Archivo mensual: julio 2005

Hey baby, qué pasóóóó…

¿Conocéis a Chuck Norris? Seguro que sí. Ganó invicto seis campeonatos mundiales profesionales de karate de peso medio, y tiene el octavo nivel de cinturón negro en tae kwon do, y conocimientos de prácticamente todas las artes marciales habidas y por haber. Ha protagonizado numerosas películas y series de televisión, incluyendo “Walker, Texas Ranger”. Es de los pocos actores occidentales metido en el tema de las artes marciales (Jean Claude van Damme,
etc…)

¿Qué edad creéis que tiene? Pues señoras y señores… 65 primaveras. ¿Increíble, verdad? ¿O soy yo la única que piensa que no aparenta esa edad? Yo creí que tendría unos 50. Por cierto, que su nombre real es Carlos Ray Norris (lo de Chuck no sé de donde lo sacaron), y nació en Oklahoma, EE. UU. Quería hablar de este personaje porque le tengo cierto aprecio. No sé, me cae bien, siempre hace de bueno. La verdad es que no recuerdo ninguna de sus películas, pero sí Walker. Un ranger, según el diccionario, es un guardabosque o un policía montado. Aquí no dice nada de tae kwon do o karate. Lo mismo hasta el caballo sabe kung fu.

 

Buscando un poquito de información sobre Chuck encontré la siguiente anécdota. Si os habéis dado cuenta los personajes que Chuck casi siempre interpreta procuran resolver los problemas sin utilizar la violencia. Lo que le pasó a Chuck en la vida real fue que por equivocación se sentó en un taburete de un bar que ya estaba ocupado. El “dueño” del asiento le increpó: “Eh, tú, largo, es mi sitio”. Norris se levantó, pidió disculpas; y fue en ese momento cuando el coleguilla lo reconoció.

Chuck, me podrías haber pateado el culo si hubieras querido. En lugar de moverte, ¿por qué no me atacaste?

A lo que Norris contestó:

¿Y qué habría logrado con eso?

¿No son bonitas historias como ésta? Mucho mejor que la de la muerta de la curva. Jijiji…

Se nota como el paso de la edad y la sensatez va haciendo su hueco, y se nota a los actores y artistas de verdad, que están ahí por su, no ya por sus medios, porque todos necesitamos un empujoncito, pero sí por sus capacidades y habilidades. De nada sirve el famoso “enchufe” si luego eres un inútil. Todos tenemos contactos, pero pocos las habilidades de demostrar que sin enchufe lo habríamos conseguido igualmente. Bueno, me estoy yendo un poco por las ramas.

Lo que yo venía a decir es que hay gente que aparenta su edad, otros que aparentan muchos más años y otros que, no sé si por suerte o por plástica, parecen más jóvenes.

Un crudo, y mal ejemplo de ello es Julio Iglesias. No tengo nada en su contra en cuanto a su faceta de cantante. Para gustos los colores. Pero hay que reconocer que estaría mucho mejor si hubiera dejado a los años pasar por su cara, porque ahora lo que parece es un pedazo de cartón ajado. Por no hablar de Sara Montiel. Que con todos los pellejos que se ha quitado se podría hacer toda la colección otoño-invierno de zapatos y bolsos.

Con esto no quiero decir que esté en contra de la cirugía estética. Yo misma podría hacerme 4 liposucciones. Con 40, 45 años te puedes quitar unas arruguitas, patas de gallo… pero con 75 años por mucho que te hagas la estética… En fin… que no sé qué pretende. De la edad no se escapa nadie, así que asumamos que envejecemos y que nuestro aspecto no es el mismo que teníamos cuando teníamos 20 años. Miradme a mi, que tengo 23. Jijijiji…

La guarrerida sesuaaarl

El verano ya está en completo apogeo, de hecho lleva en apogeo unos cuantos meses, por no decir que el verano es un okupa y ha expulsado del ciclo de la naturaleza a las demás estaciones.

Empiezan los sudores, no sabes qué ropa ponerte, el maquillaje te dura lo que tardas en meterte en el vagón de metro. Esta situación en el metro es de lo más desesperante, que estemos pagando lo que estamos pagando, no por un servicio de transporte, sino por una sauna.

