han tenido enfrentamientos con la ley, han acabado en la cárcel, o haciendo horas para la comunidad, han tenido sus trapicheos con drogas y alcohol, muchos han ido a centros de rehabilitación, y también hemos visto en sus caras y cuerpos los efectos de estas sustancias.

Siempre está ese sentido de sentimiento venenoso y de falsa grandeza que pervierte el comportamiento de muchas estrellas. Madonna, Bono, Brad y Angelina, Los Beckhams, Cristiano Ronaldo y muchos más. ¿Pero no sabes quién soy yo? – ese es su mantra.

Detrás de los telones de terciopelo, esta gente se ha convertido en monstruos, convencidos de su propio poder y privilegios, inmunes a las limitaciones de la vida real que moderan y regulan el comportamiento y aseguran buenos modales y una vida equilibrada.

La fama es un terreno dañino y traicionero, que pone en peligro las almas. Y jamás ha habido tanta hambre de fama en el mundo.

Cien mil personas hacen cola para entrar en estos concursos de talento, para llevarse sus 15 minutos de fama – o de humillación – delante de la televisión. ¿Quién ve Gran Hermano? ¿A quién le interesa las vidas anónimas de unos freaks que lo único en lo que piensan es en salir de la casa e ir contando sus miserias y las de los demás a programas de televisión? No hay nada de lo que no sean capaces. ¡Cualquier cosa para ser famoso! Si la tele-realidad nos ha enseñado algo, es que no se puede limitar a la gente. Diles que hagan cualquier cosa, y la harán.

En lo más alto de fama se encuentra también Madonna. Alguien tan centrado y disciplinado como ella no toma drogas, pero aún así no es inmune a los caprichos oscuros de la fama. Sus regímenes alimenticios y deportivos muestran sin duda adicción a alguna sustancia –y su comportamiento es el típico de diosa déspota. Se anestesian a sí mismas de la realidad de sus vidas.

Angelina Jolie. Fue una vez una bellísima actriz que tenía un interés bastante extraño por su hermano, James Haven, el cual fue fotografiado mientras ella lo besaba apasionadamente en más de una ocasión. Ahora claramente se ve a sí misma como una diosa, una Hera viviente, una santa en túnica de seda.

Su cuerpo está tatuado con mensajes políticos y con las coordenadas de los lugares de nacimiento de sus hijos adoptados y biológicos. Ella presenta su cuerpo al mundo como una ofrenda, un palimpsesto de su deidad y pureza, un recuerdo permanente de su fama santificada.

Angelina solicitó y le fue dado, un requerimiento mientras daba a luz en Namibia: Que ningún avión sobrevolara la zona. Y aún así tenemos que decir que está bien.

Su colega Madonna se marcha a Malawi y se lleva dos niños sin un atisbo de vergüenza o de inquietud por el revuelo y protesta global que esto provoca. “No es de vuestra incumbencia” – eso dice mientras se va a una de esas reuniones de

la Kabbalah.

La gente está tan deslumbrada por los famosos que parece que el actuar peligrosa e impunemente es innato en su egoísta e impermeable personalidad. ¿Robo de bebés? ¿Gobiernos que ordenan alrededor? Nada está fuera de los límites, desde lo político a lo personal.

Si Michael Jackson hubiera vivido en tu calle, y hubiera llenado su piscina y dormitorios con adolescentes en bañador, no lo habrías, espero, perseguido para que te firmara un autógrafo. O no habrías dejado a tus niños a pasar la noche
allí. Hubieras llamado a la policía. Pero aún así en Los Ángeles, Michael hacía lo
que quería.

Muy pocas estrellas parecen estables o capaces de moderar sus impulsos. Hacen lo que quieren, sin importar si está bien o no. O alcanzan un nivel de fama en el que ya no es suficiente con ser famoso.

Es tan corrosivo, el camino a ser deificado y amado, el deseo humano más básico, se magnifica y se pervierte dentro de sus mentes a un nivel de toxicidad que es terrorífico.

Y a pesar de sus donaciones a ONGs y otras organizaciones, te das cuenta de que aquí, quien más necesita ayuda, son ellos mismos. A veces usan su filantropía como atajo para conseguir más poder, tanto dentro como fuera de Hollywood.

En otras ocasiones les podemos ver usándolos como una manera efectiva de blanquear los oscuros rincones de su vida. Quiero decir, por ejemplo, ¿a cuántos días mundiales del refugiado ha ido Angelina Jolie antes de que olvidáramos de que le robó el marido a otra mujer?

Así que… ¿podemos sobrevivir al extraño poder de la fama? Cuando los Jackson 5 se hicieron famosos se vivía en una era más inocente.

Hoy, la presión sobre las estrellas y la naturaleza agresiva de los famosos asegura que pocas lleguen indemnes o sigan en contacto con el mundo real.

Viven en un universo paralelo donde los imprudentes civiles tememos pisar. Michael estaba hechizado por la locura, hasta el final de sus días. Nombró a Diana Ross, otra “refugiada de la realidad” como tutora de sus tres hijos. Por
favor… ¿pero esto qué es? Los tigres que estaban en el rancho Neverland están en el santuario animal de Tippi Hedren. La que fuera la musa de Alfred Hitchcock ha anunciado apesadumbrada que les ha comunicado a los animales sobre la muerte de Michael Jackson. Sin comentarios.

Mirad cómo acabó, con las venas agujereadas y marchitadas, con máscaras de oxígeno, su miedo patológico a los gérmenes, sus niños envueltos en mantas y bajo máscaras de carnaval.

El mundo dio a Michael absolutamente todo lo que una persona puede desear, pero se convirtió en un hombre en lucha contra el mundo, aterrorizado de él. Ahora echamos la vista atrás, horrorizados por su manera de vivir, por ver la tierra
baldía en la que edificaba su familia.

¿Qué ha pasado entonces? Hace 40 años nos lo presentaron como un pequeño niño, lleno de alegría, con una voz preciosa que encandilaba a todos. Pero llegaron décadas de fama, algo oscureció su alma. La idolatría, la riqueza, la crueldad… todo pasa factura.

Dejó el mundo mortal como un monstruo perdido y quebrado, su reputación como ser humano quedó hecha añicos. ¿Quieres ser famoso todavía, y acabar como Michael, emocionalmente aislado, incapaz de enfrentarte a la realidad, sin nadie que te eche una mano y que te salve de ti mismo?

No tenía ninguna relación genética con sus hijos ilegítimos. Se cambió la cara tantas veces que no era la sombra ni de lo que fue. El resultado final de esta pesadilla parece mostrar no alguien que intentaba reconstruirse, sino un hombre que intentaba borrar y hacer desaparecer su pasado. La terrible ironía de esta tristeza y desperdicio es que la gente normal somos mucho mejores a la hora de tratar con las dificultades de la vida que cualquier famoso con una comitiva que lo adula constantemente y con un sentido totalmente desproporcionado de su valía, ya sea como artista o como persona.

Nosotros lidiamos con el rechazo y con la decepción.

Nosotros seguimos al pie del cañón cuando los famoso ya han perdido esta cualidad, borrada por años de “números 1”, “rey y reinas de algo”, “miss o mister algo”, óscars, premios… Pero lo más extraordinario de todo esto es que mientras somos testigos de los demonios que esto trae consigo, la fama continua siendo algo a lo que muchos aspiran, en lugar de sentir pena y evitarla.

http://stylishcorpse.files.wordpress.com/2009/07/fame.jpg

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