Puente en Madrid

Sola en casa, bueno… con el gato… Y es cuando te das cuenta de lo bien que cocina mamá y de la mierda que te sale a ti con el plato más sencillo de todo el recetario. Y es que todas las madres se empeñan de dejarte el frigorífico bien repleto cuando van a estar ausentes: “Aquí te dejo esto, que es sólo calentar; y en el congelador te dejo esto otro, que lo sacas por la mañana y ya lo tienes listo; pero ten cuidado con esto porque si se descongela ya lo puedes tirar…”.

Fijaos qué comodidad, sólo calentar y ya está. Pues no, porque cuando no está mamá nos gusta experimentar, y recordar al Arguiñano el otro día en la tele. Vamos a la alacena y cogemos prf.. cualquier cosa: espaguetis, sopa de sobre, atún, levadura, ¿esto qué es? ¿canela en rama? Pos venga, también, trae pa’ca. Y empiezas ahí a mezclar. Te sientes como Harry Potter frente al caldero de pócimas… Lo que es extraño es que tú sin  haber metido rabo de largartija, ojos de murciélago y ala de cuervo… tiene toa la pinta. A mitad del guiso te olvidas de haber echado harina, pss… ¿Qué aprendiste en matemáticas? El orden de los factores no altera el producto. Y después de echar la harina, dios… te acuerdas de tu profesor de mates. (Por cierto, Juan Carlos, un saludo, jajaja) ¿Qué no altera el producto? La cuestión es ¿qué producto? Porque lo que tienes en el fogón se te acaba de declaran en huelga y empiezas a ver hasta piquetes. Decides quitarlo del fuego, pero oh sorpresa, suspendiste química en el insti, porque ya no recordabas que cuando el producto se enfría experimenta una adhesión al recipiente que ha sido vertido (Ley de Arzak). Y es cuando nos dejamos de tonterías y empleamos la fuerza bruta. Usas el estropajo, aquello se pone farragoso, el estropajo se ha echado a perder, acudes a los refuerzos: el estropajo de metal, comúnmente llamado Nanas. Fairy, KH7, Neutrex, jabón de Marsella, Norit, ¿no decían que la Coca Cola puede con un clavo oxidado? Oño, a por la de 2 litros. Pero no hay manera… La cazuela ha dejado de ser cazuela. Y lo peor… no tienes Conrado a quien enseñárselo (Bueno, a ver si pilláis el chiste, que me lo he currao) La cazuela se ha ido al cielo de las cazuelas. Allí conocerá a sartenes de teflón, parrillas eléctricas, batidoras licuadoras súper chachis,… te alegras por ella. Porque lo que es tú… te espera una buena. La mejor batería de cocina de mamá y la has tenido que chafar. De esta no sales vivo (te lo digo yo, jaaa) Piensas en una excusa: “Ha sido el perro”. Mierda, el perro no sabe cocinar… Claro, ¡que tú tampoco, so memo! Seguro que el perro lo habría hecho mejor. Así que sólo nos queda una solución. Llamar al TelePizza.

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