Es genial, que quieres perder unos kilitos y librarte de las toxinas, hazte el recorrido Plaza Castilla – Sol. O por ejemplo, que tienes unos pantalones pero se te ha jodido la plancha, hazte el recorrido Manuel Becerra – Pacífico. Que quieres hacerte un alisado, nada como darte una sudada en el intercambiador de Av. de América. Por no hablar de los sobacos de la gente. Sé que esto es un tópico, pero por eso mismo hay que hablar de ello. Es normal que a un camionero, que a un albañil, incluso que a un ejecutivo le cante el alerón (que no alirón)… pero a las 8 de la tarde, después de estar currando; no a las 7 de la mañana agarrado a la barra del autobús. ¿La gente no se huele? ¿No tienen a nadie en casa que le diga: hueles mal? Además, en fin, no es por ser escatológica, pero es un olor que dices: Este sudor no es de hoy. Y el cacho marrano y la cacho puerca ha sudao la camiseta y se la pone al día siguiente. Como diciendo: A ver cuanto aguanto con ella puesta, lo mismo hasta sale caminando ella sola a la lavadora.

También están los típicos que se remojan un poco el pelo, se echan 2 litros de colonia a granel, y salen tan frescos de casa. Claro, que esa “solución” sólo les dura una hora. Luego el tufo dura todo el día.

Y, por cierto, ¿por qué en todas las bandas de amiguetes, cuando éramos críos, siempre había uno que era el “guarro”? Era ese que llevaba los tobillos más mugrientos que los cerrojos de una cárcel, la camiseta llena de lamparones; y, claro, con eso de que los padres no estaban, y los abuelos pasaban de él, pues así estaba, que el día que se bañaba le desaparecía el moreno. Con deciros que había uno al que llamábamos “el gitanillo”, y el día que se duchó pasó radicalmente a ser payo.

Luego, a las tías nos llama la atención que un tío lleve el pelo largo… Y LIMPIO. Es decir, es ver un tío con melena y constatar que lo lleve limpio, sino, lleva todas las de perder. Un tío con melena, merece nuestro respeto, por dos razones: La primera por tener la paciencia de habérselo dejado crecer, y la segunda le honrará si lo lleva limpio. Y bueno, que los tíos con pelo largo son más atractivos (en mi opinión). Pero cuidao, me gustan los tíos con melena, pero tampoco quiero que se gaste más en mascarillas capilares que yo… no sea que luego, con tanto pisar el salón de belleza, se me pase de acera.

Recuerdo una anécdota de una compañera de clase que su camiseta era la carta del comedor. Estoy segura de que era llegar a casa y a su madre no le hacía falta preguntar qué había de menú, porque su camiseta lo decía todo. Se llamaba Lucía. Luego en el instituto hubo otro chaval, fanático por cierto de La Guerra de las Galaxias, que siempre llevaba una camiseta de R2D2, y claro, eso cantaba un montón, entre el olor y el muñeco impreso. Lo vergonzoso fue que con 14 años tuvimos que tragarnos el famoso sermón que yo llamo “El de las hormonas”:

“Bueno, ya sabéis que con esta edad, estáis con las hormonas revolucionadas… blablabla… los olores… blablabla… hay que ducharse más a menudo…”

Señora, el que es un cochino es cochino, da igual que tenga las hormonas revolucionadas o no.

Claro, que el coleguilla se las traía… hasta le ofrecieron ponerse un pinito de esos que
cuelga papá del retrovisor del coche.

Y como punto final, sólo decir que la cuestión de la higiene, no es sólo tema personal, pues también afecta a los que nos rodean. Y sólo queda decir una cosa: “A todo cerdo le llega su San Martín”. Jijijiji…

Contadme anécdotas de amiguetes cochinéaceos que tengáis.

No tenemos miedo

Ya están los terroristas tocando los cojones. Voy a enfocar este comentario desde otro punto de vista. Desde el lado “humano” (si es que lo hubiera) de estos sujetos.

 

Todos sabemos que a este grupo de personas les gusta hacer daño, son sólo unos pocos frente a la gran mayoría que no. Es decir, la frase “pagar justos por pecadores” viene al caso. Los que no tienen nada que ver con el fundamentalismo islámico son los que van a pagar el pato.

 

Pensemos por un momento qué se les pasó por la cabeza a estos chavales, porque eran chavales, de apenas 30 años (había incluso uno de 19 años, y otro con un bebéde 8 meses) para acabar con sus vidas de esa manera. Qué lavado de cerebro les deben hacer para llegar a acabar con sus vidas así, dejando familia e hijos. ¿Acaso la vida de tu hijo no vale nada para dejarle huérfano de padre? Lo curioso es que ese niño crecerá creyendo incluso que su padre fue un héroe, y lo cierto es que fue un maldito cobarde asesino.

 

Lo extraño de esta situación es que hay muchas teorías acerca de lo que realmente quieren. ¿Quieren establecer el Islam como religión única? Lo primero es tener fieles para llevarlo a cabo, y no matarlos. ¿Dinero? Dinero no quieren ni necesitan. Está claro que tienen los medios para viajar, comprar explosivos y demás.

 

Tampoco puedo comprender como son tan desagradecidos con el país que les acogió. Los que se inmolaron eran británicos, nacidos en el país, pero con orígenes en diferentes países de Oriente Medio. Sus padres emigraron buscando una vida mejor para ellos, para que crecieran en un país con posibilidades de estudiar, de aspirar a algo mejor, buscaban la prosperidad.

 

Si de verdad quieres hacer cambios, tendrás que hacerlos en vida; y, si los consigues, podrás disfrutarlos y celebrarlos. Pero no se consigue nada estando muerto. Están jugando con las vidas no sólo de las “víctimas”, sino también con las de los verdugos. Son marionetas del terror.

 

Y lo que queda claro es que no tenemos miedo. Que seguiremos haciendo nuestras vidas como siempre, viajando y disfrutando de lo bello que nos ofrece este mundo, porque nuestro paraíso está aquí, no tenemos que esperar a morirnos para disfrutarlo.

 

Para ver otra de mis reflexiones sobre el Islam, click aquí.

 

La pela es la pela

Hay un refrán muy común y, como casi todos, muy sabio, que dice así: “A todos los tontos se les aparece la virgen”. Que, para los que no lo sepan, viene a decir algo así como que al más tolili del mundo siempre le pasan cosas geniales que no sabe aprovechar, y tú, que te mueres por conseguirlas, jamás las conseguirás.
Debo decirlo. Vengo de familia de currantes, si tengo algo y si he disfrutado de algo se debe al esfuerzo y al ahorro de mis padres; y, ahora que ya trabajo, a mi esfuerzo y ahorro. Nunca me han regalado nada. Antes, cuando era pequeña, no tenía ésto en cuenta. Total, eran mis padres los que pagaban, y creía que el dinero… no sé… simplemente estaba ahí. No sabía que había que hacer grandes sacrificios para conseguirlo.
Según vas creciendo te vas dando cuenta de las cosas, y cuando finalmente ganas tu propio salario te das cuenta de muchas más cosas. Por ejemplo, sin llegar a dar cifras concretas, cada vez que me gasto un billete de 20 pienso: joder, ahí va un día de trabajo… Procuro no pensar mucho en ello, pues es deprimente. Pero bueno, al fin y al cabo es mi dinero y con él hago lo que quiero.
Toda esta historia viene a que, haciendo memoria de los días de colegio e instituto, cuando nos incorporábamos de nuevo a las clases, siempre estaba la típica redacción o conversación entre compis de “¿Qué has hecho en las vacaciones?”.
La mayoría de nosotros nos quedábamos en nuestra ciudad, o las pasábamos en el pueblo con los primos, o los más afortunados en el apartamento de la playa en Roquetas petao hasta la bandera (daros con un canto en los dientes)… pero atención, siempre había alguno que iba a más:
“He estado de campamento en California. Jó, ya estoy harto, es el cuarto año que mis padres me mandan allí”.
¿No es para repatearle las tripas? Yo lo hubiera hecho. Es indignante. O sea, nosotros deseando que llegara julio para rebozarnos jugando a fútbol, o a cazar ranas, o a colarnos en algún huerto a robar los melones… y aquí el gilipollas de turno ya está harto de ir a California. ¡No te jode!
En serio, os digo, cuando las cosas se consiguen por uno mismo, se disfrutan más y mejor. Y os lo dice una que lleva ahorrando 6 meses para irse a Turquía. Aunque eso de ahorrar… ¡por lo menos lo intento! Que yo con mi dinero hago lo que me da la gana.
Chínchate.

 

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